El pasado sábado en Soria, Raúl pasaba por el área del Numancia, estaba en el lugar preciso y en el sitio exacto, puso su pierna derecha y empujó la pelota que venia rebotada para marcar el 0-1, interpretando a la perfección hacia donde iría el balón, algo que parece simple pero que requiere de una habilidad especial. Ese gol de oportunista y de hombre gol, tenía su importancia, significaba alcanzar al otro mito del Real Madrid, Alfredo Di Stéfano.
Raúl a sus 31 años y con contrato en vigor hasta el 2011, ha vuelto a hacer historia. En los Pajaritos logró su gol número 307, igualando al astro argentino Di Stéfano quien hoy en día pasea su figura encorvada y gruñona desde la calle Doctor Fleming donde vive, hasta el Santiago Bernabéu, donde cada mañana acude a la Asociación de Veteranos.
Raúl, guste ó no guste, ha sido el justo heredero de uno de los más grandes jugadores de la historia del Real Madrid: Alfredo Di Stéfano. Yo no diré el más grande, porque para mi ese ha sido Don Francisco Gento, injustamente olvidado cuando es el único jugador en el Mundo que tiene seis copas de Europa, y ha representado como nadie el espíritu madridista. Lo que sucede es que toda la fama, y contando con apoyos mediáticos se la ha llevado Alfredo Di Stéfano, que ha sido muy grande, pero no debemos olvidar que a última hora Santiago Bernabeu renegó de él y le rescindió el contrato, yéndose al Espanyol. Además Di Stéfano, a pesar de ser una persona graciosa que tiene mucha chispa, es muy gruñón, antipático y a veces hasta resulta grosero. Las cosas claras, aunque resulte impopular decirlo.
Raúl, que profesa una gran admiración por el “gran Alfredo”, alcanza ya esa magnitud histórica que consiguió el delantero argentino. Era el nombre con el que nadie se ha atrevido a medirse en el Real Madrid. Pero a Raúl siempre le han gustado los desafíos, y ese récord que va a superar lo tenía entre ceja y ceja…. Y ahí no se va a parar la cosa. Casi quince años después de su aparición en el fútbol español ( el 29 de octubre de 1994,en Zaragoza), continúa con las mismas ganas y voluntad que el primer día.
No obstante conviene hacer algunas precisiones. Di Stéfano llegó al Madrid con 26 años y jugó hasta los casi 37 años. Ejerció de centrocampista, media punta y delantero. En once años en el Real Madrid, ganó ocho ligas y cinco copas de Europa. Para meter 307 goles le bastaron 402 partidos. Raúl ha precisado 684 partidos y casi quince años para conseguir la misma cifra. Sin embargo, al cabo de esos casi quince años, la aventura de Raúl no encuentra comparación con la trayectoria de ningún futbolista español.
El “siete”, los ha marcado de todos los colores: muy buenos, buenos, de suerte y hasta con la oreja. Siempre suele estar donde tiene que estar ó simplemente pasaba por donde se deciden siempre los partidos. Raúl, es el maestro del sentido común y de la astucia. Juega para ganar. No le importa si lo hace feo ó sus acciones carecen de plasticidad. El lo que quiere es marcar goles para que gane su equipo.
Raúl ha tenido hasta 14 entrenadores y ha pasado por situaciones extremas- sobrevivió con eficacia a la competencia de Ronaldo y se mantuvo contra la opinión de Florentino Pérez, que dudó de su supervivencia-, y siempre dio la cara a base de entrega y amor propio. Hasta ahora nunca ha visto una tarjeta roja. Raúl personifica el espíritu ganador del Real Madrid.
Viendo jugar a Raúl siempre me aparecen dos conceptos: pasión y tensión.
Pasión por ponerse a prueba cada día y cada mañana en la rutina de los entrenamientos. Suele ser el primero en llegar y de los últimos en marcharse de las sesiones de trabajo. Esa pasión, después la desarrolla elevada al cuadrado sobre el terreno de juego, a la hora de la verdad.
Raúl tiene en su afilada nariz, el olfato del goleador y la del silencioso asesino del área. No ha sido nunca la estética lo que le ha preocupado al capitán madridista, sino la productividad. Mientras otros se pierden en regates y arabescos, él encuentra soluciones simples y sencillas.
Pero si hay algo que define a Raúl sobre el rectángulo de juego, es la tensión. Tensión en la mirada, en los gestos. Como si mostrar un gesto de gozo fuera dar ventaja al rival. Es la mirada del enemigo eterno que no se casa con nadie, pero que si tiene que tender la mano, la tiende.
El siete, está haciendo historia. Con sus números y logros puedo decir sin temor a equivocarme que estamos ante el jugador más importante del fútbol español. Raúl no es el mejor en nada pero es el mejor en todo. Es el tipo de jugador que todo entrenador desea tener en su equipo.
Con partidarios y detractores lo cierto es que esta temporada lleva 15 goles. Con el que marcó contra el Numancia ha marcado 9 en la liga, 3 en la copa del rey y 3 en la liga de campeones. Quizás el récord que ha alcanzado ahora no se le dé el mérito que tiene, pero con el paso del tiempo irá ganando valor por lo difícil que es lograrlo y, a buen seguro, se convertirá en una meta prácticamente inalcanzable para los delanteros que jueguen en el club blanco las próximas temporadas. Más teniendo en cuenta que aún le queda cuerda para por lo menos cuatro años más. ¿Y por qué lo decimos con esta seguridad?, pues porque al igual que Di Stéfano, Raúl muestra la misma voluntad de trascender, el ansia de hacerse valer ,de imponerse y la seguridad de sus principios que contagian a los demás.
Cuando, en el futuro se recuerden las tres últimas copas de Europa del Real Madrid, se evocará la figura de Raúl, digno sucesor del mito del Madrid.