Hay una imagen que lo dice todo del partido Liverpool-Real Madrid en Anfield: la de Iker Casillas tumbado, todo lo largo que es, sobre el césped tapándose la cabeza al marcar Dossena el cuarto gol de los “reds”. Era la imagen del mejor jugador madridista que se sentía avergonzado por la actuación de un Real Madrid al que le faltó espíritu y sobre todo alma.
Casillas que salvó a su equipo de una goleada de escándalo, salió llorando de Anfield por la impotencia que demostró su equipo ante todo el mundo. Iker con sus lágrimas por la debacle de Anfield, lloró no solo por él y por el Madrid, sino por el dolor de la afición madridista que se sintió abochornada de la actuación de una escuadra que se comportó como un equipo pequeño y menor que no merece llamarse Real Madrid, y que fue superado con una superioridad absoluta por el Liverpool y por al ambiente.
El pasillo que conduce de los vestuarios al césped del viejo y mítico Anfield exige una parada bajo el cartel que nos sitúa en el escenario y avisa del peligro. This is Anfield. Un templo del fútbol mundial. La tradición pide tocar el letrero al pasar bajo él, pero la tradición no obliga a rendirse ni a salir con miedo. El Real Madrid, sí salió asustado. Quizá porque se sentía inferior o, simplemente, porque no hay más que lo que se vio en Anfield.
El Liverpool, con la ayuda del árbitro belga De Bleeckere, apabulló al Madrid en la primera media hora y dejó sentenciado el partido y la eliminatoria. Completó el trabajo en el inicio del segundo tiempo. El Madrid visitó Anfield por primera vez en su historia y salió de él humillado. Le faltó energía, valor y fútbol (y añadiría que le faltó espíritu), justo todo lo que le sobró al Liverpool que fue un equipo veloz, con sangre, orgullo y con una organización perfecta. Los “reds” son infinitamente superiores a los blancos que no están para "chorrear" a nadie.
El Madrid, con razón, podrá argumentar que se vio seriamente perjudicado por el árbitro, que no pitó una falta de Torres a Pepe en el primer gol del Liverpool y se inventó el penalti que provocó el segundo. Sin embargo, el análisis de esta eliminación no debe centrarse en estos errores arbitrales, que tanto condicionaron el choque, sino que el análisis y el bisturí tiene que aplicarse directamente sobre el equipo y el club. La distancia que separa al Liverpool del Real Madrid es enorme y no porque la plantilla de los ingleses sea mucho mejor, sino por la fiabilidad del conjunto en estos compromisos, por la solvencia con la que se maneja en estas situaciones, porque sabe a lo que juega y porque desde hace años se nota la mano de un entrenador que se diga lo que se diga es un entrenador como la copa de un pino. Podrá gustar o no la filosofía de Rafa Benítez, pero este Liverpool trabaja desde hace años en la misma dirección. Sabe hacia dónde va y cómo quiere llegar a su destino. El Madrid deambula desde hace ya demasiados años sin rumbo fijo. A cada revés pega un bandazo y cambia de dirección.
Sirva a modo de ejemplo. En los cinco años que Benítez lleva entrenando al Liverpool, el Madrid ha tenido cinco presidentes: Florentino Pérez, Fernando Martín, Montejano, Calderón y Boluda. Y siete entrenadores: Camacho, García Remón, Luxemburgo, López Caro, Capello, Schuster y Juande. Ahí está la gran diferencia de un equipo que sabe lo que quiere a otro que está totalmente perdido. Rafa Benítez es simplemente la voz de la conciencia madridista. Un técnico que nació en la cantera blanca y que ahora es la voz que denuncia la actual situación de un Real Madrid en crisis, apartado de la realidad, del fútbol moderno y de cualquier atisbo del Madrid histórico.
Por quinta temporada consecutiva el Madrid es eliminado en octavos de final de la Liga de Campeones. Pero con ser grave y preocupante, lo peor no es esto, sino la pobre imagen que va dejando por Europa estos años. Es un equipo capacitado para luchar por la Liga, pero muy lejos del nivel de los que aspiran de verdad a ganar la Champions. Un conjunto para andar por casa, con poco vuelo en las grandes citas continentales.
Los ingleses han desnudado al Real Madrid, mostrando que su plantilla podrá ser algo en la liga doméstica pero que en Europa no pinta nada. Los que pensaron que en Anfield emularían las remontadas de los años 70 y 80 ó que protagonizarían hazañas como las de Old Trafford, habría que recordarles que entonces en el Madrid había jugadores como Fernando Hierro, Redondo, Raúl (en su plenitud), Roberto Carlos y más…. Con el actual equipo, las gestas se quedan en casa. Como ya dije en este mismo blog, no hay más cera que la que arde.
En casa aún pega cuatro gritos y alguno se asusta, pero fuera ofrece una imagen muy triste. En cuanto pasa la frontera se le ven los costurones. A su otrora temible camiseta blanca le han perdido el respeto. El Madrid lleva cinco años consecutivos cayendo en el primer cruce de la Copa de Europa, que es cuando realmente comienza la competición, tras la insulsa liguilla. Se ha medido con grandes (Juventus, Bayern, Liverpool) y con medianos (Arsenal, Roma), y ante todos han quedado retratadas sus miserias, resumidas en el paulatino empobrecimiento de una plantilla mal pensada, mal confeccionada y desequilibrada.
En Anfield ni siquiera mostró orgullo, el último sostén de una plantilla más consciente de sus limitaciones que sus propios gestores, y ofreció su versión más paupérrima en el primer gran compromiso de la temporada. Va a resultar verdad eso que dicen de que Juande siempre falla en los partidos importantes. Ya van cuatro: contra el Barcelona, el de ida con el Liverpool, el del Atlético y el de la eliminación en Champions. Yo, que apostaba por su renovación, tengo que decir que me ha defraudado. Me defraudó en la alineación contra el Atlético de Madrid y de nuevo lo hizo frente al Liverpool. Juande 'sorprendió' sacando a Sneijder por Marcelo, pero se retrató quitando a Robben para poner al brasileño, dejando a Heinze sobre el campo. Al igual que creo que se equivocó manteniendo a Gago en el equipo cuando estuvo desbordado siempre por un inconmensurable Mascherano. Jugó sin extremos y dio la sensación de estar más perdido que su propio equipo. Con esta eliminación, Juande, ya puede ir buscándose equipo para la próxima temporada. No seguirá.
Los más optimistas dirán que ahora los blancos pueden centrarse en la Liga. Puede, pero será muy complicado después de la herida que le ha dejado Anfield. Suceda lo que suceda, y aunque se diese el hipotético caso de ganar la liga, lo que parece claro es que se ha llegado a un final de ciclo. El equipo está pagando las golferías de los directivos, la dejadez de los técnicos y el poco trabajo del director deportivo. La cantera no cuenta, el equipo tiene que cargar con cedidos de medio-pelo como Faubert. Tiene un técnico interino al que manda una junta directiva que tiene fecha de caducidad. Cuando las cosas se hacen mal. Mal se acaba…. ¡Urgen las elecciones!