No han pasado nada más que cuatro jornadas y lo que parecía iba a ser un mano a mano entre Barcelona y Real Madrid, comienza a ser una realidad. Ya están solos en la cabeza de la clasificación con 12 puntos cada uno. En esta ocasión el Barcelona es líder por llevar un gol más que el Madrid: 14 por 13. Algo, que como dije anteriormente no deja de ser anecdótico, pero que seguramente, de momento, agrada a los seguidores azulgranas. Un gol más del Madrid en Villareal hubiera significado arrebatarle el liderato al Barça . Pero debieron pensar que esta liga es una carrera de fondo entre los dos y que hay tiempo para discutir la primacia.
Barcelona y Real Madrid están en lo más alto y en igualdad de puntos, pero el juego de uno y otro dista casi un abismo. Mientras el Barcelona se exhibió en el Sardinero, el Madrid transmitió poco en el Madrigal, donde ganó gracias a la enorme pegada de Cristiano Ronaldo que abrió la cuenta en el primer minuto de juego en una de esas jugadas tan suyas llenas de velocidad, potencia y disparo. En este Real Madrid de los albores ligueros, Cristiano Ronaldo es el que está marcando la diferencia.
En la primera parte, se vio algo de lo que se espera de los blancos y sus grandes fichajes. En una palabra estuvo convincente, pero tras el descanso se deshilvanó y hasta se descompuso. Perdió la posición, el control y cedió el dominio al Villarreal que jugó con diez desde el minuto 34 de la primera parte, por expulsión de Gonzalo.
Un equipo que está en superioridad y que solo gana por 0-1, no puede ceder el terreno a su rival. Eso no lo hace ni el más humilde de los equipos, y mucho menos si se trata de un Real Madrid cuajado de millonarios fichajes. Los primeros 20 minutos del segundo tiempo del Madrid me parecieron patéticos. Se dejó de intimidad por un equipo que con un hombre menos metió en serios problemas a la defensa madridista. Y menos mal que Sergio Ramos que jugó de central por baja de última hora de Garay, estuvo a un gran nivel. Sólo fue capaz de rematar el encuentro cuando el colegiado señaló penalti, por unas manos de Ángel dentro del área tras centro de Marcelo. Tras la exhibición del Barça en el Sardinero, el Madrid supo a poco en El Madrigal.
Claro que Manuel Pellegrini ya lo había advertido antes de viajar a Villarreal: “No pretendemos jugar como el Barcelona”. Tiene razón. De momento hay gran distancia entre el juego que casi alcanza la excelencia del Barcelona, y el del Madrid, que en estos instantes se ha bajado del olimpo y sin brillantez gana por oficio, por la enorme pegada que tiene, por trabajo y por tener entre sus filas a un jugador que marca las diferencias, Cristiano Ronaldo.
El Real Madrid que jugó en Villarreal, un equipo devaluado en estos inicios de temporada y sin su guía espiritual, Marcos Senna, lejos de ser un equipo cercano a la excelencia, nos recordó al equipo de la temporada pasada con Juande Ramos: peleón, trotón y poco más. Una vez más se echó en falta al jugador que da equilibrio al equipo y que marca las pautas, Xabi Alonso.
Sigo sin entender porque no da minutos a Benzema. Tengo la sensación que el francés no le gusta, eso es lo que parece. Pues hace mal, porque Benzema por su juventud y por lo que representa, necesita jugar para cuajar en el gran jugador que es.
Da la impresión de que Manuel Pellegrini todavía no acaba de dar con la tecla exacta que le escriba el guión ideal de la superproducción que Florentino Pérez ha puesto en sus manos para ser mejor que el Barça. Y esto, además de ganar partidos, también se consigue dando espectáculo por esos escenarios que son el reclamo perfecto para el negocio en el que Florentino ha convertido el club.
Ni el propio presidente, ni mucho menos la afición madridista le va el estilo de ganar sin importar cómo con tal de seguir sumando puntos. Si eso pretende Pellegrini, cosa que no creo, el Bernabéu tarde ó temprano terminará por pasarle factura. Algunos ya empiezan a preguntarse ¿Y para esto tantos millones? , y otros se quejan, en la soledad de los incomprendidos, que se les ha vendido humo desde algunos medios de comunicación adictos al poder.
Los aficionados blancos, por lo vivido la temporada pasada, y por la ilusión que el proyecto ha despertado en ellos, esperan a un Real Madrid radiante desde el primer momento. Y lo visto en Villareal, a pesar de la victoria, les defraudó.
Soy de los convencidos que el buen juego y hasta la excelencia llegará con el tiempo. Hay motivos para creerlo, como el excelente momento de su máxima estrella, Cristiano Ronaldo. Hay razones para el optimismo pero de momento cuesta sacar conclusiones definitivas para este Real Madrid, que no aguanta, por ahora, comparación con el Barcelona.