La primera parte del Real Madrid en San Siro ha sido lo mejor que ha hecho el equipo de Pellegrini en lo que va de temporada. Defendió bien, tuvo equilibrio en el centro del campo y atacó insistentemente y con frecuencia. Además lo hizo con velocidad, buscando los huecos y casi siempre terminando las jugadas. Hasta 16 veces remató a puerta en los primeros 45 minutos. Un hecho inaudito no solo para el Real Madrid sino para cualquier otro equipo.
Su fútbol fue de alta escuela. Algo que no debe ser considerado como especial sino como algo normal en un equipo como el Madrid. Como dice Kaká: “estamos progresando en cada partido que va pasando”. Ya cuajaron un buen partido frente al Getafe jugando con uno menos durante más de una hora, y confirmaron esa mejoría ante un Milán, que aunque crepuscular atesora, además de experiencia, mucha calidad. La pena es que al equipo blanco le faltó algo más para imponerse en un campo, donde nunca ha ganado como visitante del Milán. Ese triunfo, en esta ocasión lo mereció. Al final Marcelo, primero, y después Raúl que salió sustituyendo a Benzema, pudieron inclinar la balanza al lado madridista, pero fue imposible. Cincuenta y tres años después Benzema emuló a Joseito y logró un empate (1-1) en casa del Milán, antes San Siro y ahora Giuseppe Meazza.
Otra vez será, pero seguro que no lo tendrá tan fácil como en esta ocasión. Para conseguirlo le faltó jugar, en la segunda parte, con la misma rotundidad que lo hizo en el primer periodo. La sensación que quedó al finalizar el partido es que después de jugar mejor que el Milán, solo fue capaz de llevarse un empate, en uno de los pocos territorios que le quedan por conquistar al Real Madrid.
Seguramente para algunos la forma de ver los contactos e impartir justicia de un joven árbitro alemán que pitó un riguroso penalti a Pepe, ha privado a los blancos de completar su mejor partido de la temporada o, por el contrario, acrecentar su crisis si no hubiera anulado un gol a Pato. Vaya lo uno por lo otro.
Lo que ha quedado claro es que el juego del Real Madrid va mejorando por momentos y ya empieza a esbozar lo que de él espera su afición. No alcanza la excelencia, pero si está sacando buena nota. Ya lo dije en el anterior post, la vergonzosa y humillante derrota sufrida en Alcorcón, ha servido para que el equipo, y sobre todo Pellegrini se den cuenta donde están y lo que representa el Madrid. Aquello ha sido el punto de inflexión para el resurgir de este Real Madrid, que creo va a dar más de una alegría a su afición.
El técnico chileno parece que ha dado con la tecla, por fin, de un equipo con personalidad y que responde a sus propios criterios, aunque muchos compañeros míos piensen que Pellegrini obedece los dictados de Jorge Valdano. Sinceramente no lo creo. Pellegrini, en un principio estuvo a merced de los de arriba, pero tras la debacle de Alcorcón, obedece a su propia conciencia. Algo consubstancial con un técnico de verdad. En caso contrario sería un pelele. Y eso, ahora, Pellegrini no lo es. Le ha costado, pero dio el puñetazo en la mesa tras el ridículo de la copa y vuelve a ser con la ayuda de sus jugadores, ese entrenador con mando en plaza que ejerció en el Villarreal.
Del Pellegrini tibio y sin personalidad, asustado por la grandeza del Madrid, se ha pasado al Pellegrini que con su estilo moderado y pausado, sabe lo que quiere. A uno le pueden echar porque los resultados no acompañen, pero nunca debe renunciar a su esencia como persona. Pellegrini ha rectificado a tiempo y creo que se ha ganado el derecho a seguir entrenando al Real Madrid todo lo que queda de temporada, sin que se le cuestione. Que frente al Milán, calcara por primera vez dos alineaciones consecutivas, destila que el equipo ha ganado equilibrio, poco a poco conoce su armadura. Desde Santo Domingo, el diagnóstico es otro.
Al chileno ya no tiembla el pulso por dejar en el banquillo a Raúl (lleva dos partidos consecutivos en la suplencia), y va a contar poco con Guti, a quién tiene castigado a pesar de desmentidos. Por supuesto que habrá rotaciones, pero menos. Su once titular lo tiene claro: Casillas; Sergio Ramos, Pepe, Albiol, Arbeloa; Xabi Alonso Lass Diarra. Kaká en la media punta; Higuáin por la derecha, Cristiano Ronaldo por la izquierda; y como delantero centro, Benzema, que por cierto sin Raúl en el once titular se desenvuelve con más desenvoltura, parece un jugador distinto.
Ante el Milán, Pellegrini ingenió el equilibrio y la simetría que se le exige a él y a su equipo. Con el mismo once que ante el Getafe y poniendo en práctica una escenografía de equipo grande, supo acorralar al Milán durante casi toda la primera parte. En la segunda parte bajo el rendimiento, pero manejó el tempo del partido.
San Siro pudo ser la rampa de lanzamiento definitivo para el Madrid. En la primera media hora de juego debió sentenciar el partido. Eso hubiese significado dar un golpe de autoridad que de momento no ha dado contra los rivales más duros con los que se ha enfrentado. El empate es bueno, pero obliga a seguir creciendo. Está en el buen camino. El derbi del sábado contra el Atlético de Madrid en el Calderón, será una buena piedra de toque para confirmar estas buenas sensaciones.