El Bernabeu, no daba crédito. No podía ser que un equipo apañadito como el Olympique de Lyon dejase fuera al todopoderoso Real Madrid de Florentino Pérez, quién no sabia donde meterse ni que decir al finalizar el partido. Su megaproyecto se derrumbaba a las primeras de cambio, en el momento de la verdad cuando los equipos demuestran su grandeza. Una vez más, el Real Madrid en un partido importante volvió a naufragar. Por sexto año consecutivo, el Madrid no pasa de los octavos de final en la competición que le encumbró, la copa de Europa. Ni fichando a los mejores jugadores del mundo, ni apelando al espíritu de Juanito, ni jugando la vuelta en casa. Ni la campaña grandilocuente de los medios de comunicación que hablaban de remontada, cuando solo tenia que superar un 1-0 adverso, han posibilitado que un deshilachado y mal dirigido Real Madrid pueda con el Lyon, equipo al que se le ha faltado el respeto. Casi nadie contaba con ellos, algunos pensaban que era el invitado de piedra y resultó que fue más listo que el anfitrión. Supo aguantar las acometidas madridistas de los primeros 25 minutos, y poco a poco fue robándole terreno y fue imponiéndose en casi todas las parcelas del campo, para en la segunda parte darle la puntilla.
El Madrid no pasa de octavos, y el proyecto grandilocuente de Florentino fracasa en la competición donde más ilusiones tenían puestas en esta temporada, la Champions, por aquello de jugarse la final en el Santiago Bernabéu, el próximo 22 de mayo. Ese día, el Madrid pondrá el campo, los canapés, y todos lo demás para que otros dos equipos sean la admiración de Europa. El anfitrión se limitará a mirar y sentir envidia. El Bernabeu, sin duda, ha sufrido una de las más grandes decepciones de los últimos años. Se mire por donde se mire, esto ya es un gran fracaso. El primer proyecto de Florentino Pérez en su regreso se resquebraja, después del ridículo copero ante el Alcorcón ahora la eliminación ante el Lyon, mata las ilusiones madridistas. Incluso ya se escuchan voces que piden el relevo inmediato de Manuel Pellegrini al frente del equipo. El chileno fue silbado cuando sustituyó a Kaká por Raúl en la segunda mitad con 1-1 en el marcador.
Ese cambio significó una rendición en toda la regla, y no lo digo por Raúl, que ya es parte de la gloria pasada del Madrid, sino porque una de las grandes estrellas del nuevo proyecto había fracasado. Si Kaká no era la solución para tumbar al modesto Olympique, mucho menos lo era la presencia de Raúl. Con esta decisión Pellegrini ha escrito su epitafio como entrenador del Real Madrid. No se salva ni ganando la liga. Ya dije hace tiempo que estaba sentenciado, y ahora ya está firmada su ejecución. Lo siento, pero, aunque no solo él sea el culpable, tiene más responsabilidad que los jugadores, y caerá. Puede que sea injusto, pero el mundo del fútbol es muy cruel y no perdona a los miedosos. Y Pellegrini pecó de cobarde en el partido más importante de los blancos en lo que iba de temporada.
Pellegrini tiene su parte de culpa por su excesiva prudencia en el planteamiento táctico. Creo que es un error alinear a Lass Diarra en el puesto de Xabi Alonso, cuando ya se sabe que solo es voluntad; y para este partido hacia falta algo más. Ante esta circunstancia, Guti, a quien pronto le fallaron las fuerzas, retrasó su posición y se perdió su poder de creación, además de desgastarse al tener que realizar sobre-esfuerzos extras. Cristiano estuvo demasiado escorado a la izquierda y se perdió por parcelas del campo donde nada pintaba y que solo le quitaban energías para donde él es peligroso, el área. Higuaín, será muy bueno para los partidos intrascendentes, pero cuando hay todo en juego, falla más que una escopeta de feria. Tuvo dos goles clamorosos, sobre todo, el que falló cuando ya el guardameta francés estaba batido.
Si el argentino hubiese transformado esas dos grandes ocasiones, el Real Madrid se podría haber ido al descanso con un 3-0 sin problemas. Y seguramente, Pellegrini sería un fenómeno. Pero amigo, el Lyon ha bajado al Madrid a la tierra, y lo ha devuelto a la cruda realidad: Apeado de los octavos de final de la champions, por sexta vez consecutiva. Y en estos casos, la cuerda siempre se rompe por la parte más débil, el entrenador. Esta es la realidad. Pellegrini tiene su responsabilidad, y se ha echado las culpas. Pero otros tienen más motivos para inculparse, y me refiero a Valdano. Al fin y al cabo, el ingeniero chileno es un entrenador modesto que estaba tranquilamente entrenando al Villarreal y llegó Valdano y lo fichó para el Real Madrid, convenciendo a Florentino que sería el idóneo para su nuevo proyecto. Ya le pasó igual en la primera etapa “Florentiniana”, que eligió a Queiroz por Del Bosque, y se fracasó.
En esta misma temporada, Pellegrini quiso quedarse con Robben, a quien consideraba fundamental, pero empujado por Valdano y le necesidad de vender, se traspasó al Bayern Munich, donde está siendo el alma del club bávaro. Gracias a él, el Bayern se ha metido en cuartos de final. ¡Que bien hubiese venido la presencia de Robben por las bandas ante el Olympique! ¿verdad? No puedo entender como Florentino Pérez, ha vuelto a cometer dos veces el mismo error: creer y confiar en Jorge Valdano. No quieres una taza, toma dos.
A mi, y lo he dicho muchas veces, me gusta Pellegrini como entrenador, por lo educado y respetuoso que siempre es con la gente y las circunstancias que le rodea, pero para entrenar al Real Madrid se necesita algo más. Se necesita fortaleza de espíritu y jerarquía. Cuando Capello llegó por primera vez al vestuario del Real Madrid dijo: “Yo soy Capello ¿quien eres tú?”. Indudablemente, Pellegrini no puede decir lo mismo. Aquí puede estar el meollo de la cuestión. El caso es, que en este fracaso no solo hay un culpable, hay varios: jugadores, técnicos, Valdano y Florentino. Cada palo que aguante su vela. Se pone fin así a la ilusión despertada este verano por los grandes fichajes de Florentino Pérez, que se había gastado algo más de 250 millones de euros para devolver al Real Madrid a la primera línea europea. Y con la final de la Champions en el Bernabeu, como gran objetivo. Los títulos no se compran, se ganan. Llegado el momento de la verdad, el Real Madrid volvió a fallar.
La cosa no tendría tanta trascendencia si se hubiese sido un poco más humilde; y si tanto periodista de salón y de cámara no hubiese ascendido al Madrid de Florentino a la inmortalidad. Tanto se había subido a los altares al equipo blanco, que la afición se lo había hasta creído. Por esta circunstancia, cuando se ha produce un batacazo como este, se desatan tal vez criticas desproporcionadas. Seguro, que un servidor está cometiendo este error, pero escribo lo que ahora mismo siento. El Lyón bajó de la nube al Madrid de Florentino que fracasó en casa con su equipo de estrellas. El más humilde, el Olympique ganó en su campo, empató en el Bernabéu y no lo humilló porque en los instantes finales Lisandro y Delgado llegaron agotados a los dominios de Casillas y desperdiciaron las dos ocasiones más claras de gol de su equipo. Ya lo ha dicho Guti: Más equipo y menos individualidades. Esa, es la gran verdad.
Este gran fracaso europeo, va a pasar factura. Ahora, como bien ha dicho Valdano, quien en eso de hablar no hay quien le gana, “se debe imponer la templanza”. No hay que tomar decisiones precipitadas. Hay que continuar con Pellegrini e intentar ganar la liga, porque si no se consigue tampoco el título nacional habrá que decir: ¡Apaga, y vámonos!