
La liga afortunadamente sigue en un pañuelo entre el Barcelona y el Real Madrid. Los dos ganaron, el Barça hizo los deberes ganando con sudor al Xerez, y mirando con el rabillo del ojo al Inter que le visita el próximo miércoles en lo que va a ser el partido más complicado del Barcelona en los dos últimos años. Guardiola lleva razón cuando ha declarado que en la próxima semana se juegan la temporada: la champions con ese tres uno desfavorable, y con la visita en liga al Villarreal. Todo o nada, esa es la cuestión.
El Real Madrid, con sufrimiento incluido, también ganó y continúa apretando las clavijas al Barcelona, que parece que comienza a sentir el miedo de su cercanía y de sus ansias por atraparle.
Los blancos que han tenido la fortaleza de levantarse tras el duro varapalo que supuso la derrota en el gran clásico, parecen mas enteros de animo que los azulgranas, a quienes veo o intuyo cierto rictus de honda preocupación. Incluso, Guardiola ha perdido el sentido común. ¿Se puede saber, a que han venido las declaraciones que ha realizado sobre los árbitros? al afirmar “que en la Meseta Central entienden mucho de árbitros”. Que quiere decir el entrenador de todos los entrenadores, el hombre que ha inventado el juego bonito. El fútbol, para muchos parece que solo se entiende a partir de aparecer Guardiola. Antes de él, la nada. Cómo dirían en mi pueblo, la tontería se le ha subido a la cabeza.
Guardiola, simplemente, empieza a estar nervioso porque ve como su equipo empieza a dar síntomas de debilidad. Ha cambiado el tono y hasta el discurso. Solo les digo una cosa, como le empiece a ir mal al técnico azulgrana, descubrirán la verdadera personalidad de Guardiola, muy lejos de la racionalidad que nos está vendiendo. Al tiempo.
Mientras Guardiola hablaba de la meseta central, el Madrid ponía un eslabón más en su auto de fe en conquistar esta liga. El “junto podemos”, lo quieren llevar hasta el último extremo. Los jugadores del Madrid no dudan cuando les preguntas si van a ganar todos los partidos que restan hasta el final. La respuesta es un si rotundo que suena muy convincente. También están convencidos que en las cuatro jornadas que quedan para finalizar la liga, el Barcelona tendrá algún tropiezo, lo que significaría, para ellos, adelantarles en la clasificación. A esta posibilidad se agarran como a un clavo ardiendo.
Y digo yo, que esta es la obligación del Madrid, presionar a su gran rival para estar ahí por si fallan, y si suena la flauta bailarán de alegría, y si no, pues se felicita y punto.
Lo que parece evidente es, que ni Barcelona ni Real Madrid han dicho la última palabra. Esto está que arde.
El Real Madrid sufrió más de lo previsto para llevarse los tres puntos frente a un Zaragoza muy áspero y duro que a veces rayó en la violencia. Si durante toda la temporada hubiese jugado con la misma intensidad que contra el Real Madrid, no estaría pasando los apuros para mantenerse en primera división. Como consecuencia de su extrema dureza fue expulsado Contini, y tal vez debió ver su mismo camino algún jugador más. Undiano Mallenco estuvo demasiado permisivo. Las quejas de Gay por el arbitraje de Undiano están fuera de lugar. Quien pegó fuerte y feo fue el Zaragoza
No sabemos si por la aspereza del Zaragoza, el Madrid se fue enfriando poco a poco tras comenzar dominando, el caso es que el partido se le complicó. Hasta que salió Raúl, por el lesionado Van der Vaart. Ya, en el segundo periodo desatascó a su equipo con un gol de su propia escuela. Una escuela de lucha y sacrificio. Había pedido el cambio porque tenia lastimado uno de sus tobillos, otro en su lugar se hubiese ido a la banda a esperar el cambio, sin embargo al ver la jugada de Cristiano, lejos de quejarse del dolor ahí que se fue a acompañar al portugués, que también lucho lo suyo, y marcó el 0-1. Raúl en estado puro. Fue el gol de un cojo extraordinario, una pincelada más de lo que es Raúl. La Romareda brindó por él cuando se fue de inmediato, dolorido y goleador, quizá de uno de sus últimos actos de servicio para el Real Madrid, donde incluso ha superado a Di Stéfano como artillero. Palabras mayores.
Curioso, Raúl que debutó en la Romareda hace 17 años volvió para dejar su sello en la que puede ser su última temporada en el fútbol español. Grande Raúl.
El decepcionante Kaká, el lesionado Kaká, el deprimido Kaká, regresó mes y medio después al fútbol para dar la victoria al Madrid en La Romareda, donde el Zaragoza pidió el carné de aspirante al título. Su fútbol agresivo, dentro y fuera de la ley, complicó en extremo al equipo de Pellegrini, empecinado en mantener el pulso con el Barcelona. El Madrid salió airoso de un partido tremendo, con lesiones, patadas, protestas al árbitro y un ambiente enfebrecido.
Fue un partido para tipos duros. La gente de casa se jugaba la permanencia y el Madrid no admitía margen de error. Se presumía una gran batalla y el partido cumplió con creces, por emoción, por intensidad, por pura raza. Y porque cada equipo jugó sus cartas con verdad y por derecho. Los maños, con su perfil más combativo, intentaron llevar el asunto donde más les convenía. El Madrid, que arrancó preciosista y convencido, mantuvo firme el rumbo para decidir en la recta final del encuentro con ese importante gol del aparecido Kaká, que fue como la estrella esperada. Su gol es de un valor extraordinario.
Los dos olvidados, Raúl y Kaká, resucitan al Real Madrid y mantienen las esperanzas por el titulo de liga. El Madrid está empecinado en ganar el campeonato. Con permiso del Barcelona, claro.