Desde hace once años cuando el Atlético de Madrid llega al Bernabeu, siempre se repite el mismo guión. Un nuevo derbi y victoria del Real Madrid que en apenas veinte minutos despachó al Atlético que ya salió derrotado del vestuario. No tuvo espíritu ni sangre. Fue un Atlético de Madrid que al final del partido hasta se conformó porque el resultado solo había sido de 2-0.
En esta ocasión el Real Madrid no fue ese quipo arrollador de los últimos partidos. Jugó muy bien durante 20 minutos, golpeó dos veces y se puso a administrar esa ventaja ante un conformista Atlético que ni inquietó ni asustó a Casillas, salvo un palo de Forlán. En los primeros veinte minutos llegaron los dos goles de Carvanho y Özil que fueron consecuencia del miedo con que salieron los rojiblancos al Bernabeu. Y no me valen excusas arbitrales.
Es cierto que hubo mano de Xabi Alonso, pero también es cierto que a Di María le hicieron un claro penalti. El árbitro no tuvo la culpa de la derrota atlética, fue el temor y el miedo del equipo de Quique Sánchez Flores que no estuvo a la altura. Insisto que ya salió derrotado de los vestuarios aunque en el segundo periodo se comportó con cierta dignidad y hasta ahora se puede decir que ha sido el mejor equipo que ha pasado por el Bernabeu en la liga, pero a un equipo grande como al Atlético se le debe exigir mucho más. Fue un derbi muy tibio, de escasa rivalidad, nada que ver con aquellos de antaño.
El Madrid con 2-0 en el marcador bajó el pistón, mientras que el Atlético era un quiero pero no puedo. Resultado, el partido se hizo algo plomizo e invitaba al bostezo. Solo se animó en los últimos minutos donde los blancos de nuevo pusieron cerco a la portería de De Gea que comenzó muy nervioso para irse entonando con el transcurso de los minutos. No fue un bonito derbi porque no hubo discusión y porque desde el inicio quedó retratada la superioridad madridista ante el poco espíritu mostrado por los atléticos que se comportaron como muy buenos vecinos. Apenas inquietaron. Más que un derbi parecia un partido de soleros contra casados. Por no haber, no hubo ni polémica ni garra, ni nada de nada. Fue un partido más. con poco fundamento.
No obstante, y a pesar del triunfo, el equipo de Mourinho en esta ocasión no ha ofrecido su mejor versión. Hubo momentos donde perdió el control del juego y el dominio de la situación. Hasta dio síntomas de fatiga. No sé si fue por el esfuerzo que tuvieron que hacer para el empate de Milán o simplemente para economizar esfuerzos y administrar a su bloque titular. En los próximos partidos estaremos atentos. El primero será ante el Murcia, en copa, el próximo miércoles. El Madrid mete miedo, pero todavía no es un equipo perfecto.
El objetivo del Real Madrid, además de pasar a la siguiente fase de la Copa del Rey, es llegar como líder el gran clásico del próximo día 28 frente al Barcelona, y por supuesto, seguir en lo más alto tras visitar a su gran rival.