En la noche de Halloween, el Real Madrid sintió e hizo pasar miedo a sus seguidores por la complacencia con la que jugó ante la Real Sociedad. Es curioso, tanto hemos magnificado el juego de los de Mourinho en las últimas semanas que parece que lo hemos gafado. Si entonces fue grande, el de Anoeta se empequeñeció.
No fue un partido horrible pero si un poco deficiente por parte madridista. No estuvieron al nivel al que nos tiene acostumbrado. Se les notó cansados, especialmente Cristiano Ronaldo, que volvió a estar pasota y con su individualismo absurdo. Mourinho debe meditar darle un descanso, no tiene porque jugar todos los partidos y todos los minutos. Tampoco estuvo muy acertado Özil, en una baja forma alarmante. Di María, después de la paliza que se ha dado en los últimos tres encuentros también dio síntomas de fatiga. Sea como fuere, el Madrid pasó miedo en Donostia. Hasta Mourinho terminó asustado.
Nada tuvo que ver este Madrid con el de las pasadas jornadas. En Anoeta, estuvo rácano, monótono y aburrido. En algunas fases me recordó al juego del Barcelona con ese sobeteo soso que en algunos casos produce bostezos.
Si en algo consubstancial se diferencia el Real Madrid del Barça , es que cuando toca lo hace a gran velocidad, verticalidad y en busca, sin recovecos, de la portería rival. Esto no lo hizo frente a la Real Sociedad, salvo en los primeros minutos. Fue conseguir el gol y empezar a tocar sin ton ni son y, sobre todo, sin intensidad. El equipo de Mourinho, que de salida prescindió de Khedira, Kaká y Marcelo para dar entrada a Lass, Özil y Coentrao, no tuvo la contundencia de los últimos partidos.
En la bella ciudad donostiarra, el Real Madrid comenzó en plan dominador y así se empleó durante casi una hora. Vio que era tanta su superioridad ante una asustada Real Sociedad, que creyó que todo iba a ser coser y cantar. Pues no, en el segundo periodo la Real se sacudió el miedo, presionó más arriba y puso en algún que otro aprieto a los blancos que esta vez vistieron de negro. Bien es verdad que los donostiarras más que peligro lo que hicieron fue inquietar en la recta final, por lo incierto del resultado.

Una de las cosas que no se debe hacer nunca, ni en el deporte ni en la vida, es creerse superior y recrearse. Y esto fue lo que le sucedió al Real Madrid, que tan superior se creyó que se relajó en demasía, pasando a jugar un segundo periodo sin fuste, con mucho toque que no llevaba a ninguna parte y carente de profundidad. El Madrid de la segunda parte, no me gustó, no se si por el cansancio, pero el caso es que jugó con exceso de confianza aunque al final supo sufrir.
Fue un equipo intrascendente, lento, previsible y sin mordiente. Tanto fue que Mourinho vivió los últimos minutos con el alma en vilo y hasta tuvo que levantarse del banquillo para pedir a sus jugadores más ganas e intensidad. Su equipo se limitaba a dejar pasar el tiempo, tocando sin sustancia. No es que se le notara cansado, sino que además le faltaba esa intensidad de la que hace ley.
La bronca surtió algún efecto. En los últimos diez minutos, se agruparon y acabaron con la intentona realista. El técnico luso temía especialmente la visita a Donostia porque siempre la Real Sociedad se las ha hecho pasar moradas al Madrid. No quería que a su equipo le pasase lo mismo que le sucedió al Barcelona, que pasó de ir ganando 0-2 a empatar y hasta pudo perder. Aquello fue un exceso de confianza de los azulgranas, y pudo ocurrir lo mismo, pero al final el Real Madrid controló y se lleva tres puntos que le permite acostarse líder.
Así que cuando Undiano Mallenco pitó el final, saltó al campo a felicitar a sus jugadores que en la segunda parte, supieron sufrir ante el empuje y agresividad de la Real Sociedad. Esos tres puntos, aunque el partido no fuese nada brillante, valen su peso en oro porque las Ligas también se ganan en noches tenebrosas como en la noche de Halloween.