Con autoridad. Así ganó el Real Madrid en Gijón al Sporting en un partido que solo tuvo color blanco a pesar de que Iturralde González quiso robarle protagonismo al equipo de Mourinho.Ganó 0-3 el Madrid que demostró que este año no quiere perder la Liga donde el año anterior se evaporó. Sigue en lo más alto y llega al gran 'Clásico' con una ventaja más que importante sobre su gran rival, el Barcelona que, como estaba escrito, liquidó sin problemas al Levante, quien esta vez fue un equipo blando, angelical e ingenuo. Nada que ver con el equipo rocoso, duro y entregado que venció al Real Madrid en el Ciutat de Valencia.
Los de Mourinho, parece que han aprendido la lección y aprietan pero con conocimiento y sin alharacas. Ahora son otros los que van por detrás y son los que tienen la presión, y se nota en el ambiente, en el vestuario azulgrana y en el entorno culé. La campaña de la prensa catalana es de escándalo. Ahora vuelven a tirar de la historia y vuelven a sacar todo el armamento contra el Real Madrid: “la madriditis ha regresado”.
Mientras el Madrid a lo suyo. El partido blanco en el Molinón no fue un gran partido, realizó lo que se llama una faena de aliño. Ganó que era lo que tenía que hacer, y lo hizo con trazo grueso y sin finura (se notó la ausencia de Xabi Alonso, tal vez el jugador más en forma del fútbol español) pero consiguió con toda solvencia los tres puntos.

El problema para los rivales es que incluso en fase de reposo, sin adornos y a escasos días del choque frente al Barcelona, el Madrid genera suficientes ocasiones de gol para alcanzar la victoria por la vía rápida, sin alardes, pero con la seguridad del que se siente dueño de su destino. Di María ejerció de brujo y consiguió abrir la lata y el partido, sin remisión, se fue al lado madridista. Bajo la influencia de su gol, el Madrid ya se empleó con más calma y, sin brillantez, pero con pegada y oficio, resolvió el enigma previo a la gran aventura del sábado en el Bernabéu.
En el partido del sábado se van a medir los dos grandes equipos del momento. El Real Madrid llega mejor que el Barcelona, pero eso no quiere decir que ya tiene ganado los tres puntos. En un choque de esas circunstancias, cualquier cosa puede suceder. Pero una cosa es cierta: llegan en circunstancias distintas a los tres años anteriores: El Real Madrid por primera vez llega con una cómoda ventaja y además lo hace jugando mejor que su gran rival, que se ha ido dejando puntos fuera del Camp Nou. Esta vez, y va en serio, el Real Madrid le va a discutir al Barcelona la hegemonía del fútbol.
Además se ve en el ambiente que el Barcelona empieza a estar preocupado por el poderio que está demostrando el Madrid en esta primera fase de la temporada: mejor equipo de noviembre en la liga doméstica y en Europa. El Barcelona empieza a estar contagiado de “madriditis”. Ven las orejas al lobo y los viejos fantasmas de la “madriditis” han vuelto al primer síntoma de dificultad. Es normal, porque la historia de la Liga y de Europa tiene color blanco y, por tres años de reinado azulgrana, no se ha pagado el viejo fulgor del pasado madridista que amenaza a este Barcelona que ve en peligro su hegemonía.
Las últimas declaraciones de algunos jugadores azulgranas como Alves y Villa, así como los titulares con los respira la prensa catalana, demuestran que el Real Madrid ha vuelto y la vieja enfermedad pulula por los alrededores del Camp Nou. Alves, el día después de la derrota del Barça en Getafe, declaró que “ya están tirando cohetes” y que “la gran mayoría ya le dan el título al Real Madrid”. Villa, con unas declaraciones llenas de soberbia, declaró que “podemos ganar tranquilamente al Real Madrid en el Bernabeu”. Por no hablar de la prensa catalana, la Central Azulgrana, que en grandes titulares destacó el aniversario del 5-0 del Barcelona al Real Madrid la temporada pasada. Algo que está bien en recordar pero no en titulares, cuando el Barcelona venía de hacer un mal partido en Getafe.
A todo esto, en el Real Madrid nadie ha dicho absolutamente nada. La prudencia se ha instalado en Valdebebeas y en el Santiago Bernabeu. Es más, Mourinho ha ordenado silencio a sus jugadores hasta después del gran 'Clásico' del próximo 10 de diciembre. Nadie ha sacado pecho por haber puesto tierra por medio con el Barcelona. No quieren vender la piel del oso antes de cazarlo. Y así va a ser hasta el final de temporada. De errores anteriores siempre se aprende. Mourinho ya ha escarmentado de lo ocurrido la anterior campaña. Silencio y prudencia en el Real Madrid. En “petit comité dicen: “ahora que lloren otros”.
El silencio del Madrid contrasta con el jaleo de una parte de la prensa deportiva madrileña y de esas tertulias radiofónicas y televisivas cada vez más escandalosas (sobre todo las de TV) que se adjudican el papel de voceros (forofos) del equipo blanco sin ton ni son; y que parece que hablan en nombre del Real Madrid cuando lo que hacen es representarse a ellos mismos y hacer un papel que raya en lo esperpéntico. En el Real Madrid, como dicen, esos periodistas no les representan y no pueden controlar lo que se dice fuera del entorno blanco. La política del club blanco es la de prudencia y silencio. Al menos hasta después del día 10 de diciembre. La presión ahora está en el bando azulgrana, que tratan de provocar para ganar en río revuelto. Por lo que se ve, Mourinho y los jugadores españoles del Real Madrid, han convenido que lo mejor ante el gran 'Clásico' es tener compostura y mostrar indiferencia ante lo que viene de la Ciudad Condal y sobre todo prudencia. Nada debe provocar al eterno rival.
Por cierto, me pareció lamentable el teatro de Piqué para provocar la quinta tarjeta y poder estar en el Bernabeu; como también me pareció patético cuando lo hizo el Real Madrid en Champions. El castigo de la UEFA me pareció justo y ahora me parecía de justicia que Piqué también hubiese sido sancionado con dos partidos, por recochineo y por insultar a la inteligencia de los demás. Teatro, puro teatro, fue lo que hizo junto con la connivencia de Guardiola, que puso cara como de no entender nada, cuando esas cosas se hablan en el vestuario.

Pero, como se esperaba nada sucedió, le sancionaron con un partido y a otra cosa. El Barcelona se pasa la ley por el forro de sus caprichos. No se presentó a la Copa del Rey hace ya años. ¿Qué pasó?, nada. El Comité de Competición clausuró el Camp Nou por dos partidos en la primera visita de Figo como jugador del Real Madrid, tirando de todo y ¿qué pasó?, nada de nada. Todos los demás equipos cumplen, como debe ser, sus sanciones. El Barcelona, como está a otro nivel, pasa de sanciones. ¿Por qué? Pues porque parece que tiene derecho de pernada.
El sábado en el Bernabéu, sobre todo y por encima de todo, que gane el fútbol.