
Partidazo el que presenciamos en el Bernabéu entre el Real Madrid y el Málaga. La copa nos depara estos choques llenos de emoción y suspense. Y eso es lo que sucedió en el Coliseum madridista, donde vimos un partido lleno de matices. En la primera parte un buen Málaga llevó la voz cantante con su buen posicionamiento sobre el terreno de juego y un gran trabajo táctico. El Madrid muy apático (muchos jugadores estaban aun de vacaciones) era una sombra bajo sospecha por su falta de ganas y actitud que enfadaron no solo a la afición blanca sino al mismísimo Mourinho, que echaba fuego por su mirada.
Los dos goles de los visitantes llegaron a balón parado, en sendos saques de esquina que sorprendieron, primero a los centrales blancos y después a Casillas que dejó rematar a Demichelis en el área pequeña (imperdonable para un portero). El Málaga era el que tocaba y mandaba a su antojo frente a un infumable y horroroso Real Madrid que tiró los primeros 45 minutos de forma miserable.
Mourinho desde el banquillo no daba crédito a lo que estaba viendo, este no era su Real Madrid, intenso, aguerrido y con pegada. Era un juguete roto. Dos minutos antes de finalizar el primer periodo se fue a los vestuarios con cara de pocos amigos.
No sé que pasaría en la cocina del Bernabeu. De la boca de Mou debieron salir sapos y culebras. Antes de salir a jugar la segunda parte les espetó: “salir ahí y limpiar la basura del primer tiempo”. Su aviso surtió efecto, el panorama cambió radicalmente y Real Madrid que salió en la segunda parte fue el de las grandes noches. Esas noches de épica.
Y de paso Mou se la jugó, fue valiente y de una tacada, al comienzo de la segunda parte, hizo tres cambios providenciales. Khedira, Özil y Benzema sustituyeron a Arbeloa, Kaká y Callejón, que la verdad no tuvieron su noche. Lass entonces pasó a jugar de lateral derecho, rindiendo a satisfacción. El triple cambio fue agua bendita para el Real Madrid con un Benzema estelar; y comenzó el abordaje en un segundo acto que tuvo casi 30 minutos de acoso y derribo por parte madridista. Le bastaron diez minutos de furia para darle la vuelta al marcador y sellar la remontada, que se mereció el equipo de Mourinho.
Menos mal que la jugada de los tres cambios a la vez le salió bien al técnico portugués, porque en caso contrario sus muchos detractores le hubiesen crucificado en el acto. Seguirán escondidos. Dicen que en el riesgo está el placer. Mourinho lanzó el órdago y acertó aunque algunos digan que esos cambios fueron fuegos pirotécnicos.
Mourinho a pesar del triunfo ha visto cosas y actitudes de algunos jugadores que no le han gustada nada. Como dijo el luso después en rueda de prensa, si hubiese podido cambiar a los once al descanso los hubiese realizado. Y es que a pesar de la remontada a Mourinho no se le pasó el mosqueo. En cierta medida no le falta razón porque muchos jugadores estaban todavía de vacaciones.
Mourinho arregló la situación con un triple cambio arriesgado que confirmó algunas evidencias. Higuaín y Benzema pueden jugar juntos frente a muchos rivales porque se complementa. Karim debería ser titular siempre, está en un gran momento. Es un artista del balón que en baldosa te resuelve un partido. Khedira, que abrió la lata con su capacidad de llegada, es la pareja ideal para Xabi Alonso y Lass Diarra puede dar más al equipo como lateral diestro que como mediocentro. Pero por encima de consideraciones tácticas y de carácter individual, como la recuperación de Ozil, surge la evidencia de que el técnico portugués supo rectificar a tiempo, lanzó los gritos necesarios para que el equipo renegara de sus errores y contagió al público con su hiperactividad en el banquillo. Mou, ejerció de gran entrenador.
Ante un buen Málaga, el Real Madrid de la segunda parte volvió a su nivel habitual ,destrozó los planes de Pelegrini que sigue sin ganar a Mourinho. Finalmente fue un 3-2 y pudieron ser más en esos minutos de gloria blanca. Cristiano y Benzema, lanzados como sus compañeros, fallaron ocasiones clarísimas de engordar el marcador cuando el éxtasis se había apoderado del Bernabéu.
En una semana, partido de vuelta con todo por decidirse. ¡Qué grande es la copa!
POR ALFONSO CELEMÍN