
Dicen que la fe mueve montañas. Y esa fe fue la que salvó al Real Madrid ante un gran Mallorca que se comió a los blancos en la primera parte. Los tres puntos conseguidos pueden valer medía liga. De momento le sirve para ser campeón de invierno.
Ante la imperiosa necesidad, el Madrid remontó un duelo trascendente en Mallorca tirando de los atributos que le faltó en el primer periodo y cuando se encomendó al talento de sus jugadores y dejó atrás toda atadura táctica. Tras un primer tiempo más que gris, claramente superado por un Mallorca firme y de cuerpo entero, el equipo de Mourinho, que puso a caldo a sus jugadores al descanso, encontró remedio cuando se quitó las esposas y con mejor actitud general se hizo con un partido que le llevó al límite.
De la transformación del Madrid de la primera parte al segundo periodo, mucho tuvo que ver no solo el atrevimiento del técnico portugués, que les enchufó, sino el coraje de Higuaín, que volvió a ser un jugador providencial. Higuaín lo cambió todo. Özil, fue también de los destacados, parece que ha regresado. El atrevimiento de Mourinho, y el empeño de un equipo por superarse de unos calamitosos 45 minutos iniciales, permitieron al Madrid dar un buen bocado a la liga.
Las cosas están cambiando. El Real Madrid gana hasta sin jugar bien, como antaño. Incluso hasta los colegiados le favorecen en jugadas muy determinadas. Aunque si hemos de ser sinceros, el colegiado repartió errores por ambos bandos. Viendo las cosas que últimamente están ocurriendo, no me extraña que en Barcelona vuelvan a echar mano de los viejos fantasmas. Si, de aquellos que cuando el Madrid era infinitamente superior a los demás rivales (como ahora lo es el Barcelona, en las últimas tres temporadas) veían ayudas de los árbitros por doquier.
Los de Mou no jugaron bien y ganaron. Ahí radica una de las claves de lo que está ocurriendo esta temporada, y de esa diferencia con respecto al mejor Barcelona de la historia que no el mejor equipo de la historia del fútbol. Un respeto al Brasil de Pelé, al Real Madrid de Alfredo Di Stéfano y al Milán de Arrigo Sacchi, el inventor del fútbol moderno.
El Real Madrid abúlico de los últimos años hubiese perdido sin remisión el partido contra el Mallorca, que la verdad sea dicha, realizó una primera parte sensacional y que puso contra las cuerdas a los blancos que no supieron como hincarle el diente a la magnifica puesta en escena de ese sabio llamado Joaquín Caparrós.Ahora el Madrid gana cuando está brillante y cuando se siente espeso, cuando se manifiesta en plenitud y cuando parece salir con resaca. Las Ligas se ganan así, triunfando en campos como el del Mallorca, donde no ganó el Madrid el pasado año, o en campos de parecidas circunstancias dónde el Madrid la temporada pasada fracasó y que a la postre le hizo perder el campeonato..
La imagen del equipo de Mourinho en la primera parte fue de fracaso total. Era una comparsa sin orden ni concierto. No había actitud, el juego era lento, previsible y no se jugaba en equipo. Marcelo estuvo de desastre y nunca estuvo en el partido. Igual que Lass que cuando se da importancia pierde su intensidad. No me extraña que luego, con buen criterio los cambiase Mourinho.Una vez más los movimientos desde el banquillo fueron fundamentales para cambiar el signo del partido. Si, amigos, aunque algunos les cueste reconocerlo, Mourinho volvió a acertar con su planteamiento suicida, si se quiere, pero al fin y al cabo ganador. Sus detractores que ya estaban esperándole con el cuchillo entre los dientes, tendrán que seguir tragando bilis.
El Madrid, ya sin nada que perder, fue al abordaje y se lanzó con toda su artillería al ataque en un planteamiento que pudo ser suicida y acabó salvando los muebles. En esta ocasión, la entrada de Higuaín en el segundo periodo, obró el milagro. Este chico nunca desfallece. Lo suyo fue un acto de fe en los dos balones que valieron los dos goles de su equipo. El primero lo marcó él y el segundo, gracias a su lucha, hizo posible que Callejón lograse el tanto del triunfo.
No es que el Madrid jugase de maravilla la segunda parte, pero hubo otra actitud y determinación que hizo posible la remontada ante un Mallorca que ya estaba con la lengua fuera.La táctica valiente de Mou salió bien y el Madrid marcó tres goles, uno de ellos tan mal anulado a Ramos como el fuera de juego mal señalado en un arranque legal del jugador del Mallorca Victor. Cristiano, por cierto protagonizó otro partido para el olvido. Su estado de desconcierto empieza a ser preocupante, pero es encomiable su espíritu de lucha y sacrificio. Se fajó hasta la extenuación y bajó hasta defender cuando hacía falta. A Cristiano se le puede criticar muchas veces, pero nunca se puede dudar de su gran profesionalidad.
En definitiva que el Madrid ganó por aplastamiento y por convicción. Y también porque su entrenador se la jugó con decisiones arriesgadas y por el amor propio de sus jugadores que sabían que en Mallorca se jugaban medía liga. Ahora llega el Barça en la copa , el Madrid afronta este encuentro en la mejor disposición posible, siendo un líder sólido. Algo que sin duda les ayudará en el plano psicológico, aspecto que le ha fallado en los últimos enfrentamientos con los azulgranas que parece que le tienen comida la moral a los blancos, y sobre todo a Cristiano Ronaldo. En la copa ¿Cambiará la tendencia? Lo veremos. Pase lo que pase el miércoles, los blancos salieron de Palma con tres puntos vitales para la consecución de la liga.
De todas formas el Real Madrid no es el mismo equipo que se fue de vacaciones en Navidad, que era un torbellino. No sé si le está afectando la proximidad copera con el Barcelona, pero el caso es que no tiene la misma alegría de entonces…
El Madrid, de una vez, se tiene que quitar de encima los complejos que le atenazan cuando se mide a su máximo rival. Si es capaz de dejar de lado el estado de ansiedad que se apodera de ellos cuando se enfrentan a este Barça –sobre todo Cristiano, Pepe y el propio Mourinho-, ganarán. En caso contrario, fracasarán. A partir del miércoles lo sabremos.
POR ALFONSO CELEMÍN