
Vivir para ver, resulta que el Barcelona, ese club señor que nunca hablaba de los árbitros porque estaba por encima del bien y del mal, se ha quitado la careta, se ha dejado de hipocresías y achaca la distancia de diez puntos que le saca el Real Madrid a la actuación de los colegiados. Ahora que van por detrás, curiosamente atacan al estamento arbitral de una forma poco ortodoxa y hasta trivial. El viejo victimismo del que ha hecho gala durante toda su historia el Barcelona, ha vuelto. Ha retrocedido en el tiempo, después de pasar tres año en el paraíso de la dicha y de la bendición.
Durante los últimos años en los que ha ganado todo, cuando eran otros los que se quejaban, como el Real Madrid y más concretamente Mourinho, hacían oídos sordos y todos lo achacaban a la envidia del club blanco por los títulos conseguidos, jugando de cine. Y era verdad.
Pero, de sopetón, las tornas han cambiado y el Real Madrid, a base de buen juego, de algunas ayudas en jugadas determinadas -no lo vamos a negar- y perjuicio en otras, como al Barcelona, está a punto de destronarle, y vuelven los viejos fantasmas de las ayudas arbitrales al Real Madrid. Una denuncia que data desde el siglo pasado en la Ciudad Condal. Nunca allí dieron mérito a los triunfos tanto nacionales como foráneos del Madrid, todo era por los árbitros.
Ahora que ven que ese ciclo tan extraordinario que han vivido apunta a su fin, son los árbitros los que benefician a unos, a los blancos, y les perjudica a ellos, los azulgranas. Y los tíos se quedan tan tranquilos. La prensa pro-culé vuelve a la carga, los directivos hacen declaraciones sin ton ni son, y Guardiola, sí el perfecto Guardiola, ese que nunca hablaba de los árbitros, manda mensajes sibilinos para que los medios de comunicación y los directivos del Barcelona comiencen la campaña de acoso al estamento arbitral.
Guardiola, en definitiva, es igual que Mourinho, llora cuando se siente perjudicado, como hizo Mou cuando entendió que tendría que protestar para ver si cambiaba la tendencia. Cada uno llora como lo siente. Unos lo hacen de frente, sin esconderse, de forma directa como Mourinho y otros lo hacen como escondidos, de forma retorcida y con frases que hay que interpretar. Porque no me negarán que las declaraciones que hizo al finalizar el encuentro entre el Atlético de Madrid y el Barcelona de “No ganaremos la liga”, no es una denuncia y una acusación velada sobre el arbitraje que está sufriendo el Barça. Confirma esta tesis el hecho que después recordase que Messi lleva las mismas tarjetas que Pepe. Hay que ser retorcido, no hubiese sido mejor decirlo alto y claro; pero su status de hombre bueno no le permite ser tan directo y lanza el mensaje para que otros comiencen la campaña.
La prensa catalana ya ha comenzado hablar de conspiración, y le ha seguido el vicepresidente del Barcelona al declarar que “parece que este año no toca que el Barcelona gane la liga” y añade después “No se dan las condiciones objetivas para que gane el mejor”. ¡Manda huevos!. Me parece que no están dispuestos a aceptar que los ciclos se acaban; y el del Barcelona va llegando a su fin, como les ha llegado a otros, como a la Quinta del Buitre, el Dream Team, el Milán de Arrigo Sacchi, etc…
Todo este mensaje-denuncia que ha comenzado desde la casa azulgrana, está dirigido por Guardiola, ese que decía que por educación no hablaba de los colegiados. Su actuación hipócrita retrata la compleja personalidad de Guardiola, un personaje que no es lo que aparenta ser en sus apariciones públicas. Es tan manipulador como Mourinho, pero con la diferencia que uno no lo disimula y Guardiola sí. Todavía no conocemos al auténtico Guardiola. Hasta ahora como todo le ha ido miel sobre hojuelas, todo era maravilloso. Las cosas se han comenzado a torcer, y aparece el auténtico Guardiola, el personaje nervioso, inseguro, retorcido y hasta con cierto punto de violencia que disimula con la ironía. No olvidemos que Guardiola ha sido el jugador que más veces ha sido expulsado en la historia del Barcelona, lo que habla muy a las claras de cómo es realmente. Nos tiene engañados a todos, y a eso yo le llamo falsedad. En tiempos de bonanza es muy fácil ser generoso y hasta parecer un dechado de virtudes. Ahora que las cosas no parecen irle tan bien, verán al otro Guardiola, al auténtico.
Prefiero mil veces a Mourinho que va con su verdad por delante que Guardiola, que se basa en subterfugios para hacer las mismas acusaciones. Uno es sincero, y el otro un hipócrita.
Y a todo esto, si hay dos equipos que no se pueden quejar de los árbitros son el Real Madrid y el Barcelona, que siempre son más favorecidos que el resto de equipos de la liga española. Son ganas de enredar sin argumentos de peso. El Barcelona ganó casi todo los tres últimos años porque era el mejor, de momento lo es, independientemente de algunas ayudas recibidas como en esas semifinales de la Champions contra el Chelsea, en Stamford Bridge, donde atracaron de forma impune al equipo inglés, con la nefasta actuación del noruego Ovrebo.
Si ahora el Real Madrid le saca diez puntos al Barcelona en la competición doméstica es porque, sencillamente, lo está haciendo mejor. El equipo de Mourinho no ha fallado donde sí lo ha hecho el Barcelona, que lleva menos partidos ganados fuera del Camp Nou que el Rayo Vallecano. En la derrota en Pamplona y Getafe, más que por errores del árbitro lo fue por errores propios. Y amigos, porque el equipo se va haciendo mayor. Puyol y Xavi ya pasan de los treinta años, el desgaste se va notando. El Real Madrid, por el contrario, tiene el equipo titular más joven, y está logrando números de récord con una trayectoria casi inmaculada en la liga.
No nos engañemos, no echemos las culpas a los colegiados. Ni el Villarato ha existido ni ahora hay una corriente favorable al Real Madrid. Antes, unos ganaron porque eran los mejores y ahora hay otro equipo que empieza a arrebatarle la hegemonía, el Real Madrid. Pero, no deja de ser curioso como cambia la vida, aquellos que nunca hablaban de los árbitros, vuelven a hacerlo y además con ganas. ¡Barça bienvenido al mundo real! El Barça se ha quitado la careta y vuelve a ser un equipo llorón.
POR ALFONSO CELEMÍN
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