Viendo al Real Madrid jugando con parsimonia, sin ritmo, casi andando, sin presionar y sin ninguna intensidad, y perder ante el peor Milán que uno recuerda, un equipo lleno de jugadores al borde de la jubilación al que le falta fuerza, pero le sobra sabiduría, sentí vergüenza. Lo mismo que los miles de seguidores madridistas que estuvieron en el Bernabeu y lo...
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