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# viernes, 01 de septiembre de 2006 12:27

Muere Glenn Ford

El miércoles pasado murió Glenn Ford. Durante tres o cuatro días –ni siquiera—se recordarán en la prensa sus 60 años de carrera y sus grandes momentos en películas como Gilda, Cimarrón o Los sobornados. Las televisiones le dedicarán minutito y medio en el telediario del mediodía, recuperarán alguna de sus películas, y poco a poco quien más quien menos volverá a olvidarse de él. Porque ninguna de las películas de Ford aparecerá nunca en las listas de las 10, 15 o 20 mejores de la historia, ni él mismo en un ránking de los 10, 15 o 20 mejores actores. Por eso, posiblemente, su muerte haya sido la última oportunidad que se nos da para acordarnos de que este tipo fue uno de los valores más seguros del Hollywood clásico. Sencillamente, no fallaba: sabía hacer reír como nadie –en Un muerto recalcitrante o La casa de té de la luna de agosto—y lograr que un justiciero sin escrúpulos pero con un intachable código de honor –su personaje en Los sobornados—inspirara toda la ternura del mundo cuando, con lágrimas en los ojos, recordaba la vida que compartió con su difunta esposa. No era ni alto ni guapo, pero triunfó como galán; no tenía el empaque de un tipo duro, pero ejerció de tal en un montón de westerns. Dio el pego como hombre esencialmente bueno, en Superman, o como tahúr sin escrúpulos en Gilda, donde, además, le giró la cara a Rita Hayworth de un drive perfecto, por el que no sólo quedó impune, sino que pasó a la historia del cine. Inténtelo usted ahora, y verá.
por magefesa

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