
Demos por inaugurado este blog planteando la siguiente pregunta: ¿Ha tocado fondo Tom Cruise finalmente? Ahora que acaba de presentar en sociedad las heces de su hija recién nacida, el primer árbol plantado por un bebé al que nadie ha visto –eso sí, convertido en una estatua de bronce que demuestra la asombrosa capacidad renal de la pequeña Suri--, ¿se puede caer más bajo? Si parece una pregunta con trampa, es porque tal vez lo sea. Porque es que con Cruise nunca se sabe: ¿Pensábamos que podia caerse más bajo después de que le diera el tembleque encima el sofá de Oprah W
infrey? Seguro que ni el más intrépido imaginaba que aquello era sólo el principio del fin. ¿Y cuando se dedicó a meterle mano y lengua a la pobre Katie Holmes –ella no tiene la culpa: seguro que no sabía dónde se estaba metiendo cuando aceptó participar en todo este tinglado— siempre que había un fotógrafo por ahí cerca? ¿Y cuando montó el número en un programa televisivo de entrevistas, al insultar al conductor del mismo por defender la psiquiatría y calificar esa ciencia de nazi? ¿Y cuando se dedicó a usar los actos promocionales de La guerra de los mundos para hacer propaganda de su secta? ¿Y cuando dijo que se comería la placenta de su nueva hija? Por cierto, ¿y si no existiera esa tal hija? El embarazo de Katie Holmes parece haber sido uno de los más extraños que la medicina recuerda.


Las malas lenguas afirman que Holmes podría haber sido sometida a un lavado de cerebro, o coaccionada para casarse con Cruise y promover así la cienciología. También se habló de que quizá había firmado un contrato de 5 años, por un valor de 8 millones de dólares, para ayudar al actor a mantener la supuesta farsa que ya construyó junto a Nicole Kidman, primero, y Penélope Cruz, después, y contrarrestar así los rumores acerca de su sexualidad.


El caso es que Tom Cruise se está jugando seriamente su estatus en Hollywood. Tras haber alcanzado uno de los grados más elevados dentro de la jerarquía de la iglesia de la Cienciología –una ¿religión, negocio, secta? que defiende que los humanos llegaron por primera vez a la Tierra desde el espacio hace 75 millones de años, y que enseña a sus miembros a comunicarse con animales, plantas y objetos inanimados--, Cruise parece haber empezado a dar más importancia a la captación de adeptos que a llas normas de comportamiento de las estrellas de Hollywood. Por esa razón la Paramount lo ha puesto de patitas en la calle , y también por eso funcionó tan mal en taquilla la estupenda Misión Imposible 3, película en la que, por cierto, personaje y actor se confunden como nunca antes lo habían hecho hasta ahora: Ethan Hunt lucha para defender el mismo ideal de familia tradicional que Cruise lleva meses interpretando ante el mundo, y tanto uno como el otro han hecho de las falsas identidades y las máscaras su modo de vida. De todos modos, ¿convertiría el héroe de Misión Imposible la mierda de su hija en una escultura de bronce? ¿Se puede caer más bajo?