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# miércoles, 06 de septiembre de 2006 16:56

En la Mostra, las apariencias también engañan

Lo comentó alguien la otra noche, mientras un grupo de amigos chupábamos tele sin demasiado propósito: “Qué ironía –dijo, cuando emitieron la crónica de la Mostra de Venecia--: hay que ver lo sonriente que está y lo feliz que parece el Kowalski éste, y eso que su película la han puesto a parir”. Se equivocó en el nombre –no es Kowalski, como en Un Tranvía llamado deseo, sino Aronofsky--, pero no en el comentario: el director de The Fountain aparecía en imagen, agarrado a su chica –la actriz Rachel Weisz-- con la sonrisa típica de un triunfador, de un tipo contento, aunque está claro que, cuando esas imágenes fueron grabadas, el bueno de Darren ya sabía que la crítica internacional había vapuleado su película, la había abucheado e insultado, e incluso se había echado unas risas a su costa. Pero Aronofsky tenía que mantener la compostura y aparentar que estaba encantado de la vida, porque de eso se trata.

En estos festivales se trata de eso. De engañar un poquito. Seguro que algunos de los periodistas que escupieron a The Fountain entrevistaron al día siguiente a Aronofsky, y seguro que muchos le hicieron la pelota a base de bien. Lo sé porque yo mismo lo he hecho alguna vez, y me temo que volveré a hacerlo, porque esto funciona así. Y Aronofsky será muy amable con esos periodistas, porque él se juega mucho más que ellos con esta película. Por eso la ha llevado a la Mostra de Venecia, que, a su manera, también es un poco estafa. Recuerdo que, hace dos años, Al Pacino asistió a la Mostra para el estreno mundial de su película El mercader de Venecia y al entrar a la proyección –la película empezó como una hora y media tarde--, se dio cuenta de que nadie le había reservado una butaca.

Cuando uno ve por la tele la alfombra roja tan limpia y los seguratas con la cabeza perfectamente rapada al cero, tiende a pensar que estar presente en uno de estos acontecimientos es como ser el mejor cliente de un hotel de lujo. Luego resulta que, al menos si eres periodista, esos mismos seguratas te tratan como si fueras una mierda; que la mayor parte de las proyecciones tienen lugar en el Palagalileo, algo así como un parking mal tapado con un techo de uralita –si te despistas, una paloma puede llegar a cagarte en medio de una proyección--; que te alimentas a base de pizzas recalentadas pero frías porque la cantidad de películas espantosas que tienes que ver cada día no te deja más tiempo; que te pasas el día pedaleando en bici para ir de un lado a otro y, por tanto, sudando como un puerco; que duermes poco, que Venecia está al ladito y no puedes ni acercarte… Trabajar en la mina es más duro y bla, bla, bla, pero los festivales no son lo que parecen. Que se lo digan a Darren Aronofsky.

por magefesa

Comentarios

# Anonymous ha opinado el viernes, 08 de septiembre de 2006 21:04
MariaJose

Esto es un pedo del culo gordo xD y esa tia tiene pocas teats diria yo...

# pedro ha opinado el jueves, 16 de diciembre de 2010 11:32
re: En la Mostra, las apariencias también engañan

hay cosas más duras que ver películas, pedalear en bici y comer pizza. No hace falta que te vayas a trabajar en la mina

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