Hubo un tiempo en el que Luc Besson era uno de los directores europeos de referencia. Concretamente, entre 1988 y 1997, periodo durante el cual firmó esa cursilada llamada El gran azul (1988), las efectivas Nikita (1990) y El profesional (1994) y la exuberante aunque desenfocada El quinto elemento (1997). Su figura resultaba interesante porque, por aquel entonces, en Europa no se estilaba eso de coger géneros profundamente americanos y darles un barniz europeo. En resumen, el Luc Besson director nunca fue la leche, pero su existencia era algo saludable –además, en su haber figura, antes de esa etapa de esplendor, una rareza la mar de aconsejable llamada El último combate (1983), película en blanco y negro y sin diálogos que le daba una vuelta al tipo de escenario posapocalíptico popularizado por Mad Max.




La noticia de su retirada de la dirección llega siete años después de que una película suya se estrenara en España por última vez –Juana de arco de Luc Besson, vulgar a más no poder--, periodo durante el cual el inefable francés se ha dedicado a producir, como si fueran churros y bajo el sello EuropaCorp, decenas de películas de acción infames y casposas, en las que ya no quedaba rastro alguno de esa voluntad de reinterpretación genérica que lo caracterizó en el pasado, y que, en cambio, la voluntad exclusiva de ganar pasta ofreciendo cine-basura para el consumo inmediato y el rápido olvido. Si exceptuamos algunos títulos de calidad como Alta Tensión y Los tres entierros de Melquíades Estrada, su trabajo como productor lo componen trabajos como Fanfan la Tulipe, la serie Taxi, la serie Transporter, Wasabi, Bandidas, Danny the Dog y Ong-Bak. Queda claro, ¿no?
Así pues, maticemos: Luc Besson se retira, pero no se va. Deja de dirigir películas sólo un par de meses antes de que se estrene en Francia Arthur y los Minimoys, fantasía animada destinada al público infantil en la que los ninjas, los luchadores y demás mamporreros, los gánsters, los ladrones y demás maleantes, dejan paso a los duendes y las ninfas del bosque –a España llegará en navidades--. Pero la churrería del tito Luc sigue abierta. Y sus paredes seguirán acumulando grasa.