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# martes, 21 de noviembre de 2006 17:14

Hasta siempre Robert Altman

Robert Altman solía vanagloriarse de dos cosas: la primera, de haber hecho siempre y en todo momento lo que le había venido en gana, y de rechazar ofertas que comprometían su manera de hacer las cosas; la segunda, de haber desconfiado siempre de aquellos que trataban de decirle cómo hacer las cosas, porque son los mediocres, los chapuzas, los malos directores quienes encierran toda la sabiduría del cine: de ellos aprende uno a no equivocarse.

Siempre hizo alarde de incorrección política, tanto a través de su obra –del mordaz antimilitarismo de M.A.S.H. a la sátira metalingüística de El juego de Hollywood— como de sus declaraciones públicas. En una ocasión, por ejemplo, definió los Oscar como un “intercambio de favores entre las grandes productoras, que se los reparten alternativamente cada año” –probablemente no le faltara cierta razón--. Que la academia acabara concediéndole una estatuilla honorífica este mismo año no significa que Hollywood no se hubiera tomado a pecho su actitud desafiante y su enorme bocaza. Durante toda la década de los 80, desde justo después del fracaso en taquilla de Popeye, Altman estuvo condenado al ostracismo por la industria.

Altman murió el 20 de noviembre del año pasado en un hospital de Los Angeles. Tenía 81 años. Ya había vivido lo suyo. Ya había dirigido sus mejores películas. Desde hace mucho tiempo, ni su actitud ante la prensa –siempre fue un gruñón, para qué negarlo-- ni su actitud ante la vida revelaban grandes deseos de luchar por una enfermedad que, no cabe duda, le estaba comiendo por dentro desde hace rato. De hecho, quienes vimos en la pasada Berlinale su última película, Prairie Home Companion –todavía no estrenada en España--, tuvimos la sensación de que esa crónica de la última emisión de un programa radiofónico de música country era también una suerte de testamento cinematográfico. Tan elegíaco tono, tanta nostalgia por una una época y un arte pretéritos, no podían significar sino un adios.

De acuerdo, Robert, adiós. Prometemos no recordarte por algunos de los numerosos descalabros que pueblan tu cinematografía –Quinteto, Pret-A-Porter, El Dr. T y las mujeres…--, sino por aquellas que te convirtieron en uno de los padres del Nuevo Hollywood –Los vividores, Un largo adiós— y aquellas otras –Nashville, Vidas cruzadas— que luego han imitado tantos y tantos listillos del Hollywood de hoy, como Paul Thomas Anderson o Iñárritu o Paul Haggis. Que descanses.

por magefesa

Comentarios

# Anonymous ha opinado el martes, 21 de noviembre de 2006 21:30
Yosolito

Una verdadera lástima. Ojalá que A praire... sea un legado digno de su talento. Hasta siempre.

# Anonymous ha opinado el viernes, 24 de noviembre de 2006 17:55
O Garoto de Pucela

A mí Altman no me gusta.
Disculpen que me autocite pero en mi blog escribo un comentario sobre el personaje.

Aquí lo dejo por si interesa:

http://tontimagia.blogs.terra.es/robert_altman_ha_palmao

Un saludo

# Anonymous ha opinado el martes, 28 de noviembre de 2006 9:24
Puede ser

Ole, ole y ole el egocentrismo que se gasta O Garoto de Pucela!
Ooooleeeeeé!

# Anonymous ha opinado el miércoles, 29 de noviembre de 2006 14:10
O Garoto de Pucela

Qué le vamos a hacer, la caridad bien entendida empieza por uno mismo...

:D

# Anonymous ha opinado el miércoles, 21 de marzo de 2007 11:26
Nando

A mí sí me gustó el Dr. T. y las mujeres, obra polifónica donde se retrata a bocajarro la histeria femenina. Otra magnífica obra es Kansas City, muy recomendable para amantes de cine negro y el jazz.

Descanse en paz.

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