Continuamos con nuestro balance cinematográfico del año. Esta vez toca mojarse con las apuestas sobre las más notables y las más denostables películas del 2006. A continuación, esbozamos un pequeño recorrido por los logros y fiascos de la temporada, reclamando y esperando vuestra ayuda para, entre todos, escoger la mejor y peor película del año.
Empecemos con los buenos ratos. Los primeros meses del año nos depararon un buen número de agradables razones para seguir acudiendo a nuestra cita periódica con la sala oscura y la gran pantalla. Fueron meses en los que pudimos gozar con una notable relectura del western en clave melodrama-gay, Brokeback Mountain, una pequeña gran película de mensaje político y espíritu combativo, Buenas noches y buena suerte (¡sigue así George!), un sublime encuentro entre hombre, naturaleza, cine y poesía, El nuevo mundo, y un buen motivo para soltar suspiros y lagrimones a gusto, Orgullo y prejuicio. Luego llegaron otras joyas como United 93, honesto testimonio del abismo humano que se abrió el fatídico 11/S que cambió el rumbo de la historia. En el terreno de la acción brillaron sobre el resto Casino Royale, capaz de hacer revivir de las cenizas la saga Bond, y M:I:III, en la que Tom Cruise forma un magnífico tándem con J.J.Abrams, el cerebro de la serie Perdidos, que se marca un capítulo de dos horas de su otra gran serie, Alias. Por su parte, nuestro espíritu nostálgico se pudo saciar con la magnífica e incomprendida La dalia negra, experimento malsano y ortopédico, capaz de relucir como el viejo Hollywood y apestar como la peor de las pesadillas. Rebuscando entre otros géneros, el terror nos deparó el muy grato descubrimiento de Las colinas tienen ojos de Alexandre Aja, mientras la comedia demostró su buen estado de salud gracias al buen hacer de maestros del absurdo como Will Ferrell, en Pasado de vueltas, Jim Carrey, en Dick y Jane: ladrones de risa, y esa revelación llamada Sacha Baron Cohen, que con Borat se confirmó como el más punzante terrorista de la carcajada. Y para acabar con los halagos, destacar del repertorio nacional la fascinante fábula histórica que Guillermo del Toro nos regaló bajo el título de El laberinto del Fauno.
Pero el 2006 también nos deparó grandes decepciones, películas que nos aburrieron, indignaron e incluso hicieron que nos planteásemos, por un rato, no volver a pisar un cine. Uno de los fiascos más evidentes de la temporada fue El código Da Vinci (ya bautizada por algunos como El código Malinci), auténtico despropósito fílmico que se convertía en un elogio del tedio durante la friolera de 150 minutos. Otra que no se aguanta por ningún flanco es Los fantasmas de Goya: actores al borde de la catatonia, guión desmembrado, dirección errante... un poema. Sin embargo, las mayores decepciones llegaron de la mano de un grupo de directores “iluminados” cuya misión es la salvación de la especie humana. Convencidos de su poder, tanto Paul Haggis con Crash como Alejandro González Iñárritu con Babel, ofrecieron sendas lecciones sobre la manipulación, el efectismo y el sensacionalismo cinematográfico. Seleccionando como campo de batalla Los Ángeles y ¡el planeta tierra!, Haggis e Iñárritu componen sus discursos sobre el dolor, la culpa y el perdón dejando por el camino una radiografía superficial y tópica de la realidad, buscando siempre la imagen de impacto y el acoso sentimental. A M. Night Shyamalan también se le fue bastante la mano. En su torpe fábula acerca del destino de la humanidad, La joven del agua, Shy lleva al límite su rollito mesiánico y decide interpretar ¡él mismo! al salvador de la civilización. Rastreando el panorama nacional, encontramos la fallida adaptación al cine de Alatriste, compendio excesivo y deshilachado de narraciones que se viene abajo, entre otras cosas, por un casting dramáticamente irregular.
Estas son nuestras propuestas. Ahora está en vuestras manos decidir qué películas debe llevarse los honores y cual los abucheos. Disparad certeramente y sin piedad, prometemos contabilizar todos vuestros votos y comentar los resultados.