Mel Gibson lo ha vuelto a conseguir. Siguiendo el principio del “más difícil todavía”, el ex-oficial Riggs de la saga de Arma Letal acaba de convertir en nº1 de la taquilla USA su nuevo asalto a la dirección cinematográfica, Apocalypto, una película de 140 minutos, hablada en Maya (exhibida sólo en versión original con subtítulos), de una violencia y sadismo extremos, con un plantel de actores desconocidos y calificada R, para mayores de 17 años. En un fin de semana con fuertes competidoras (la comedia romántica The Holiday, la película de dibujos Happy Feet y la de aventuras políticas al servicio de Leo DiCaprio, Blood Diamond), la nueva entrega épica de Gibson, llena de torturas salvajes y sacrificios humanos, se ha encaramado al número uno del Box Office recaudando la nada modesta cifra de 14.1 millones de dólares.
Hasta ahí todo parece casi comprensible si tenemos en cuenta que La Pasión de Cristo también fue número 1 de taquilla y llegó a recaudar 83 millones. Lo que pone la piel de gallina es enterarse de que el 82% de los espectadores de la nueva entrega sangrienta de Gibson han sido parejitas de encantadores ciudadanos norteamericanos. A riesgo de parecer anticuado, me cuesta imaginar una velada romántica viendo una película que en palabras del crítico del Wall Street Journal, Joe Morgenstern, es lo más "obsesivo y gráficamente violento que he visto", aun cuando la considera "una obra visionaria con su propia entereza salvaje".
Con los críticos norteamericanos divididos entre los que consideran su nueva película una obra iluminada y los que la califican de “puro sensacionalismo amoral” (Jim Hoberman en The Village Voice), el amigo Mel parece haber descubierto la fórmula mágica del éxito: unos toques exóticos, un buen puñado de sacrificios humanos (como los de Braveheart y La Pasión), ingentes cantidades de sangre y, sobretodo, polémica, mucha polémica, cuanta más, mejor. Cuando aún colean los insultos antisemitas del pasado verano, que Gibson profirió a los policías que lo estaban arrestando por conducir borracho, los mártires del imperio maya de Apocalypto parecen sólo la primera piedra de una nueva senda de escándalos. Para empezar, el cineasta mexicano Juan Mora Catlett ha acusado a Gibson de plagio a su película Retorno a Aztlán.
Mel Gibson: ¿genio o enfermo megalómano? ¿artista visionario o maestro del marketing-escándalo? Y ya puestos, ¿qué mártir protagonizará la siguiente película del bueno de Mel? ¿Y en qué idioma estará hablada? Se admiten apuestas.