Ya están anunciadas las nominaciones de la versión española de los Oscar. Los Goya suelen ser un buen escaparate de lo que ha deparado la producción nacional durante el año. Los premios (manías, caprichos y rarezas a un lado) suelen ser un buen indicador del estado de salud de su cinematografía, apuntando tendencias y modas. Y en esta ocasión el veredicto parece claro: poquito pero bueno, o quizás, poquito pero reluciente. Así parece estar el cine español. Más que diversidad, las nominaciones han sido acaparadas casi por completo por cuatro títulos, aquellos que todo el mundo tenía en mente: Alatriste de Agustín Diaz Yanes encabeza la lista de preferidas con 15 nominaciones, le sigue de cerca Volver de Almodóvar con 14, la tercera en discordia es El laberinto del fauno de Guillermo del Toro con 13, mientras Salvador de Manuel Huerga cierra el cuarteto de privilegiadas con 13 nominaciones. ¿Nominaciones demasiado previsibles? ¿Demasiado conservadoras? ¿Los académicos no se han atrevido a apostar por los valores emergentes?
Las vacas sagradas tienen en sus manos todas las cartas de la baraja. Los directores de las cuatro películas con más nominaciones han sido distinguidos en su categoría. Sucede lo mismo en el caso de actores y actrices. Por Volver, está nominada Penélope Cruz; por Salvador, Daniel Bruhl; por El laberinto del fauno, Sergi López y Maribel Verdú; mientras Viggo Mortensen es el representante de Alatriste. La lista de actores se completa con Juan Diego Botto por Vete de mí entre los chicos, y Marta Etura por Azul oscuro, casi negro y Silvia Abascal por La dama boba entre las chicas.
Para descubrir nombres nuevos hay que asomarse a la categoría que los Goya dedican exclusivamente a los directores principiantes. Los nominados a mejor dirección novel son Carlos Iglesias, por Un franco, 14 pesetas, Daniel Sánchez Arévalo, por Azul Oscuro, casi negro, Javier Rebollo, por Lo que sé de Lola y Jorge Sánchez Cabezudo, por La noche de los girasoles.
Las cuatro películas más nominadas han sido los títulos nacionales más taquilleros del año y son las que mejor representan al cine español como industria, como fabricante de grandes títulos que pueden triunfar tanto en casa como a domicilio, como lo están demostrando Volver y El laberinto del fauno en USA. ¿Son estas nominaciones una apuesta clara por fortalecer la industria? ¿Mejor promocionar grandes títulos que puedan triunfar fuera que ayudar a pequeñas películas en la taquilla nacional? ¿No sería más interesante echar una mirada al futuro que ensimismarse en el presente? Ante este panorama previsible y monopolizado por los grandes títulos, los pronósticos y preguntas son bastante obvias: ¿Habrá reconciliación entre Almodóvar y la Academia? ¿Quien triunfará en los apartados técnicos, Alatriste o El laberinto del fauno? ¿Durará la ceremonia de los Goya menos de cuatro horas? ¿Será de una vez por todas un espectáculo decente y breve?