Macaulay Culkin: fue el auténtico rey de principios de los 90. A los diez añitos, Sólo en casa lo catapultó a una cima tan elevada que luego no le quedó más remedio que caer en picado. Llegó a cobrar 8 millones de dólares por película, antes de que sus padres se separasen e iniciaran una despiadada batalla legal a costa del pequeño Mack. Luego vinieron los escarceos con las drogas, que culminaron en su detención por posesión de marihuana y exceso de velocidad. Hoy, su última película, Party Monster, se cubre de polvo en las estanterías de los video-clubes.
Lindsay Lohan: la niña mimada de la televisión norteamericana y los estudios Disney de los últimos diez años, no dejó de cosechar éxitos como Tu a Londres y yo a California, Ponte en mi lugar o Chicas Malas, hasta que la niña se convirtió en adolescente y se dio cuenta de lo mucho que molaba la marcha. Convertida en la protagonista de todos los saraos, las cosas se pusieron feas cayó en la adicción al alcohol y las drogas, además de sufrir trastornos alimenticios. A sus 20 años, Lindsay es tan famosa por sus películas como por sus entradas a las clínicas de desintoxicación.
Haley Joel Osment: otro que empezó arrasando con sucesivos éxitos como El sexto sentido, Cadena de Favores o Inteligencia artificial, pero que luego se dio el batacazo conduciendo borracho y bajo los efectos de la marihuana, accidente que le costó una costilla fracturada, un brazo dislocado y la amenaza de una condena en prisión. El chico ha perdido su carita angelical y ahora se dedica a ponerle voz a películas animadas y a participar en películas destinadas al olvido.
Drew Barrymore: ella es la demostración de que se puede ser niña prodigio, adolescente descarriada y luego resurgir como gran estrella de Hollywood. Antes de convertirse en una de las Ángeles de Charlie y de darle la réplica a Ben Stiller o Adam Sandler en comedias de éxito, la pequeña Drew, que conquistó los corazones de medio mundo como la niña con coletas de E.T., pasó una adolescencia sumida en problemas con las drogas y el alcohol, un trágico camino que culminó en un fracasado intento de suicidio.
Elijah Wood: para que no digan que sólo nos tira el morbo, ponemos un ejemplo de chaval con la cabeza bien puesta sobre los hombros. Elijah empezó a la sombra del rubito Macaulay-solo-en-casa-Culkin, pero ya en El buen hijo se demostró cual de los dos era el bueno. A los 26 años, Elijah no ha cesado de trabajar y cosechar éxitos a lo largo de toda su carrera, desde Eternamente joven hasta Bobby, pasando por su inolvidable encarnación del Frodo de El señor de los anillos.
Daniel Radcliffe: con este aún está por ver qué va a pasar. De momento, está claro que ya no pega como un Harry Potter aniñado. Así que o hacen crecer a Harry, el personaje, a marchas forzadas o Radcliffe va a tener que buscarse la vida lejos de la factoría Potter. De momento ya se ha anunciado la sexta entrega de la saga para 2008, pero ¿habrá vida después de Potter para Daniel Radcliffe?
Christina Ricci: la Miércoles de La Familia Adams y la amiguita de Casper, el fantasma bueno, se ha mantenido dentro de la industria del cine hasta el día de hoy, pero a un precio considerable. Ricci (de 26 años) ha declarado que cayó enferma de anorexia a los catorce años agobiada por los modelos y códigos de belleza que impone la sociedad. La carrera de Ricci sigue viento en popa, pero su apariencia y delgadez hacen sospechar acerca de su buena salud.
Shirley Temple: ella fue la niña mimada de la época dorada de Hollywood. Nacida en 1928, durante 1936-37-38 fue la estrella más taquillera de la industria, superando a leyendas como Clark Gable o Gary Cooper. Pero su éxito decayó pronto y terminó dedicándose a la política. Ella fue la primera de una larga serie de niños/as prodigio que han poblado las pantallas de Hollywood hasta la actualidad. Desde Mickey Rooney hasta Judy Garland, pasando por la mismísima Elizabeth Taylor, todos gozaron del estrellato infantil, una prueba que no todos consiguieron superar.