Finalmente, Martín Scorsese tuvo su gran noche de los Oscar, una victoria que le había sido esquiva en tantas otras oportunidades. En su 79 edición, los premios de la Academia de Hollywood hicieron justicia con un cineasta que ha marcado toda una era de la historia del cine de su país. Infiltrados ganó, y lo hizo de forma clara , viendo reconocidos, con sus cuatro Oscar, sus mayores virtudes: la precisa y vibrante realización de Scorsese, mejor director, el eficaz y punzante guión adaptado de William Monaghan y el fiero y aguerrido montaje de Thelma Schoonmaker, montadora habitual de Marty, valores suficientes para que se alzara con justicia con el galardón a la mejor película. Además, este merecido reparto de premios permitió asistir al que debió ser el único gran momento de la velada, por su emotividad y significación histórica: la entrega del Oscar al mejor director a Scorsese de manos de sus viejos amigos Steven Spielberg, Francis Ford Coppola y George Lucas, entre los cuatro, el cuerpo y el alma del Nuevo Hollywood de los setenta, proyectados hasta el presente gracias a ese universo de glamour, fantasía, egos y talento que es la meca del cine.
Por su parte, otra triunfadora de la noche fue El laberinto del fauno, que se alzó con tres premios: al mejor maquillaje (para los españoles David Martí y Montse Ribe), mejor dirección artística (para el mexicano Eugenio Caballero y la española Pilar Revuelta) y mejor fotografía (para el también mexicano Guillermo Navarrete). Sin embargo la que podría haber sido una satisfacción total se vio parcialmente opacada por la pérdida de los dos galardones a los que aspiraba Guillermo del Toro, el de mejor película de habla no inglesa, que fue a parar a la alemana La vida de los otros, y el de mejor guión original, que conquistó Michael Arndt por Pequeña Miss Sunshine. En otra categoría en la que se albergaban esperanzas de un triunfo nacional era en la de mejor corto de acción real, donde estaban nominados Javier Fesser y Luis Manso por Binta y la Gran Idea, y Borja Cobeaga por Éramos pocos. Ambos cortos fueron superados por West Bang Story de Ari Sendel, que al tratar el conflicto árabe-israelí puedo verse beneficiado por aspectos de la coyuntura política.
En una gala demasiado extensa y poco brillante, interrumpida continuamente por anodinos montajes de imágenes y con una Ellen de Generes cuyo desparpajo cotizó tan alto como su poca presencia como conductora del evento, la ceremonia deparó un palmarés bastante repartido y sin grandes sorpresas. Prácticamente ninguna en los apartados actorales, lo que privó a Penélope Cruz de dar la campanada y alzarse con el preciado Oscar. Se impusieron los favoritos Forrest Whitaker (El último rey de Escocia) y Helen Mirren (The Queen) como mejores actores principales y Jennifer Hudson (la más emocionada por Dreamgirls) y Alan Arkin (Pequeña Miss Sunshine) como secundarios. Que Arkin le arrebatara la estatuilla a Eddie Murphy se puede considerar la única sorpresa relativa de la gala.
De entre el resto de favoritas, Babel se marchó con las manos casi vacías y con ella se disiparon algunas posibilidades de darle el prometido color intercultural a la ceremonia. Ni las actrices japonesa (Rinko Kikuchi) y mexicana (Adriana Barraza), ni el propio Iñárritu se llevaron ningún premio. Sólo el argentino Gustavo Santaolalla se alzó con un Oscar por Babel, gracias a su partitura musical ara la película. Además, cabe destacar que Santaolalla repitió premio, ya que el año pasado ya había ganado con la banda sonora de Brokeback Mountain. Mientras, Cartas desde Iwo Jima de Clint Eastwood sólo se llevó a casa un premio técnico (a la mejor edición de sonido). Esta era la noche de Scorsese, no la de Eastwood, justo al revés que hace dos años, cuando Clint barrió con su Million Dollar Baby y dejó seco al Aviador de Marty. También recogieron premios de la pedrea técnica María Antonieta (mejor vestuario para Milena Canonero), Dreamgirls (mezcla de sonido) y Piratas del carbe: El cofre del hombre muerto (efectos especiales).
En otros apartados genéricos, encontramos que Happy Feet se impuso en la categoría de mejor película de animación, mientras que la figura del ex-presidente norteamericano Al Gore fue una de las presencias más destacadas, mencionadas y reverenciadas durante la ceremonia. Primero por Leonardo di Caprio, con el que compartió escenario para concienciar sobre los peligros del calentamiento global, luego con la victoria en la categoría de mejor documental, con Una verdad incómoda y luego, además, con los sentidos agradecimientos de Melissa Etheridge, ganadora del Oscar a la mejor canción original por I need to Wake Up, tema perteneciente a la banda sonora del documental de Gore. En ese sentido, la gala tuvo mucho de mitin de partido político ecologista.