Hace ya bastante tiempo, que el escritor inglés Martin Amis definió el festival de Cannes como una tragicómica feria de las vanidades, un enloquecido desfile de actrices porno, estrellas, estrellas de medio pelo, travestis y mendigos. Han cambiado dos cosas desde entonces: 1. ya no se ven actrices porno por aquí, porque el alcalde prohibió la celebración del festival de cine porno de Cannes que hasta hace unos años se celebraba en paralelo a éste. En lugar de ellas, ahora hay muchas prostitutas de lujo, casi siempre agarradas a ricachones calvos, gordos y arrugados. 2. Ahora, para ver la feria en todo su esplendor, hay que venir en weekend, que es cuando todo el mundo quiere exhibirse; entre semana la cosa pierde bastante colorido. Suerte que, como el jueves ha sido fiesta en Cannes y quien más quien menos hace puente, este año tenemos por aquí cuatro días seguidos de putas de lujo, ricachones arrugados, estrellas, estrellas de medio pelo, y mendigos. Una fiesta, vamos.
Casi dan ganas de no meterse en el cine, aunque, a estas alturas, un par de cosillas interesantes ya se han visto. Al final, la película rumana del jueves por la tarde sí hablaba de la dictadura de Ceaucescu, como todas las pelis rumanas, pero el rollo político quedaba en segundo plano. '4 Luni, 3 Saptamini Si 2 Zile', se llama, y la verdad es que es un peliculón. Eso sí, seca como la mojama. Dura de narices. De ésas que te dejan tocado. Como no la van a estrenar ni de coña en España, la cuento. Una joven tiene que abortar. Su mejor amiga la ayuda a contactar con un practicante de abortos ilegales. Alquilan una habitación en un hotel que parece el cuartel general de las SS. El sujeto llega allí, las amenaza, las viola a las dos y luego practica el aborto. Y luego se va. La embarazada expulsa el feto. Su amiga se deshace de él tirándolo al vacío por el deslunado de un edificio. No apta para suicidas.

Tampoco precisamente divertida es la nueva de David Fincher, Zodiac, que como estos días se estrena en España ya conoceréis. No será divertida, pero es una de las películas del año: cuando Fincher era sólo un niño y vivía en San Francisco, un asesino en serie tenía la ciudad cagadita de miedo, y durante años tuvo como locos a la policía y la prensa. Nunca lo pillaron. Durante dos horas y media de película, ahí es nada, Fincher recrea el caso a través de un festival de saltos temporales y geográficos, comprobaciones, especulaciones, deducciones, decodificaciones, análisis de huellas dactilares, testimonios e informes grafológicos. Parece ser que el director se ha vuelto majara perdido mientras rodaba la película, y que se ha cebado tanto con los actores que, a estas alturas, más o menos lo odian. En la alfombra roja, al menos, Jake Gyllenhaal, que estaba al lado suyo, parecía a punto de romperle la napia de una hostia.
¿Qué más? Pues, para abreviar, digamos que han quedado claras tres cosas: 1. Que se puede hacer una película de más o menos cualquier cosa: el director taiwanés Hou Hsia Hsien, algo así como el Kaká del cine de autor, ha hecho una sobre un globo, un globo de color rojo que se pasea por las calles de París, que le ha salido preciosa. Sale Juliette Binoche ya mayor, en plan mamá algo histérica, y lo borda; 2. Hong Kong ya no es lo que era: puede que los chinos del sur sigan siendo haciendo películas de gángsters como churros, pero algo si se juntan Tsui Hark, Ringo Lam y Johnnie To, los tres cracks del género, y les sale un turro de película –Triangle, se llama--, es que algo no va bien; y 3. Hay mucho aprovechado por ahí: seguro que a muchos de vosotros os suena el nombre de Antón Corbijn. Era el fotógrafo oficial del genial grupo Joy Division, y también les hacía los videoclips hasta que su líder, Ian Curtis, se ahorcó en la cocina de su casa porque era epiléptico y depresivo y le dolía la vida –un mártir, vamos--. El tal Corbijn se ha pasado 25 años explicándole a la gente, con fotos y libros y esas cosas, que él lo vvió todo muy de cerca, y ahora debuta como director de cine con Control, la historia, cómo no, de Joy Division e Ian Curtis, que ni siquiera es una buena película. Tendrá jeta el tío.