El tiempo no pasa en vano y hasta los más duros acaban reblandeciéndose. Esa es la sencilla conclusión que podemos extraer de las declaraciones de Bruce Willis para el diario checo Lidove Noviny a propósito de la primera entrega de La jungla de cristal, saga mítica donde las haya, y con motivo del estreno de la cuarta entrega de la franquicia, cuyo título original es Live Free, Die Hard: "Aquella película se convirtió en un festival incontrolado de tacos". ¡Pues claro! Y esa era parte de la gracia. John McClane es un bruto, un policía callejero, uno de los últimos eslabones en la cadena de tipos duros al estilo de Harry Callahan (el sucio), Rambo o Plisken, el serpiente. Sin embargo, parece que el tiempo ha convertido a aquellos machitos de armas tomar en dinosaurios extinguidos por la actual corrección política. Según se anuncia, en la nueva entrega de La jungla de cristal se ha mitigado el lenguaje áspero y soez que caracterizaba a McClane. Hablando claro: han vuelto a McClane un finolis.
Bruce Willis, de 52 años, tiene mucho que agradecerle a John McClane. Aunque ya era conocido en el mundillo cinematográfico (había aparecido en Cita a ciegas), Willis encontró en La jungla de cristal el impulso para ser catapultado al estrellato. Curiosamente, según explicó el actor al rotativo checo, Willis pudo participar en el rodaje de la primera entrega de la saga gracias a la interrupción de la exitosa serie de televisión Luz de luna debido al embarazo de la partenaire del actor en la ficción: Cybill Shepherd. Aquel encadenamiento de acontecimientos permitió a Willis encarnar a McClane, a las órdenes de John McTiernan, en la película rodada en 1988 y filmada en buena parte en las torres Nakatomi de Los Angeles.

Según ha comentado
Willis, parece ser que McClane ha recibido un lavado de cara en la nueva entrega de
La jungla de cristal, un proceso de edulcorado que lo va a presentar como un tipo menos malhablado que en las anteriores entregas de la saga. De hecho, y en relación a este tema,
Willis ha declarado: "
Hace unos años grabé unos diálogos algo más suaves para aquella película (la primera parte de La jungla...)
, pero enseguida recibí una carta de mi tía escandalizada, que me ponía verde". Esta práctica de “limpiar” viejas películas de comportamientos o imágenes políticamente incorrectas se ha convertido casi en una costumbre en el
Hollywood actual. Al respecto, sólo cabe recordar cómo en la última reedición de una película como
E.T.,
Steven Spielberg decidió cambiar digitalmente las armas que sostenían unos policías por walkie talkies. ¿A nadie le parece que se ha llegado demasiado lejos?
En la cuarta entrega de
La jungla de cristal,
McClane debe enfrentarse a unos terroristas cibernéticos que tratan de hacer sabotaje y dejar en la oscuridad todo el territorio de los
Estados Unidos. Según Willis, en el nuevo filme "
se siguen echando pestes y diciendo lindezas aunque algo menos, ya que son las reglas de hoy a las que tenemos que someternos". Con ayuda de una pirata cibernético profesional, McClane se bate en medio de la sangre y espectaculares golpes con los terroristas. Finalmente, más duro o más blando,
McClane es siempre
McClane, el tipo duro y sufridor nato cuyo sello personal es esa inconfundible risilla irónica, regalo del gran
Bruce Willis.