La transformación física es una de las prácticas más viejas y llamativas de los actores de Hollywood. Sea por un afán de reivindicar su condición de actores, más allá de su cara bonita, o como una manera de interiorizar sus personajes y darles más credibilidad, la lista de actores y actrices que han decidido transformar y afear su aspecto es larga, y está repleta de grandes o bochornosos momentos de la historia del cine. La última en sumarse a esta elitista lista es Angelina Jolie, que en su encarnación de Mariane Pearl en Un corazón invencible ha decidido rizarse el pelo y eliminar un alto porcentaje de su sex appeal natural. Desmaquillada y con una permanente expresión de angustia, la Jolie en la película luce realmente distante de la imagen de “mujer de portada” a la que nos tiene acostumbrados. Indagando un poco más en la historia de las transformaciones físicas, repasamos algunas de las más memorables:
Charlize Theron (Monster): El afear la propia imagen, cuando hablamos de actores, no sólo es una manera de conseguir que te tomen en serio dentro de la profesión, sino también una puerta abierta hacia la estatuilla más deseada por todo actor o actriz vivo/a: el Oscar. En este caso, la Theron supo jugar sus cartas y llevó hasta las máximas consecuencias su transformación, perdiendo todo rastro de atractivo.
Nicole Kidman (Las horas): Nicole, como Charlize, también lo tenía claro. Ella no necesitaba el prestigio dentro de la industria, ya contaba con ello. Sin embargo, aún le faltaba conquistar las más preciadas mieles del éxito hollywoodiense. Con la encarnación de Virginia Wolf en Las horas, transformando por completo su nariz y haciendo invisibles sus finos rasgos faciales, Nicole volvió a entregar una interpretación memorable que le valió, como no, el Oscar a la mejor actriz.
Salma Hayek (Frida): El caso de Salma parece más distante de todo lo que tiene que ver con Hollywood. Bien es cierto, que la actriz de origen mexicano estaba necesitando un cierto empujoncillo moral y de prestigio cuando interpretó a Frida Kahlo en la película “Frida”, pero en su caso, la transformación y la entrega que mostró en esta película estaban claramente guiadas por su compromiso con el proyecto, que había perseguido durante años y que finalmente había decidido producir. De paso, su papelaza le valió una nominación al Oscar a la mejor actriz.
John Travolta (Hairspray): El último en sumarse a la moda de los cambios radicales ha sido John Travolta, que en la nueva versión del musical Hairspray se transforma en una enorme mujer que no tiene complejos a la hora de lanzarse a bailar y marcarse los más delirantes números musicales. Travolta no necesita ya ninguna reivindicación actoral y es poco probable que sueñe con alzarse con un Oscar por este papel. Este parece un caso de simple sentido del humor y la ironía. Y bueno, quizás unos cuantos millones de dólares acabaran de convencer a John de que vestirse de mujer no podía ser tan malo.
Robert de Niro (Toro Salvaje): Hay ocasiones en que un actor parece tocado por el signo de la genialidad. En esos momentos, todo puede suceder, ya que la línea que separa al actor del personaje puede volverse casi invisible. Entonces, el actor, persiguiendo dar la máxima credibilidad a su creación, poseído por ella, puede internarse en un viaje trepidante a los límites de la transformación. Este fue el caso de Robert de Niro en Toro Salvaje, en la que engordó más de 30 kilos para hacer creíble el declive físico y moral del mítico Jake La Motta. De ahí surgió una de las más míticas interpretaciones de todos los tiempos.
Penélope Cruz (No te muevas): Nuestra aportación nacional al club de las guapas-feas no podía ser otra que nuestra actriz más internacional, Penélope Cruz. Para dar credibilidad a su papel en No te muevas, nuestra Pe decidió prescindir de su imagen cuidada y estilizada para embarcarse en una aventura interpretativa que terminó valiéndole un premio a la mejor actriz de la academia del cine europeo.