Parece
evidente que la actriz Kate Hudson y el ciclista Lance Armstrong, ganador de
siete Tour de Francia, ya son una pareja oficial. Han pasado juntos el pasado fin
de semana en Austin, Texas y, aunque no estaban solos, parece confirmada su
unión de algo más que amigos.
Aunque no
está confirmado de forma oficial que exista una relación sentimental entre ambos,
lo cierto es que ambos cenaron juntos en un restaurante de cinco tenedores en
la ciudad tejana donde reside el ciclista. Pero no es la primera vez que se les
veía juntos. Días atrás, Kate, que actualmente tiene 29 años y Lance, de 36, coincidieron
casualmente en un restaurante de la gran manzana, después de acudir al
concierto de Kid Rock, para repetir cita este sábado con amigos y familiares.
Hasta el
momento parece que la guapa Kate mantenía una extraña relación con Owen Wilson
y a Lance se le ha relacionado con la jovencísima actriz Ashley Olsen, después
de romper con la diseñador Tory Burch y anteriormente con la cantante Sheryl Crow.
Es de sobra
sabido que uno de los pilares de Hollywood son las apariencias. El
estilo, el glamour, la armonía estética... todo ello forma el corazón de la
imagen que la meca del cine proyecta hacia todo el mundo. Un universo de reglas
estrictas en el que las rarezas son contadas. Y sin embargo, de tanto en tanto,
nos llega alguna de esas noticias que, de entrada, chirrían y destruyen el
uniformado y bello paisaje del frívolo Hollywood. Noticias de parejas
que, para decirlo llanamente, no pegan ni con cola, y que sin
embargo parecen encantados de retozar públicamente y anunciar a los cuatro
vientos su romántico enlace.
Aunque esta
pareja sí que parece algo posible, no lo era tanto la anterior unión del
ex-ganador del Tour de Francia Lance Amstrong y la niña prodigio y luego
oveja descarriada Ashley Olsen. Ni al más descerebrado guionista de Hollywood
se le podría haber ocurrido juntar a estos dos: un crack del ciclismo, al que
en los últimos años acompañaba fielmente la cantante Sheryl Crowe, y la
mitad del dúo que dio vida al bebé de la mítica serie Padres Forzosos.

Este es un capítulo de una infame saga de romances imposibles que han sido la comidilla de Hollywood debido a su imagen anti-estética, siempre a contracorriente de lo políticamente correcto. En la actualidad, colean varias de estas parejas. La más popular es seguramente el matrimonio formado por el joven Ashton Kutcher (protagonista de clásicos juveniles como Colega, ¿dónde está mi coche?) y la veterana Demi Moore. La diferencia de edad salta a la vista y, a decir verdad, no tiene color al lado de la ejemplar pareja que formaron durante muchos años Moore y uno de los más duros de Hollywood, el gran Bruce Willis. Otra de las parejas que están dando mucho que hablar es la formada por el tejano Robert-chico-malo-Rodríguez y la angelical Rose McGowan. En este caso, sorprende tanto la disparidad de imágenes como la intrahistoria de la pareja. El tema es que se ve que Rodríguez está empeñado en hacer de su nuevo amor una gran estrella y se está jugando su futura carrera en su nombre. Se comenta que los ejecutivos responsables de la nueva versión de Barbarella, que iba a dirigir Rodríguez están a punto de prescindir de él debido a su obsesión por que McGowan protagonice el filme.
Otra pareja que se está llevando bastante palos últimamente es la formada por Jennifer López y Marc Anthony, una clara demostración que el éxito no es una cuestión matemática. Es decir, que la suma de dos figuras populares no garantiza el doble de fama. El batacazo de taquilla de la película El cantante, protagonizada por la pareja, es la demostración.

Y ya si nos ponemos a escarbar en la historia reciente, podemos encontrar otras parejas al borde del surrealismo como la formada por Dennis Rodman, ex-estrella de la NBA, y Carmen Elctra, ex-chica Playboy, que se sumaron al club de los famosos locos que se casan a la carrera en Las Vegas y que, como suele ocurrir, no duraron juntos ni dos telediarios. Luego tenemos a las típicas parejas formadas por super-estrella de Hollywood y modelo de alto caché, cuyo máximo ejemplo lo dieron Richard Gere, actor con pretensiones espirituales, cuy rollo budista y seudo-intelectual no pegaba ni con cola con la imagen frívola y desenfadada de la top model Cindy Crowford. Algo parecido, quizás no tan exagerado, sino más sutil, pasa con la pareja formada por Mathew Broderick (con su cara de buenazo) y Sarah Jessica Parker, la chica sofisticada y gran protagonista de Sexo en Nueva York. Que no, que no pegan. Y para rematar el asunto de las parejas imposibles, la joya de la corona, una corona vacía ya que los protagonistas de este enlace cayeron víctimas del peso de una fama nada convencional. Me refiero al dúo formado por James Howard Marshall, multimillonario nacido en 1905, y Anna Nicolea Smith, pechugona oficial del reino, nacida en 1967. La resta es fácil: se llevaban 62 años y el final de la historia fue previsible, en vistas de la truculenta vida de la Nicole Smith, que no tuvo demasiado tiempo para disfrutar de la herencia del magnate antes de caer víctima de una sobredosis de metadona.