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# martes, 11 de diciembre de 2007 10:19

Fuego en el cuerpo

Llega a nuestras pantallas la última película de ese gran narrador llamado Ang Lee, un animal cinematográfico capaz de solventar con mano de artesano una película de artes marciales, una de cowboys gays o un drama británico de época. Pues bien, ahora a Lee le ha dado por transitar las turbias y ardientes sendas de thriller erótico, uno de nuestros sub-géneros favoritos. Es ahí, entre los húmedos pliegues del crimen, la corrupción, las sombras y el deseo que nacen las pasiones más fulgurantes, los instintos más básicos. La película de Lee, Deseo, Peligro narra los escarces sentimentales y sexuales desatados entre la joven y bella Wong Chia Chi (Tang Wei), miembro de la resistencia china contra la ocupación japonesa, y el general Yee (Tony Leung), uno de los dirigentes del brazo colaboracionista chino. Ella tiene la misión de espiarle, de ganarse su confianza... y no encontrará mejor método que el de conquistarlo a través del sexo. Este interesante planteamiento, que resulta en una magnífica película, nos despierta las ganas de rebuscar entre los estrenos de los últimos años, otras muestras de nuestro querido thriller erótico.

 

Tenemos por ejemplo la película En carne viva, famosa por ser el primer filme en el que la mojigata Meg Ryan enseñó sus más íntimos encantos en la pantalla. De hecho, el thriller erótico ha servido en muchas ocasiones de plataforma para que actores célebres se mostrasen en la gran pantalla tal y como dios los trajo al mundo. Es el caso de Bruce Willis en la ya olvidada El calor de la noche, en la que compartía más de una escena subidita de tono con la sensual Jane March, o de Neve Campbell y Denise Richards, que lo ponían todo de su parte en la célebre Juegos Salvajes. Otros ejemplos recientes de abordaje del thriller con un punto de sexo son Suavemente me mata, en la que Heather Graham y Joseph Fiennes se montaban un carnaval erótico en la primera mitad del filme, Baise-moi de las francesas Virginie Despentes y Coralie Trinh Thi, en la que un par de chicas malas con ganas de romper reglas se lanzaban a un vendaval desesperado de sexo y violencia, Femme Fatale de Brian de Palma, en la que Rebecca Romijn-Stamos volvía loquito a Antonio Banderas con su cuerpazo de vértido, El libro negro de Paul Verhoeven, en la que Carice VanHouten se introducía en la vida de un general nazi a golpe de lujuria y, por último, un caso no tan evidente, pero igual de perturbador: la película Hard Candy, en la que la joven Ellen Page se vengaba de un hombre deseoso de encuentros con jovencitas acordados por internet.

 

Para comprender en su conjunto las normas y vertientes del thriller erótico es recomendable echar la vista un poco hacia atrás y buscar sus máximos referentes. Así, por ejemplo, en la década de los 90, una edad dorada para el género, pudimos ver en acción, en más una ocasión, a la gran Sharon Stone dando rienda suelta a su lujuria en maravillas como Instinto Básico de Paul Verhoeven (un maestro del género) y Sliver, haciendo de mirona junto a William Baldwin. Lo que no vale la pena recordar es la pobre secuela de Instinto Básico que tuvimos la desgracia de ver hace poco en la gran pantalla. Otra diosa, un poco más efímera, del thriller sexual de los 90 fue la increíble Linda Fiorentino, que nos puso a cien en sus perturbadoras apariciones en la seminal La última seducción y en la más olvidable Jade. De obligada mención resulta también La mano que mece la cuna, que, aunque no utilizaba el sexo puro y duro como su principal arma, sí que lo usaba de manera implícita en los estallidos de deseo posesivo de la inigualable Rebeca de Mornay, que luego se montó un festival sexual con nuestro Antonio Banderas en Nunca hables con extraños. 

 

Y si en los 90 encontramos a los padres de los thrillers calientes de hoy, en los 80 hallamos a sus abuelos. Piezas maestras como la calurosa hasta la extenuación Fuego en el cuerpo, con una pareja de lujo formada por William Hurt y Kathleen Turner en sus buenos y sensuales tiempo, la magnífica Doble cuerpo de Brian de Palma (otro abonado al género), que nos descubría a una joven y desvergonzada Melanie Griffith y la más irregular, pero mucho más popular, Atracción fatal, con un Michael Douglas pasándolas canutas a manos de la terrible Glenn Close.

 

Pues bien, hasta aquí nuestra historia particular del thirller erótico. ¿Qué os parece? ¿Os falta algún título esencial? ¿Alguna figura femenina que no os podéis sacar de la cabeza? ¿Algún arrebato sexual que haya marcado vuestra vida cinéfila? Tenéis vía libre para exponer vuestras fantasía fílmicas favoritas.

por magefesa

Comentarios

# V ha opinado el domingo, 16 de diciembre de 2007 0:48
re: Fuego en el cuerpo

Bueno iré a verla...

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