Ya forma parte del ceremonial. De la misma manera que el arbolito engalanado de bolas de colores, el pesebre siempre a medio completa, las comilonas de los días señalados y las calles iluminadas, la cartelera navideña es una cita ineludible de las fiestas familiares por excelencia. Además, nada es una casualidad. El amontonamiento de títulos orientados al consumo infantil y juvenil llega siguiendo el son de la orquesta festivo-comercial de cada año. Las películas siguen patrones y esquemas de sobra conocidos y el conjunto acaba produciendo una intensa sensación de deja vu, cuando no un desasosiego parecido al que sufría Bill Murray en Atrapado en el tiempo. Llega la navidad a la gran pantalla... otra vez. Lo cierto es que podría diseñarse una plantilla bastante simple que serviría para describir y organizar las películas de cada navidad. Los temas serían la épica, la celebración de la bondad, la compañía de la familia y los relatos bíblicos. Eso sí, hay una característica que año a año va adquiriendo proporciones más descomunales: la apariencia surrealista y lisérgica de algunas de las propuestas cinematográficas. Veamos los ejemplos de este año.
Por un lado tenemos a Dustin Hoffman caracterizado como lunático chiflado con ecos de Santa Claus. El personaje en cuestión es Mr. Magorium y es el propietario de una gran juguetería que está a punto de ceder a su más fiel colaboradora, que responde a las facciones de Natalie Portman. La película es Mr. Magorium y su tienda mágica y promete diversión y fantasía para toda la familia. Siempre toda la familia. No nos engañemos, hablamos de películas diseñadas para atraer hasta la sala a grupos familiares dispuestos a invertir en entradas, dulces y bebidas. La jugada perfecta. Lo único que no queda del todo claro es si son los niños los que arrastran a los padres hasta la sala oscura o son los padres que, ante el horizonte de una tarde con los chavales correteando por casa, deciden buscar cobijo en el cine más cercano. Bueno, siguiendo con el deja vu tenemos una película como Mimzy, más allá de la imaginación (habría que darles un premio a los creadores de los títulos de los filmes navideños). El planteamiento básico parece sacado de cintas como Jumanji, en la que dos niños encuentran un misterioso juego que los sumerge en una experiencia llena de misterio, aventura e... imaginación (sí, eso ya lo dice el título).
Luego, en el extremo surrealista de la ecuación navideña tenemos un filme como Alvin y las ardillas, en la que un grupo de, sí, ardillas, se entrometen en la casa del tal Alvin (el Jasón Lee de Mi nombre es Earl) y demuestran su ¡talento musical!. Continuamos con el apartado de animación que, en el caso de El arca de Noe, llega fusionado con ese otro gran sub-género navideño, el relato bíblico. Lo más alucinante de esta producción entre Argentina e Italia es poder escuchar a Alfredo Landa dando voz al mismísimo Dios y a Florentino Fernández doblando a Noé. Cómo mola la navidad. La otra película de animación lleva al extremo la idea de dotar de apariencia humana a las más diversas criaturas. Si Disney tiene debilidad por los animales antropomorfos y la mayoría de nosotros creció viendo los Fruitis (¡inolvidables!), ahora llegan Piccolo y Saxo, dos de los muchos instrumentos musicales que toman vida en esta peripecia animada.
Luego está La brújula dorada, que llena la cuota épico-fantástica que hace unos años ocupó El señor de los anillos y que la temporada pasada completó Eragon. La historia se remata con una de aventuras infantiles llamada La aventura de las aguilas. Y para el final hemos dejado una de las últimas modas del boom navideño: la fábula en torno a Santa Claus. Este año toca lidiar con Fred Claus, el supuesto hermano gamberra de Santa. Fred pondrá patas arriba el mundo organizado y apacible de Santa y hará peligrar la celebración de la navidad. Con Vince Vaughn haciendo de las suyas y aportando una dosis muy necesaria de mala leche, la propuesta parece un mix de películas como Elf, con el grandullón Will Ferrell, y Bad Santa, con el siempre descarado y genial Billy Bob Thornton.
Y así, ya tenemos completado el cuadro navideño. ¿Os falta alguna pieza? ¿Echáis de menos la magia macabra de grandes películas como Los fantasmas atacan al jefe o Pesadilla antes de navidad? ¿Os parece que el discurso honesta y profundamente humanista de clásicos como ¡Qué bello es vivir! Ha pasado a mejor vida? Y a todo esto, ¿vais realmente al cine por Navidad?