La carrera de Halle Berry ha dibujado una extraña parábola dentro de la industria de Hollywood. La chica empezó explotando a fondo sus encantos corporales curvilíneos en películas como la adaptación cinematográfica de Los Picapiedra, para luego convertirse en una de las grandes promesas actorales de la industria gracias a su papel en Monster's Ball, película por la que se alzó con el máximo galardón de la meca del cine: el siempre ansiado Oscar. Berry saltó entonces a la primera plana de los medios con su emocionado discurso de aceptación de la estatuilla dorada. Sin embargo, la pobre Halle se convirtió pronto en una de la víctimas del tío Oscar. Víctima en un sentido artístico, no monetario, ya que la chica seguro que se ha llenado bien los bolsillos gracias a sus intervenciones en bombazos de taquilla como la saga de los X-Men, Muere otro día (Halle fue una de las más calientes chicas Bond que podamos recordar), Gothika y Catwoman. Así, entre tanto héroe y super-héroe, el caché artístico de la Berry ha ido decayendo, como si de una burbuja efímera se tratara. Pues bien, convertida ahora en la embarazada más guapa de Hollywood, se le presenta a Berry la oportunidad de dar un nuevo revuelo a su carrera gracias a un nombre mítico de la música negra: Aretha Franklin.
La cuestión es que la mismísima Aretha, la dama y reina del Soul (así como del R&B y del Gospel), ha apadrinado la posible selección de Berry como la actriz que podría darle vida en el biopic que se está preparando sobre una de las cantantes más influyentes de la historia de la música, desde su eclosión y triunfo en el marco de la música negra a mediados de los 60. La oportunidad para Halle Berry es de oro, aunque la competencia para conseguir el papel se antoja ardua. Y es que además de la Berry, Aretha tiene a otras candidatas en mente: dos jóvenes cantantes y actrices arrimadas a lo más alto de la industria gracias a su paso por el concurso televisivo norteamericano American Idol (versión yanki de nuestra Operación Triunfo). Por una parte Fantasia Barrino, todavía poco conocida en la escena internacional, y por otra Jennifer Hudson, ganadora del último Oscar a la mejor actriz secundaria gracias a su deslumbrante participación en otro revival musical: Dreamgirls.
El disparo de salida está dado. El objetivo claro: un papel de oro. Ya no sólo por la relevancia musical de la figura de Franklin, sino también por el trasfondo dramático del personaje, una mujer divorciada dos veces, madre de cuatro hijos y voz activa en la lucha por los derechos raciales en una época oscura en la historia de los Estados Unidos. Lo dicho, un potencial papel de Oscar. Algo que le vendría muy bien a la alicaída trayectoria de Halle.