La mesa del casino, las cartas, la mesa de billar, los tacos, las luces de neón de Las Vegas, el sonido de las máquinas tragaperras, las jugadas arriesgadas, el vértigo de la apuesta suicida… todos ellos, elementos relacionados con el juego. Todas ellas, imágenes que el cine ha sabido utilizar para condimentar un buen número de películas que han tomado el universo del juego como centro neurálgico de su trama. El último filme de esa larga estirpe es 21 Blackjack, que llega a nuestras pantallas para transportarnos de nuevo a ese paraíso de neón llamado Las Vegas, donde se puede llegar a ser lo que uno desee, donde los sueños pueden hacerse realidad, aunque también las peores pesadillas. Así, la película le sigue la pista a Ben Campbell (Jim Sturgess), un tímido y brillante estudiante que, debido a la necesidad de pagarse el siguiente año universitario, encuentra las respuestas que busca jugando a las cartas. Ben es reclutado por un profesor de matemáticas (Kevin Spacey) poco ortodoxo que es un genio en estadísticas y ha conseguido averiguar la clave para ganar. Seducido por el dinero, el estilo de vida de Las Vegas y por su inteligente y sexy compañera de equipo, Jill Taylor (Kate Bosworth), Ben comienza a cruzar los límites. 21 Blackjack es sólo la última pieza de una larga cadena de filmes míticos que se han centrado en el mundo del juego. Hagamos un repaso.
Si empezamos nuestro viaje en el mundo de las partidas de cartas, parece obligatorio iniciar la ruta en ese clásico llamado El rey del juego (1965), en el que Steve McQueen (Kid) y Edward G. Robinson (el Rey) se batían en duelo en varias memorables manos de poker. En juego: el honor, la condición de número 1. El cine seguiría aferrado al juego de cartas por excelencia y el sub-género viviría una nueva época dorada en los 90, con películas como Rounders (1998), nuevo y obligatorio referente del universo del juego en el cine, con un talentoso Matt Damon y un alocado Edward Norton buscándose la vida e intentando sobrevivir en un mundo al margen de la ley (dominado por la mafia). En un tono mucho más ligero encontramos a Maverick (1994), el neo-western en clave de comedia en el que Mel Gibson, Jodie Foster y James Garner se echaban unas risas jugando al poker en el lejano oeste. Mientras, el cine español afrontaría el problema del juego con mucho mayor rigor dramático en La vida mancha (2002) de Enrique Urbizu, en la que José Coronado y Juan Sanz eran unos hermanos separados por la distancia, los años y la ludopatía del segundo.
Saltando a otro juego que el cine ha explotado ampliamente llegamos hasta el sub-mundo marginal de los torneos de billar. Y primero, el gran referente, claro: El buscavidas (1961) de Robert Rossen, en la que un obcecado Eddie Nelson (Paul Newman) ponía su vida entera al servicio de un único objetivo: vencer al Gordo de Minnesota. Uno de los grandes duelos dramáticos del cine. En 1986, la película de Rossen tendría una secuela dirigida por Martin Scorsese y titulada El color del dinero. En esta ocasión un Nelson (de nuevo Newman) abatido por los años buscaría refugio en la formación de una nueva y joven figura: Vincent Lauria (Tom Cruise). Luego, lejos del glamour de Hollywood y en un registro descaradamente B, encontramos una película como A tres bandas (1996) dirigida por Enrico Coletta y ambientada en un submundo dominado por la mafia.
Otro territorio explorado por el cine ha sido el del mundo de las apuestas. Ahí está otro filme referencial como El golpe (1973) de George Roy Hill, en la que Paul Newman y Robert Redford se juntaban para montar la estafa más grande jamás organizada. Su estela sería reseguida, aunque con un final mucho más dramático, por Al Pacino y Matthew McConaughey en Apostando al límite (2005). De nuevo en el mundo de las apuestas, esta historia de maestro y aprendiz, adicciones y traiciones, demostraría en un par de horas tanto la efervescencia adrenalínica de las apuestas como el pozo sin fondo que queda después de la tormenta del juego.
Luego, hay otras películas que aunque no directamente centradas en la dinámica de un juego específico sí que han utilizado el mundo de los casinos como escenario de la acción, como es el caso de Ocean’s Eleven (2001) y sus secuelas y Casino (1995) de nuevo de Martín Scorsese.
¿Qué os ha parecido el viaje? ¿Tenéis alguna favorita de entre las películas mencionadas? ¿Os falta alguna en nuestra lista? Vuestro turno, hagan sus apuestas, señores (y señoras).