El mito dice que Hollywood es la meca del cine, allí donde los sueños e ilusiones se hacen realidad, allí donde se forjan los reyes midas de hoy. Hollywood como fábrica de ganancias, como poder económico de fiabilidad indiscutible. Pues bien, llegó la hora de acabar con el mito y destapar sus trapos sucios. Porque como toda industria, Hollywood también ha tenido sus altos y bajos, y mientras exponía al mundo su perfil más glamoroso y resplandeciente, en su subterráneo se agitaban aguas revueltas. ¿Y cual es la peor pesadilla para una industria que valora del mismo modo el arte que los billetes verdes? Pues está claro: los fracasos de taquilla. Patinazos en los que no sólo se han resentido los bolsillos de los ejecutivos, sino también las relaciones personales de los participantes en los proyectos. Meteduras de pata que han llegado a modificar la manera en la que se hacían los negocios. ¿Las causas? Múltiples. Aunque aquí os presentamos los grandes fiascos de la historia del cine clasificados en tres categorías: aquellos que respondieron a un exceso de megalomanía (algo habitual en Hollywood), aquellos fracasos que explotaron debido a problemas personales, y finalmente, aquellos rodajes que se terminaron convirtiendo en auténticas pesadillas.
Exceso de megalomanía
-Intolerancia (1916) de D.W.Griffith. Considerado el primer “megadesastre” de la meca del cine, el filme costó la friolera de 386.000 dólares de los de entonces, dinero con el que se construyeron unos decorados que aún hoy siguen siendo la mayor estructura creada para una película. Se llegaron a usar 4.000 extras, Griffith (padre de la narrativa clásica) lo perdió todo y tardó más de veinte años en cubrir todas las deudas que generó la película.
-El arca de Noé (1929) de Michael Curtiz. El director de Casablanca no pudo evitar el desastre en un rodaje en el que se almacenaron 150.000 litros de agua, que en la escena cumbre fueron lanzados al vacío sin poder controlar sus efectos. Provocaron la muerte de seis extras.
-Cleopatra (1963) de Joseph L.Mankiewicz. “Cleopatra fue concebida en estado de emergencia, rodada en estado de histeria y terminada con un pánico ciego”, explicó Mankievicz. ¿Hace falta decir más? 286,4 millones de dólares gastados por la Fox, retrasos, enfermedades, la tortuosa relación entre Liz Taylor y Richard Burton, el millón de dólares que se le pagó a la estrella, los 65 vestidos que lució la Taylor (incluido uno que se confeccionó con hilo de oro de 24 kilates), los problemas en el rodaje en Londres y Roma… Seguramente, el fracaso más sonado de toda la historia.
-El rostros impenetrable (1961) de Marlon Brando. Bajo la dirección del astro de Hollywood, el presupuesto se disparó de 1.600.000 a 6.500.000 dólares. Tan desmedido fue el comportamiento de Brando que los ejecutivos de la Paramount le quitaran el control del que podría haber sido “el mejor western nunca filmado y se quedó en una película de mala calidad”, en palabras del actor.
-Los ángeles del infierno (1930) de Howard Hughes. La megalomanía de Hughes era conocida por todo el mundo en el viejo Hollywood y no extrañó demasiado que el magnate se embarcara en esta colosal producción, que asistió a un desfile de directores antes de que el millonario obsesionado por el celuloide decidiera hacerlo el mismo. Numerosos accidentes y una secuencia que tardó seis meses en rodarse (hasta que salieron las nubes adecuadas para su rodaje, episodio recogido en El aviador de Scorsese) dejaron a Hughes con 1,5 millones de dólares en números rojos.
Problemas personales
-Rebelión a bordo (1962) de Lewis Milestone. Dos años de incidencias, un guión manoseado por varios escritores, cambios de director, ocho finales distintos y una inversión de 25 millones llevaron a la Metro al borde de la bancarrota. Y de nuevo Brando, en medio del desaguisado, avivando el fuego: noches de alcohol y mujeres, enfermedades venéreas y tropicales… Además de sobrepasar los cien kilos, el actor conoció a Tarita, madre de dos de sus hijos.
-Cumbres borrascosas (1939) de William Wyler. La pareja formada por Laurence Olivier y Merle Oyeron se detestaba, por lo que hubo broncas, espantadas y reconciliaciones. También trascendieron los choques del director, que era considerado un tirano, con miembros del equipo técnico y artístico. Candidata a ocho Oscar, la cinta tuvo decepcionantes resultados comerciales.
-El príncipe y la corista (1957) de Laurence Olivier. Marilyn Monroe convirtió el rodaje en una pesadilla. Llegaba siempre tarde al plató y exigía innumerables tomas para corregir hasta los más mínimos gestos, lo que sumía en la desesperación a Laurence Olivier, que dijo que la estrella rubia olía a sudor.
-Orgullo y pasión (1957) de Stanley Kramer. El reparto multiestelar –Frank Sinatra, Cary Grant y una jovencisíma Sophia Loren- debía garantizar el éxito de la cinta, pero se convirtió en su mayor problema. Como sus personajes, Grant y Sinatra se enamoraron de la exhuberante italiana. ‘La Voz’ siempre lo negó, pero los celos hicieron que ridiculizara al galán Grant sobre su sexualidad al llamarle ‘madre Cary’.
-Atormentada (1949) de Alfred Hitchcock. Esta película demostró que Hitchcock no era infalible. No fue cuidadoso con el dinero, tuvo una huelga de eléctricos y no logró un buen clima con Ingrid Bergman, cuyo idilio con Rossellini enfadó a los sectores más puritanos de Estados Unidos. Esto afectó negativamente al filme, que cayó pronto de la cartelera.
Rodajes de película
Apocalipsis Now (1979) de Francis Ford Coppola. Seguramente, junto al de Lo que el viento se llevó, el rodaje más infame de la historia. Coppola hipotecó sus bienes para concluir su frustrada Apocalipsis Now, película que casi le vuelve loco. Martin Sheen sufrió un ataque al corazón, Marlon Brando apareció con sobrepeso y obligó a que lo filmarán siempre a oscuras, hubo tormentas tropicales, retrasos, baches en la producción… La pesadilla definitiva según Hollywood.
El conquistador de Mongolia (1956) de Dick Powell. Con un John Wayne totalmente fuera de lugar en el papel de Genghis Khan, lo más grave del asunto es que rodaron seis semanas sobre arenas radiactivas y 45 miembros del equipo murieron de cáncer de los 90 que terminaron padeciendo la enfermedad.
La puerta del cielo (1980) de Michael Cimino. Fue la película que destrozó la economía de United Artists, que invirtió 50 millones de dólares y apenas pudo recuperar un par de ellos. Este western atípico se empezó a rodar una semana después de que su director obtuviera cinco Oscar por El cazador, y Cimino, envalentonado por el éxito, quiso hacer la obra de su vida. Para ello, no reparó en gastos y logró la plusmarca de película con un mayor metraje filmado: 500 horas.