Allí a donde va, Pedro Almodóvar
es venerado como el buque insignia de la cinematografía española de las
últimas décadas. Los franceses le adoran, los norteamericanos extienden
alfombras rojas por allí por donde pasa y el mundo parece rendido a su
talento. ¿No hay nadie que ponga en duda la figura del cineasta
manchego? Parece que no. Y quizás sea justamente eso lo que ha
provocado un buen jaleo a partir de un artículo publicado en el diario
británico The Guardian, que recoge EFE, en el que se afirma, en referencia a Almodóvar y el cine español que "un gran nombre puede hacer naufragar a toda una industria cinematográfica nacional monopolizando el interés internacional". Vamos, que el artículo sugiere que la extensa y poderosa sombra del director de Volver, Todo sobre mi madre y Mujeres al borde de un ataque de nervios, no deja lugar para que otros cineastas españoles puedan hacerse un lugar en el panorama internacional. ¿Será esto verdad? ¿Afecta la aplastante notoriedad de Almodóvar a otros directores que buscan hacerse un nombre en el extranjero?
La discusión está abierta, y el primero que ha querido exponer su punto de vista en el debate ha sido el propio Almodóvar
que, a la vista de su respuesta, parece realmente dolido por los
comentarios del rotativo inglés. El cineasta español ha calificado de “injusta” y “estúpida” la tesis defendida por The Guardian. ¿Hay para tanto? El director, que rueda estos día Los abrazos rotos junto a su nueva gran musa, Penélope Cruz, ha afirmado en una carta de respuesta al periódico británico que "es
profundamente injusto y además bastante estúpido culparme de la
ausencia de películas españolas en los cines del Reino Unido. Es
injusto hacia mí y hacia la realidad". Almodóvar respondía de esta manera al artículo publicado el 17 de junio por el hispanista Paul Julian Smith.
Puestos en materia, el director manchego a aprovechado para soltar unas
cuantas puyas sobre el funcionamiento del sistema de distribución
británico: "el mercado británico no da oportunidad a su público para que descubra películas rodadas en otros idiomas".
Está claro que Almodóvar sabe de lo que habla, ya que además de
director, realiza tareas como productor a la cabeza de su empresa El
Deseo, que dirige junto a su hermano Agustín. Además, en la frase más
punzante de su respuesta, Almodóvar ha llegado a preguntar al
articulista (Smith) si "se ha vuelto loco o sólo se trata de un uso inexacto de la lengua". Un punto para Pedro.
La discusión se ha ido caldeando hasta cotas altas de tensión. ¿Os parecen justos los comentarios de The Guardian? ¿Creéis
que Almodóvar está algo sobrevalorado en el exterior? ¿O más bien es
que en España tenemos la mala costumbre de no saber apreciar a nuestros
artistas más valiosos? Y por otra parte, ¿os parece desproporcionada la reacción de Almodóvar?
¿No están sus ataques al mercado británico un tanto fuera de lugar?
¿Estamos ante una respuesta adecuada a un ataque injusto o más bien
ante una rabieta?
Y la cosa no acaba ahí. Continuando con su argumentación, almodóvar ha recordado a los señores de The Guardian que la cuota de mercado para las películas rodadas en otras lenguas que no sean el inglés se reduce, en el Reino Unido, a un 1,3 por ciento. Y como remate a su respuesta a las acusaciones de monopolizar la atención del público, el realizador ha escrito: "El interés puede ser atraído o generado, pero no monopolizado porque pertenece a la persona interesada".
Finalmente, ha tenido que llegar la editora del rotativo, Catherine Shoard, para calmar un poco las aguas revueltas. Shoard ha contestado a Almodóvar
en la edición digital del diario, afirmando que su periódico nunca
pretendió "insultar" al realizador español o "culparle de la falta de
distribución de películas españolas en el Reino Unido". De hecho,
Shoard, que parece realmente acongojada por el foribundo ataque del
director español, se ha retirado de la contienda mediante un acto de
pleitesía y veneración, afirmando que "en el artículo sólo se acusa a Almodóvar de un crimen, el de la excelencia".
Asimismo, recalca que si el artículo pretendía criticar algo, era a las
audiencias del Reino Unido por ser poco receptivas hacia las películas
rodadas en otras lenguas y a los distribuidores británicos por su nivel
de conservadurismo.
En fin, la batalla parece zanjada y Almodóvar parece haberla ganado a los puntos. ¿Estáis de acuerdo?