El arte del remake vive una era dorada en el marco de la industria de Hollywood.
Los ejecutivos de la meca del cine parecen más dispuestos a reciclar
que a inventar y las relecturas de viejas películas proliferan como
churros en nuestras carteleras. Así, el panorama fílmico cabe reconocer
que se ha empobrecido un tanto últimamente. Sin embargo, hay ocasiones
en los que los remakes nos presentan ideas curiosas, extrañas, muy frikis,
que convierten el arte de la repetición en algo más, un juego de
variaciones, espejismos, simetrías y deformaciones que puede llegar a
ser muy sugerente. ¿A qué me refiero con todo esto? Pues por ejemplo al
Psicosis que en 1998 dirigió Gus Van Sant en el que se recreaba ¡plano a plano! La mítica película de Alfred Hitchcock de 1960.
¿El colmo de la holgazanería? ¿Un ejercicio sobre la imposibilidad de
la copia perfecta? Fuese lo que fuese, valía la pena perder un tiempo
observando las imágenes actualizadas y coloreadas de aquella vieja
experiencia de terror. Quizás sin llegar hasta esos niveles de
manierismo, llega a nuestras pantallas otro invento curioso: el remake
que el director austriaco Michael Haneke ha realizado en Estados Unidos
de la película que él mismo rodó en su país hace diez años. ¿Cómo
lucirá esta tétrica investigación sobre la irrupción del terror en el
marco de la intimidad con actores de Hollywood? ¿Por qué habrá aceptado
un director del caché de Michael Haneke repetirse a sí mismo de esta manera? ¿Aportará algo nuevo este remake a los que ya sufrimos de lo lindo con la película de 1997? En el peor de los casos, podremos al menos disfrutar de las interpretaciones de dos actores notables del Hollywood actual: Naomi Watts y Michael Pitt. Para poneros en disposición de disfrutar este sorprendente remake, os acercamos a algunos de los remakes más frikis de la historia.
Remitiéndonos
al pasado reciente, podríamos llegar a concluir que esta moda de
directores que se repiten a sí mismos es una tendencia reciente. Está
el caso ya comentado de Haneke y también el del japonés Takashi Shimizu que en 2004 fue fichado por Hollywood para realizar el remake yanki, protagonizado por Sarah Michelle Gellar, de su película Ju-on (2000). El nuevo filme se tituló El grito
y cabe admitir que no aportó nada a lo visto en la versión original.
Sin embargo, a pesar de estos ejemplos recientes, el caso de un
director que realiza un remake de una película suya anterior es una
vieja costumbre de Hollywood, empezando por uno de sus directores más
emblemáticos: Alfred Hitchcock. Lo más habitual cuando pensamos en El hombre que sabía demasiado, es que recordemos la versión en color de 1956 con James Stewart y Doris Day marcándose un cantecito con el mítico “Qué será, será…”. Sin embargo, pocos recuerdan que el maestro del suspense rodó en 1934, en su Gran Bretaña natal, una primera versión con el maquiavélico rostro de Peter Lorre
como sello distintivo. Luego, también encontramos a otros maestros del
viejo Hollywood que realizaron la misma operación. Ahí está El dorado de Howard Hawks, en la que se repetía la estructura de la seminal Rio Bravo, en la que un sheriff (siempre John Wayne) y sus acompañantes, (Dean Martin y Ricky Nelson en la primera; Robert Mitchum y James Caan
en la segunda) debían resistir sitiados los envites de una panda de
bandidos. Curiosamente, estos westerns tuvieron una revisión
modernizada y urbanizada por parte de John Carpenter en Asalto en la comisaría del distrito 13 (1976). Por último, cabe citar también el caso de Cecil B. Demille que realizó dos versiones, en 1923 y 1956, de Los diez mandamientos.
Aunque,
seguramente, los remakes más curiosos son aquellos que han sido
readaptados en sus respectivas relecturas a nuevos ambientes, épocas o
incluso géneros. Ahí está por ejemplo el caso de Los siete magníficos (1960) de John Sturges y con un reparto de lujo liderado por Yul Brynner, Steve Moqueen y Charles Bronson, que es en realidad la versión americana de la película japonesa Los siete samuráis (1954) del gran Akira Kurosawa.
Y pocos años después, el realizador italiano Sergio Leone se sumó al
carro de la revisión del filmes de Kurosawa cuando basó su Por un puñado de dólares (1965), con Clint Eastwood, en el filme Yojimbo (1961).
Otro
tipo de revisiones interesantes son aquellas que implican, por ejemplo
el cambio de sexo de un personaje, lo que puede resultar en fantasticas
variaciones sobre el original. El mejor ejemplo es el caso de Luna Nueva (1940) de Howard Hawks y Primera Plana (1974) de Billy Wilder. La primera versión, protagonizada por Cary Grant y Rosalind Russell, se basaba en la guerra de sexos que materializaban sus dos protagonistas, mientras en la versión de Wilder, al cambiar a la atractiva y carismática Russell por el más bien apocado Jack Lemon, la cosa tomaba un nuevo vuelo, que servía de plataforma para un duelo de altura del mítico dúo que formaban Lemon y Walter Matthau.
Otros casos de remakes frikis son por ejemplo la revisión que realizó Tim Burton en 2001 de El planeta de los simios
(1968), cuyo giro final le daba todo un nuevo sentido al relato. Y
luego, España también tiene su representante en esto de los remakes con
anécdota. Es el caso de Abre los ojos. ¿Quién
le iba a decir a nuestra Penélope en 1997 que en 2001 repetiría su
papel de Sofía, pero esta vez en escenarios de Nueva York y con Tom
Cruise como partenaire en el lugar de Eduardo Noriega?
Así
que ya veis, la lista es larga, aunque muy probablemente vosotros
recordéis otros casos de remakes curiosos. De los casos que hemos
comentado, ¿soléis preferir las versiones originales o sus relecturas hollywoodienses? ¿Se os ocurren otros remakes con anécdota?