Cuando en la edición de 2002 del Festival de cine de Berlín la película de animación japonesa El viaje de Chihiro se alzó con el Oso de Oro, la reacción general fue de absoluta estupefacción. A esas alturas, poco conocían a Hayao Miyazaki, auténtico maestro del Anime, y menos todavía contemplaban que una película “de dibujos” pudiera ser considerada la mejor en un gran festival. Podría considerarse que, poco a poco, y de la mano de aquel valiente jurado de Berlín, la situación del cine de animación japonés en los grandes festivales se ha ido normalizando, hasta llegar a situaciones como a la que asistiremos en el próximo Festival de Venecia, que en su 65ª edición ha decidido incluir en su competición no una, sino dos producciones de animación nipona. Y cabe destacar que no se trata de dos películas cualesquiera, sino que estamos ante los nuevos filmes de dos de los grandes maestros de dicho genero: Hayao Miyazaki y Mamoru Oshii, que mostrarán respectivamente Ponyo On the Cliff By the Sea y The Sky Crawlers. Sólo faltaría Katsuhiro Otomo, el creador de Akira, para rematar con las tres figuras capitales del dibujo animado japonés.
Como ya apuntábamos, la inclusión de cintas de Anime en el Festival de Venecia no es algo nuevo. Más aún desde que la Mostra está presidida por Marco Mueller, auténtico especialista en las cinematografías asiáticas. Bajo su dirección, se han podido ver películas como Steamboy (2004), del ya mencionado Katsuhiro Otomo, y Páprika (2006) del genial Satoshi Kon. En el año 2004, pudo verse también El castillo ambulante, la penúltima maravillas de Hayao Miyazaki, que este año nos acerca con Ponyo On the Cliff By the Sea a la historia de una niña de cinco años que entabla relación con una princesa de los peces que ansía convertirse en humana. Así, Miyazaki vuelve a surcar sus temas preferidos: la infancia, la relación del ser humano con la naturaleza (sus conflictos y la necesidad de un respeto mutuo), la fantasía y la construcción de narraciones mitológicas. Se trata de un cine marcado por la preocupación por el medioambiente, forjado en la recuperación de las figuras de la tradición pictórica y mitológica japonesa, y que utiliza a sus niños y niñas protagonistas para acercarse a una cierta idea de pureza humana: inocente, tenaz y al mismo tiempo frágil, abierta a la aventura y el descubrimiento.
De entre los títulos más representativos de la obra de Hayao Miyazaki cabe destacar títulos como La fortaleza celeste (1986), Mi vecino Totoro (1988), Nicky, la aprendiza de bruja (1989), Porco Rosso (1992) o La princesa Mononoke (1997). Sin embargo, fue con El viaje de Chihiro con el que alcanzó la consagración internacional, que le llevó a alzarse con un Oscar de Hollywood a la mejor película de animación.
Por otra parte, el Festival de Venecia acogerá también en su sección oficial la nueva película de Mamoru Oshii, un realizador más joven que Miyazaki (nació en 1951, mientras el viejo maestro tiene diez años más), pero que algunos consideran un eslabón igual de importante para el Anime. A diferencia de Miyazaki, Oshii ha centrado sus filmes en una temática más centrada en los temas que comúnmente asociamos a la animación japonesa: la tecnología cibernética, la acción y las reflexiones de carácter filosófico. Dicho modelo, que alcanzó notoriedad en occidente gracias a Akira (1998), fue llevado a un grado de perfección y sofisticación máximo en la fundamental Ghost in the Shell (1995), aunque antes ya había sido explorado por Oshii en Patlabor: La policía móvil (1989). Con estas películas, Oshii utilizaba sus figuras robóticas para plantearse dilemas existenciales humanos. Películas crepusculares que encontraron sus continuidad en Ghost in the Shell 2: Innocence (2004), que àrticipó en la sección competitiva del Festival de Cannes. Por último, Amazing Lives of the Fast Food Grifters (2006), una revision satírica de la historia del Japón de la segunda mitad del siglo XX, participó en el Festival de Venencia, aunque en la sección Horizontes.
Finalmente, este año, Oshii presenta en Venecia The Sky Crawlers, que nos lleva a un mundo poblado por Kildren, una raza de pseudo-humanos que están destinados a vivir eternamente como adolescentes. Sin embargo, los Kildren son conscientes de que cada día puede ser el último ya que participan en una Guerra organizada y operada por los adultos. Al abrazar la realidad que los rodea, estos seres misteriosos viven su vida cotidiana al límite. Un planteamiento que promete acción y reflexión a partes iguales.