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# jueves, 21 de agosto de 2008 12:04

¿Por qué nos gusta tanto Festival de Venecia?

Ahí está, la historia lo atestigua, se trata del festival de cine más antiguo del mundo. Historia, mito, leyenda, arte, glamour. Cinco conceptos que nos pueden dar las pistas necesarias para esclarecer un enigma que nos azota cada año cuando nos acercamos a finales de agosto. La cita es ineludible y la pregunta eterna: ¿por qué nos gusta tanto el Festival de Venecia? A punto de cumplir 66 años y viviendo una etapa de cierto esplendor gracias a la magnífica dirección llevada a cabo, desde 2004, por Marco Mueller, Venecia invoca cada año a actores y actrices, directores y directoras, periodistas, publicistas y todo tipo de gente del espectáculo. Pero en ese magma de personalidades hay otras que permanecen ocultas, en un segundo plano, intangibles pero presentes: son los fantasmas de la Mostra. Fantasmas de grandes maestros descubiertos en occidente gracias al festival (Kurosawa, Satyajit Ray), de los grandes maestros del cine italiano (Rosselini, Antonioni, Visconti) e incluso algún genio español (Luis Buñuel). Y también, como no, los fantasmas de las grandes estrellas de Hollywood que han paseado por las salas, calles y hoteles del Lido de Venecia, centro neurálgico del festival. Figuras estelares como James Stewart, Burt Lancaster o Jack Lemon (todos ellos ganadores de la Copa Volpi, el premio al mejor actor), y entre ellas, Bette Davis, Vivian Leigh o Shirley Maclaine. Y cómo olvidar a los grandes iconos del cine italiano, de Marcello Mastroianni a Sofía Loren, de Anna Magnani a Monica Bellucci.

 

Todos ellos y ellas circularon por las avenidas del Lido, se hospedaron en los Hoteles míticos de la isla (el Excelsior o el Des Bains, donde se desarrollaba la acción de la Muerte en Venecia que convirtió en imágenes Visconti) e intentaron escapar de los paparazzi paseando en góndola por esa ciudad de cuento de hadas que es Venecia. De hecho, el mismo festival se asemeja a lo que sería un cuento fantástico, el de una pequeña localidad rodeada de agua que durante poco menos de dos semanas se convierte en un poblado repleto de gente que se junta a festejar la vitalidad del cine. Porque durante el festival, el Lido de Venecia bulle de actividad: los ya mencionados paparazzi que, a golpe de codazo, buscan la mejor perspectiva para cazar la mejor imagen de los famosos, los periodistas corriendo de proyección en proyección y buscando un buen lugar para escribir sus crónicas, las estrellas atribuladas entre sus compromisos sociales (ruedas de prensa, entrevistas, presentaciones) y sus paseos de lujo por los canales… Un pequeño pueblo en estado de hiperacción fervorosa, entusiasmado escribir la última de las gloriosas páginas de esa todavía corta narración de poco más de cine años que es la Historia del Cine. Y es que si por algo se ha caracterizado el festival, si nos referimos a lo puramente artístico, es por su atención a las nuevas vanguardias, a lo más moderno. De Venecia salieron premiados Godard, Resnais, Tarkovsky, Cassavetes, Rohmer o Kiéslowsky. Si se quiere estar al día de las últimas tendencias del cine, se debe ir a Venecia.

 

Puede que no se trate del festival más importante del mundo (dicho reconocimiento se lo arrebató Cannes hace tiempo), sin embargo su personalidad carismática, un tanto caótica y muy festiva, lo convierten en un evento único. Puede que Cannes convoque a más estrellas, periodistas y gente de la industria, pero Venecia sigue imponiendo una idea romántica del arte por encima de los negocios. Una idea que se sustenta en otra creencia mágica, surgida de la propia fabricación de mitos: la gloria en Venecia tiene forma de León. Un León de Oro para se más exactos. Un símbolo que permanece fijo e inamovible en cada rincón del festival.

 

Para celebrar su 60 aniversario, la Mostra encargó construir 60 leones a tamaño natural que contenía las inscripciones de los nombres de los 60 ganadores del León de Oro, y que fueron colocados en la entrada de la Sala Grande, el principal recinto de la mostra, allí donde se agolpan los fans que persiguen desesperadamente un autógrafo y donde se extiendo la alfombra roja por la que desfilan los reyes de la galaxia de Hollywood.

 

En fin, Venecia como un espejismo en el que la historia se reencuentra con si misma una vez al año. Un enclave mágico lleno de fantasmas, estrellas fugaces, flashes e imágenes proyectadas en una sala oscura.
por magefesa

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