¿Qué hace un actor como tú en una película como esta? Esa sería la pregunta que se le podría hacer a numerosas estrellas que han aceptado encarnar papeles en los que saltaba a la vista que no encajaban ni con calzador. Aunque bien pensado, habría que preguntarse de quién es la culpa de estos desaguisados: ¿De los actores o más bien de los directores de casting? Sea como fuere, la cuestión es que dichas meteduras de pata nos han permitido gozar de auténticos monumentos a lo kitsch, combinaciones imposibles entre actor y personaje. Aquí, para vuestro deleite, os presentamos algunos de estros encuentros disfuncionales:
-Pierce Brosnan, canta que baila en Mamma Mía! La película (2008): Lo cierto es que, en este caso, habría que incluir en el desaguisado a los otros dos compañeros de bailoteo de Pierce en la película, Colin Firth y Stella Skarsgard. Da la impresión de que el director de casting de la película se propuso buscar a los tres actores aparentemente menos idóneos para protagonizar un musical (menos dotados de habilidades como cantantes y bailarines). Y bueno, el resultado salta a la vista: algunos ya hablan de la película como un auténtico monumento a la vergüenza ajena.
-Michael Keaton como hombre murciélago en Batman (1989): Fue, sin lugar a dudas, una de las decisiones más controvertidas de la década de los 80. Y es que no se trataba de cualquier película, sino de una de las más promocionadas y esperadas en muchos años. En cuanto se supo que Michael Keaton sería Batman, los fanáticos del cómic pusieron el grito en el cielo. ¿Batman estaría interpretado por un tipo bajito, poco a tractivo y famoso por haber interpretado a un montruo descacharrante (Bitelchus)? Nadie podía creerlo. Sin embargo, hay que admitir que Tim Burton encontró en Keaton ese punto de oscuridad que necesitaba su Bruce Wayne.
-Collin Farrell como el rubito Alejandro Magno (2004): Esta es la historia de un empecinamiento que terminó en fracaso. El de Oliver Stone por convertir a Colin Farrell en Alejandro Magno. Y es que se podría considerer a Farrell como el prototipo del hombre irlandés: pelo oscuro, tipo duro, bocazas y con ese deje descuidado que hace pensar en una mañana de resaca. Sin embargo, Stone nos lo quiso vender como un Alejandro amanerado, rubito, despiadado y, como no, macedonio. El batacazo en taquilla que se pegó la película no parece algo tan misterioso una vez esclarecido la metida de pata de casting.
-Orlando Bloom como cruzado en El reino de los cielos (2005): Esto cae por su propio peso. No puede ser. Orlando Bloom puede dar la talla si tiene que hacer de elfo asexuado, de jovencito pijo o de pirata sin carácter, pero no si tiene que echarse al hombro una tropa de cruzados. Hablamos de las guerra más brutales de la historia, un campo de batalla en el que un tipo con aspecto de metrosexual parece fuera de onda.
-Jim Carrey trastornado en El número 23 (2007): El empeño de Jim Carrey por distanciarse de la comedia se ha llevado por delante a varios directores de casting. Aunque el caso más flagrante de desencuentro entre actor y personaje lo encontramos en este thriller “sobrenatural” en el que un tipo su vuelve demente debido a una obsesión con el número 23 (¡qué gran trama, sí señor!). Para terminar de redondear el invento, Carrey se desdobló en Walter Sparrow y el detective Fingerling. En fin, que con esta película pudimos confirmar que el histrionismo de Carrey está hecho sólo para la comedia.
-Elizabeth Banks como la conservadora Laura Bush en W (2008): Y ya tenemos aquí de nuevo a Stone haciendo de las suyas. Ya sorprendió saber que Josh Brolin iba a interpretar a George W. Bush en el biopic de Stone (aunque las primeras imágenes que se han podido ver parecen prometedoras), pero lo que es absolutamente increíble es la pretensión de que nos podamos tragar a la Banks en la piel de la primera dama. Banks ha interpretado en más de una ocasión al arquetipo de la chica liberada y sin complejos (Virgen a los 40, Fred Claus), el polo opuesto a la conservadora esposa de George W., la primera dama más invisible de la historia.
-Kate Bosworth como Lois Lane en Superman Returns (2006): Aquí simplemente no salen la cuentas. La Lois original (Margot Kidder) tenía 32 años cuando apareció en Superman II. Con Superman Returns ambientada cinco años después de los acontecimientos de aquella, ¿qué sentido tiene contratar a una chica de 23 años y de pelo rubio (Bosworth) para el papel?. El resultado: un personaje que parece menos la ganadora de un premio Pulitzer y mucho más una niña jugando con el guardaropa de su madre.
-Y para rematar el asunto, un carrusel de despropósitos de casting que podríamos considerar clásicos por su antigüedad, que no por su fama o reconocimiento crítico y popular: William Shatner como cowboy y comanche (interoretando a los dos hermanos) en Comanche blanco (1968), Edward G. Robinson como hebreo en la adaptación de Cecil B. DeMille de Los diez mandamientos (1956), Katharine Hepburn caracterizada como china en Estirpe de dragón (1944), y, como guinda del pastel, John Wayne como Genghis Khan (el conquistador mongol) en El conquistador de Mongolia (1956).