Durante más de una década (antes de que estallara el boom Javier Bardem), fue nuestro actor más internacional, la prueba palpable de que los sueños pueden hacerse realidad si se persiguen con determinación, espíritu de sacrificio y talento. He ahí la historia de Antonio Banderas, ese chico malagueño tímido y callado que interpretaba en Laberinto de pasiones (1982) de Pedro Almodóvar a un islamista dotado de un olfato extraordinario y que hoy por hoy es uno dos nombres de referencia no sólo de la industria de Hollywood sino también de la historia reciente del cine español. Es más, son muchos (entre ellos el mismo Bardem) los que afirman que es la trayectoria de Banderas la que ha hecho posible que nuevas generaciones de actores españoles se hayan atrevido a dar el salto al extranjero. De algún modo, podría considerarse a Antonio el gran padrino de toda una nueva camada de jóvenes promesas y grandes actores. Banderas: la figura a seguir, el emblema.
Muchos años antes de pasearse por Hollywood como una estrella más de la galaxia fílmica, Antonio Banderas nació en 1960 en Málaga. Su vocación le llevó pronto a estudiar en la Escuela de Arte Dramático y formó parte de compañías de teatro independiente. Cuando se instaló en Madrid a comienzos de los años 80, fue impulsado por Pedro Almodóvar, que le dio un pequeño papel en su segunda película, Laberinto de pasiones. Trabajador incansable, Banderas asumió con naturalidad y regocijo su condición de “chico Almodóvar” para el que trabajó nuevamente en Matador (1986), La ley del deseo (1987), Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988) y ¡Átame! (1988), papeles con los que se reivindicó como un actor versátil, capaz de ser el tipo más ingenuo y pacífico, o el más bruto y violento si la ocasión lo requería. Siempre pasional, Banderan también se entregó a otros papeles que le dieron ocasión de mostrar todas sus facetas: de la comicidad de La corte de Faraón (1985) al dramatismo de Réquiem por un campesino español (1985). Después de lucir como secundario, Banderas se probó como protagonista en filmes como La blanca paloma (1989), premio al Mejor Actor en el Festival de Valladolid, Si te dicen que caí (1989), Bajarse al moro (1989) y Contra el viento (1990).
Fue entonces cuando Banderas dio dar un salto mortal al otro lado del Atlántico. Un salto sin red, ambicioso y arriesgado: encarnar a uno de los hermanos Castillo en la película norteamericana Los reyes del mambo cantan canciones de amor (1992). Un primer paso que despertó en el actor la voluntad de afianzarse en Hollywood, un reto impensable por aquel entonces. Y entonces llegó La casa de los espíritus (1993), luego Philadelphia (1993) junto a Tom Hanks, y como consagración Entrevista con el vampiro (1994), al lado de Tom Cruise y Brad Pitt. La cosa no terminó ahí. El director Robert Rodriguez le abrió las puertas al cine de acción con Desperado (1995), que continuó con Asesinos (1995). Entonces, Banderas apostó por Two Much (1995) en la que trabajó para Fernando Trueba y en cuyo rodaje conoció a la actriz Melanie Griffith, con la que está casado desde 1996.
Instalado en la meca del cine, se la jugó con interpretaciones icónicas como la del Ché en Evita (1996) y la del bandido enmascarado en La máscara del Zorro (1998). La aventura épica en El guerrero nº 13 (1999), el thriller en Femme fatale (2002), la comedia familiar en la saga de Spy Kids… ningún género se le resiste a un actor que ha huido de los encasillamientos y ha roto todos los prejuicios. Y que sólo con su voz ha sabido dar una gran identidad a otro de sus más celebrados personajes, el del Gato con Botas de la saga de Shrek.
La carrera del actor no se ha limitado sólo al cine, ya que Banderas también ha triunfado en el teatro musical de Broadway, con su papel en Nine (2003), por el que fue nominación al premio Tony al mejor actor. Fue además el primer actor español en ser nominado al Globo de Oro, por Evita (1996). Entre otras condecoraciones, Banderas ha recibido la Medalla de Oro de la Academia del Cine Español y dos premios de la Academia del Cine Europeo.
Pero, además de actor, cantante y productor, Banderas también se la jugado como realizador dos películas en las que ha apostado por un cine personal e innovador: Locos en Alabama (1999) y El camino de los ingleses (2006), por la que fue galardonada con el premio Label Europa Cinemas en el Festival de Berlín.
En fin, una carrera multidisciplinar que es, sin duda, la plasmación de un carácter inagotable, insaciable. La personalidad de un carismático actor, Antonio Banderas, que ha marcado a fuego el imaginario de los espectadores españoles de las últimas dos décadas, un merecidísimo Premio Donostia.