Como todo buen festival que se precie, el de San Sebastián reserva un hueco de su apretada programación al recuerdo, a la memoria de algunos grandes momentos de la todavía corta historia del cine. Un viaje en el tiempo en el que se reivindica a cineastas contemporáneos injustamente olvidados (el británico Terence Davies), a figuras legendarias (el italiano Mario Monicelli) o a territorios poco conocidos de relevantes cinematografías (el cine negro japonés). Tres retrospectivas que hacen justicia al continuado esfuerzo del festival por honorar un gesto básico para poder seguir escribiendo la historia: la memoria.
La retrospectiva contemporánea del Festival de Donostia de este año está dedicada a Terence Davies, probablemente, el cineasta británico más singular e innovador del actual cine europeo, autor de una obra personal y evocadora, pionera en la búsqueda de nuevos lenguajes entre la ficción, la autobiografía y el documental, con un especial protagonismo de la música. Un cineasta obsesionado con la íntima relación que se establece entre las acciones de filmar y recordar. Un cineasta de la memoria. Entre sus películas más premiadas se encuentran Distant Voices, Still Lives (Voces distantes, 1988), The Long Day Closes (El largo día acaba, 1992) y The House of Mirth (La casa de la alegría, 2000). Después de un silencio cinematográfico de casi ocho años, Terence Davies presenta este año su esperada nueva película Of Time and the City, un documental sobre la vida cotidiana en el Liverpool de los años 50 y 60 construido con el inconfundible sello emocional y personal del director: una mirada irónica y analítica sobre la evolución de la sociedad.
Seis largometrajes realizados entre 1984 y 2008, el primero de ellos compuesto por tres cortometrajes previos, dan una idea de la minuciosidad y la dedicación con que Terence Davies elabora cada una de sus obras. Los encuadres, los movimientos de cámara, las muy escogidas y significativas músicas y el inusual trabajo con los actores protagonizan su narrativa, revisando la memoria de la sociedad desde las emociones personales y rescatando la historia desde un punto de vista opuesto a los grandes acontecimientos oficiales, con un discurso tan lírico como contundente. El paso del tiempo, la religión, la homosexualidad y las relaciones familiares son algunos de los temas habituales en el cine de Terence Davies, siempre acompañados por piezas musicales pertenecientes a la memoria colectiva (incluidas canciones de Nat King Cole, Peggy Lee o Doris Day).
Por otra parte, la retrospectiva clásica del festival rendirá homenaje al cineasta italiano Mario Monicelli, representante máximo de la comedia italiana de los años 50 y 60, género que encumbró a la categoría de mitos a figuras como Vittorio Gassman, Ugo Tognazzi, Marcello Mastroianni, Nino Manfredi o Alberto Sordi. De hecho, Monicelli fue el responsable de la que posiblemente sea la pieza más cotizada de aquella efervescencia cómica, I soliti ignoti (Rufufú, 1958), con un reparto irrepetible: Gassman, Mastroianni, Claudia Cardinale y el veterano Totó. Maestro consumado del arte cómico y de la dirección de actores, Monicelli no rehuyó otros géneros más severos, como en La grande guerra (La gran guerra, 1959), un film tragicómico ambientado en la Primera Guerra Mundial y protagonizado por Gassman y Sordi; I compagni (1963), película sobre el movimiento obrero; o Vogliamo il colonelli (Queremos los coroneles, 1973) inspirada en la dictadura militar griega.
Nacido en Roma en 1915, la historia de amor entre Monicelli (que sigue en activo) y el Festival de San Sebastián ha sido larga y fructífera. El director ha participado en cuatro ocasiones en la Sección Oficial del Festival de San Sebastián: en 1958, con I soliti ignoti ganó la Concha de Plata, ex aequo con Vértigo, de Alfred Hitchcock; en 1965, Casanova 70 recibió el premio a la mejor dirección y el premio a la mejor interpretación masculina para Marcello Mastroianni; en 1968, La ragazza con la pistola ganó el premio a la mejor interpretación femenina para Monica Vitti; y en 1971, Brancaleone alle crociate, recibió el premio a la mejor interpretación masculina para Vittorio Gassman.
Por último, la retrospectiva temática del festival tiene el objetivo de abrir los ojos del espectador a un territorio del cine japonés cuya historia permanece, en parte, cegada para el espectador occidental, su cine negro. Oculta bajo la sombra todopoderosa del Hollywood clásico, el cine nipón esconde una larga y fructífera historia de cine negro, con una apasionante evolución dividida en numerosas variantes. Así, la aspiración de la organización es que, después de las 43 películas que ofrecerá el ciclo, cuando el espectador piense en cine negro no se remita únicamente a las icónicas presencias de Humphrey Bogart, Barbara Stanwyck o Rita Hayworth, sino que tenga la posibilidad de pensar en cineastas clásicos japoneses como Akira Kurosawa o Shohei Imamura, así como en cineastas más recientes como Kiyoshi Kurosawa, Masato Harada, Takashi Miike o Takeshi Kitano.