El concepto de “distopía”, una palabra que sirve para referirse (de una manera muy culta) a lo que podría llamar un “futuro muy negro”, no es algo nuevo en el cine norteamericano. Tampoco en su literatura. Ahí están referentes absolutos como las novelas Un mundo feliz de Aldous Huxley, 1984 de George Orwell o Fahrenheit 451 de Ray Bradbury (las dos últimas con su versión cinematográfica incluida) o películas como Blade Runner de Ridley Scott, Brazil de Terry Gilliam, Metropolis de Fritz Lang o Matrix de los hermanos Wachowsky. En fin, grandes novelas y películas que han exorcizado los miedos de la humanidad a un futuro que se avecinada plagado de funestas consecuencias a los comportamientos de los hombres. Pero ya se sabe que Hollywood no puede vivir sólo del recuerdo de sus grandes aciertos, sino que tiene que fabricar éxitos que reaviven la cartelera semana a semana. Y los últimos meses no han sido ajenos a la avalancha de películas con sello apocalíptico. La última de ella: Babylon, del francés Mathieu Kassovitz y protagonizada por el grandote Vin Diesel, en la que se muestra un futuro en el que las personas son mercancías y en el que la único batalla posible es la supervivencia. Os invitamos ahora a hacer un repaso a las últimas muestras de ese subgénero distópico que podríamos llamar “qué futuro más negro”.
La verdad es que en las últimas temporadas hemos podido ver una interesante variedad de películas que apuntaban hacia un futuro nada idílico, una tendencia que no resulta extraña si tenemos en cuenta el actual panorama de incertidumbre que rodea a nuestro futuro más inmediato (crisis medioambientales, económica, política y religiosas incluidas). Pero bueno, para quitarle un poco de hierro al asunto, podemos recordar comedias delirantes como Idiocracia, de Mike Judge (2006), en la que se revela que el auténtico peligro de cara al futuro es la progresiva estupidez de los habitantes del planeta. Por su parte, incluso los documentales se han volcado en sus advertencias sobre la deriva apocalíptica que está tomando el mundo, siendo el más popular de todo Una verdad incómoda (2006), protagonizado por el ex–vicepresidente del gobierno americano y activista medioambiental Al Gore. En el terreno de la ciencia ficción pura y dura, cabría recordar películas notables como Hijos de los hombres (2006), de Alfonso Cuarón, o Soy Leyenda (2007) de Francis Lawrence, dos películas que demuestran que la ciencia ficción cinematográfica sigue tomando la literatura como principal fuente de inspiración. De hecho, estas películas están basadas en las novelas homónimas de P. D. James y Richard Matheson, respectivamente.
Sin embargo, los propuestas más interesantes en cuanto a la presentación de un futuro diatópico han llegado de géneros (o mezclas de ellos) inesperados. El primero, la animación, de la mano de esa gran película llamada Wall-E, ejercicio de minimalismo cinematográfico en el que la herencia de Chaplin se transmuta en una historia de amor robótico que se erige en el último residuo de humanidad de un mundo abocado al Apocalipsis del consumismo. Brillante renovación de mil y un arquetipos de la ciencia ficción futurista y recuperación, a través de la tecnología digital, de la inocencia perdida del viejo cine analógico.
Pero no sólo de animación se ha alimentado el magro futuro visto por Hollywood. A la cabeza de dicho movimiento habría que situar dos películas todavía no estrenadas en nuestro país, pero que muy probablemente despertarán la mayor de las expectaciones. La primera es Repo! The Genetic Opera, una fusión surrealista del mítico Rocky Horror Picture Show y de Blade Runner que actualiza el género de la "ópera rock" con música original y un cuidado diseño de producción. Vamos, una odisea cafre protagonizada, entre otros, por Paris Hilton, en la piel de una descarada niña de papá adicta a la cirugía estética. La trama no tiene desperdicio. No encontramos en un futuro arrasado por una plaga que ha dejado a los humanos cortos de órganos vitales. En este escenario, una gran corporación se dedica a vender órganos, pero si se da el caso de que algún comprador no consigue finalizar el pago, su órgano será “recuperado”, escalpelo en mano, por Repo, el trágico héroe de la película. Sin palabras.
La otra es Southland Tales, que no lleva a un imaginario 2008, poco después de que un caos nuclear haya devastado parte de Norteamérica. Allí, luchando por recuperar el mundo de las garras de las grandes corporaciones, se cruzan cuatro personajes memorables: una estrella del porno reconvertida en presentadora de TV (Sarah Michelle Gellar), un actor víctima de una profunda amnesia (Dwayne-The Rock-Johnson), un oficial de policía de Hermosa Beach (Seann William Scott) y un veterano de la guerra de Irak (Justin Timberlake). Dirigida por Richard Kelly (el realizador de Donnie Darko), la película ya es todo un fenómenos de culto en su país, aunque el público español aun no ha tenido la posibilidad de disfrutarla. Esperamos su estreno con impaciencia y esperanza.