Como ya sucediera hace unas semanas a propósito del cara a cara entre Robert de Niro y Al Pacino en la película Asesinato Justo, la película Red de mentiras nos presenta varios dilemas a resolver. Por un lado, el más evidente: ¿Leonardo DiCaprio o Russell Crowe? Dos actores de fuerte personalidad e innegable talento que han encarnado a varios de los personajes más icónicos de la última década. Pero sin embargo, por otro lado, nos asalta una duda: ¿Estamos realmente ante un duelo en las alturas o ante el cara a cara de dos actores que empiezan a manifestar síntomas de agotamiento? Da la impresión de que DiCaprio y Crowe han perdido el vigor y carisma de otros tiempos y su presencia en pantalla ha dejado de ser ese elixir mágico que garantizaba el éxito arrollador. El mejor ejemplo nos lo ofrece la misma Red de mentiras, que es uno de los fracasos de taquilla más sonados de la temporada en Estados Unidos. La película, que había costado 70 millones de dólares, sólo fue capaz de recuperar 13 en su primer fin de semana, y fue superada (humillada) por Quarantine (el remake americano de REC) y Beverly Hills Chihuahua. Lo dicho, humillante.
En el filme, DiCaprio interpreta a Roger Ferris, el mejor agente de campo del que dispone el Servicio de Inteligencia de los Estados Unidos. En sus operaciones, la vida de Ferris depende a menudo de la voz que escucha al otro lado de una línea de teléfono segura, el veterano de la CIA Ed Hoffman (interpretado por Russell Crowe). Hoffman sigue la pista de un líder terrorista emergente que ha organizado una campaña de bombardeos, eludiendo a la más sofisticada red de inteligencia del mundo. Acción, suspense, personajes con carácter… un thriller de altos vuelos para el lucimiento de este pareja de super-estrellas. Por una parte, la solvencia, versatilidad y fiereza de DiCaprio, un intérprete que ha pasado de ser una cara bonita a convertirse en el nuevo actor fetiche de Martin Scorsese. Y por la otra Crowe: puro intinto y animalidad, pura fuerza camaleónica. Una presencia camaleónica que ha plagado de testosterona en estado puro el creciente cine norteamericano. ¿Cuál de los dos perfiles os interesa más? ¿Estáis con Crowe o con DiCaprio? ¿La agilidad de Leo o la fuerza bruta de Russell?
Y luego tenemos el otro dilema. ¿En qué punto de sus carreras se encuentran estos dos actores. ¿Ofrecen realmente síntomas de cansancio? ¿Empiezan a perder la chispa de otros tiempos? Aunque en ningún caso puede afirmarse que DiCaprio se encuentre de capa caída, sí que es verdad que sobre la figura del actor planea la sombra de una frustración: no haber conseguido el reconocimiento crítico, el estatus de gran actor. Da la impresión de que el chaval lleva años intentando sacarse de encima el calificativo de “cara bonita”, pero que no ha acabado de conseguirlo. Parece como si el chico necesitara imperiosamente un Oscar para saldar su autoestima (ha sido nominado tres veces, pero siempre ha perdido), algo que dudosamente conseguirá con películas como Red de mentiras.
¿Y qué pasa con Russell Crowe? Este sí que se llevó un Oscar gracias a Gladiator, dirigida por Ridley Scott (responsable de Red de mentiras). Sin embargo, Crowe parece haber perdido su aura de garantía para la taquilla. Hace tiempo que dejó de ser el último gran descubrimiento de Hollywood, y aunque su criterio para elegir proyectos es indudable (sólo cabe recordarle en grandes películas como Master and Comander: Al otro lado del mundo o American Gangster), también ha tenido sonados tropiezos (de Prueba de vida a Un buen año), empujado, seguro, por el ansia de éxitos fáciles. Si tuviéramos que definir la carrera de Crowe en este momento, la palabra más idónea sería “estancamiento”.