Desde la esfera mediática nacional se nos ha vendido a bombo y platillo ese sospechoso titular que proclama que “España conquista Hollywood”. Y lo cierto es que no deja de ser sorprendente la confluencia de algunos talentos españoles en la nómina estelar de la meca del cine. Nombres que se han repetido y ensalzado hasta la saciedad: Bardem, Penélope, Banderas… Sin embargo, todo este universo de glamour, flashes y portadas de revistas de tendencias, suele ocultar otra realidad incontestable: existe un grupo de actores que apuesta por el salto internacional y no alcanza la cima de la industria, sino que queda en un segundo plano, carne de papeles secundarios de minúscula envergadura en producciones más o menos comerciales. En fin, las migajas de Hollywood. Una realidad constatable en dos producciones de próximo estreno en nuestro país: Appaloosa, el western coprotagonizado por Viggo Mortensen y Ed Harris, en el que Ariadna Gil tiene un pequeño papel, y la super-producción Quantum of Solace, 22ª aventura de James Bond, en la que Fernando Guillén Cuervo interpreta a un corrupto jefe de la policía boliviana. Dos interpretaciones secundarias que representan el reverso del estrellato hollywoodiense.
Pero como decíamos, la historia de saltos más o menos frustrados a esta tierra prometida llamada Hollywood es extensa. Como ejemplo paradigmático, sólo hace falta asociar un nombre a un proyecto. El nombre: Elsa Pataki, nuestra modelo/actriz acaparadora de portadas del corazón. La película: Snakes on a Plane, uno de los proyectos más ridículamente infames de la historia reciente de Hollywood. Una película hecha para ver a Samuel L. Jackson “cagarse” en unas “malditas serpientes”. Igualmente monstruosa, en varios sentidos, podría considerarse la aparición de nuestra Elena Anaya en la versión norteamericana del mito de Van Helsing, que protagonizaron en 2004 Hugh Jackman y Kate Beckinsale. La pobre Elena vio como su papel se veía reducido a una más en el mediocre desfile de monstruitos en el que se convirtió la película.
Es curiosa la reacción que suelen provocar estas apariciones entre el público, que se pregunta: “¿Qué hace este/a tipo/a en una peli como esta?” Y es que más que dignas colaboraciones, estas aportaciones españolas al universo de Hollywood podrían considerarse “cortocircuitos”. Más ejemplos. Una carta que ha sido jugada por múltiples actores españoles en su intento de conquista de Hollywood ha sido la “carta latina”. Como parece que los norteamericanos no saben distinguir demasiado bien entre el amplio espectro de acentos castellanos (no es raro ver a personajes supuestamente españoles hablando con acento mexicano o puertorriqueño), los actores españoles tienen la puerta abierta para encarnar a macarras cubanos, inmigrantes mexicanos o narcotraficantes colombianos (entre otros arquetipos carne de papel secundario). Por ahí se coló en el cine americano Banderas o Bardem, aunque otros se han quedado en el camino, como por ejemplo Luis Tosar, que hizo su pequeña incursión en Hollywood de la mano de Michael Mann (que ya había contado con Javier Bardem para Collateral) en Corrupción en Miami.
Aunque quizás el prototipo de actor que ha hecho carrera recopilando pequeños papeles en el panorama internacional, tanto norteamericano como europeo, ha sido Jordi Mollà. De Blow (2001), donde compartió cartel con Johnny Depp y una Penélope Cruz que, por aquel entonces, también recolectaba migajas de Hollywood, a The Alamo (2004), de Caravaggio (2007) a Elizabeth - La edad de oro (2007), películas históricas donde Mollà he encontrado un filón. Y más ejemplos: Eduardo Noriega en la ya olvidada En el punto de mira (2008), Santiago Segura y sus anti-cameos en las película yankis de su colega Guillermo del Toro (Blade II y la saga de Hellboy) o Unax Ugalde en la infame versión hollywoodiense de El amor en los tiempos del cólera (2007). Una larga historia que no cabe duda que seguirá apilando nombres de actores y actrices que en su intento de abrirse un camino hacia el estrellato internacional soñado deberán aceptar papeles minúsculos en producciones de segunda fila.