Comparten iniciales y la condición de fulgurantes iconos del cine de espionaje. Sin embargo, las diferencias entre James Bond y Jason Bourne saltan a la vista. De entrada, James Bond (interpretado por Sean Connery, Pierce Brosnan o, en última instancia, por Daniel Craig) ha sido siempre el referente absoluto del cine de espías. El espejo en el que se han mirado los demás. Por historia, carácter y estilo, Bond es el hombre: encantador, sexy, mujeriego, decidido y combativo. El agente 007 ha sido desde siempre la encarnación de los deseos íntimos de los hombres: pura testosterona en movimiento, permanentemente perseguido por mujeres cuyo único objetivo parece ser el de conquistar un lugar en su cama. Sin embargo, el largísimo reinado de Bond, extendido a lo largo de más de cuatro décadas, parece en peligro.
El contrincante: un espía reservado que sufre de amnesia y que responde al nombre de Jason Bourne (interpretado, en las tres entregas realizadas hasta el momento, por Matt Damon). Bourne es brusco y directo, y su estilo callejero no podría estar más lejos de los trajes de Armani (el sello Bond). Sin embargo, hay algo particularmente fascinante en Bourne: su oscuro pasado, su condición de héroe trágico, su vida en brumas y su ambigüedad moral, tan representativas del signo de nuestro tiempo. Si Bond juega la carta de la fantasía, Bourne encarna la plasmación realista y perturbadora de la vida del espía. Y bien, la pregunta está clara: ¿Cuál de los dos espías es vuestro favorito? ¿James Bond o Jason Bourne? ¿Os quedáis con el glamour de Bond o con la densidad dramática de Bourne?
En todo caso, para entender la actual relación entre Bond y Bourne, vale la pena prestar atención a la cronología de los acontecimientos. Cuando en el año 2002 se estrenó El caso Bourne, se puso la primera piedra de lo que sería considerada una reinvención del cine de espías. El nuevo héroe, Jason Bourne, se situaba en el mundo real (un lugar en el que los coches invisibles de Bond no tenían cabida) y debía enfrentarse a dilemas morales y conflictos de identidad. Pero entonces, en 2006, claramente influenciado por su neófito rival, un nuevo Bond nacía de la mano de Casino Royale. Un Bond con los pies en la tierra, más proclive al enfrentamiento cuerpo a cuerpo y menos dependiente de sus fantasiosos gadgets.
Desde entonces, la relación entre ambos personajes de ficción no ha hecho más que despertar rumores y comentarios de periodistas y críticos. El más habitual: el obvio acercamiento de Bond al perfil de Bourne. Un giro que, según varias fuentes, se sigue acentuando en Quantum of Solace, la nueva aventura del Bond al que encarna Daniel Craig. Un ejemplo: en su crítica para la revista Fotogramas, el crítico Jordi Costa apunta que las nuevas aventuras de Bond "avanzan ahora bajo los nubarrones del complejo de inferioridad frente a la saga Bourne". Es más, el crítico habla a las claras de la "frustración de ver a un mito noble emulando al desangelado héroe de una era sin identidad".
Los comentarios no parecen fuera de lugar, más aún cuando los productores de la saga Bond han decidido fichar para Quantum of Solace a uno de los máximos responsables de la factura visual de la saga de Bourne: Dan Bradley, experto diseñador y realizador de escenas de acción. En la misma Fotogramas, cuando se le pregunta a Daniel Craig acerca del fichaje de Bradley, el actor comenta: “No se trata de imitar a Bourne. Dan está aquí para hacer aquello que hace de maravilla. Y viene de trabajar en el nuevo Indiana Jones. ¿Quiere eso decir que intentamos imitar también a Indiana Jones? No tengo ninguna intención de entrar en una absurda competición con los fans de Jason Bourne”. La respuesta, muy a la defensiva, deja a las claras el complejo de inferioridad que empiezan a sentir los responsables de Bond respecto a la factoría Bourne.