Sí, lo admitimos, puede que este sea el post más escabroso que hayamos publicado. No en vano, lidiamos con una de las cuestiones más sensibles que atañen a la naturaleza humana: el impulso suicida. Un área tenebrosa de la existencia que, aunque queremos alejar de nosotros mismos, también provoca cierta fascinación, algo a lo que Hollywood ha sabido responder ampliamente. Todos tenemos en la memoria algún suicidio cinematográfico que nos ha marcado nuestra memoria cinéfila. Conscientes de ello, la gente de la web Joblo ha decidido publicar su particular lista con los suicidios más memorables de la historia del cine. ¿Os animáis a compartir con nosotros vuestras impresiones al respecto?
En primer lugar, nos trasladamos a 1991, hasta el límite del Gran Cañón del Colorado. Allí dos fugitivas, hartas de una vida de represión y conformismo, están a punto de hacer historia al proyectar el coche en el que viajan hacia las entrañas de la tierra. Sus nombres son Thelma y Louise y protagonizan la película que lleva su nombre, dirigida por Ridley Scott. Sin duda, uno de los finales más trágicos, y al mismo tiempo, liberadores, de la historia del cine. Además, no tenemos que ir demasiado lejos para encontrar otro momento lleno de épica suicida. Fue ese mismo año, 1991, cuando el estreno de Terminador 2: El juicio final nos trajo el que es probablemente el momento más emotivo de la carrera del hoy gobernador Arnold Schwarzenegger. Metido en la piel de un T800, que ha venido del futuro para proteger a Sarah Connor y su hijo, Arnie debe hundirse en un pozo de lava para acabar con todo rastro de la inteligencia robótica que puede acabar con la especie humana.
Aunque bueno, no todo puede ser épica cuando hablamos de suicidios. Para acercarnos a la realidad trágica de este hecho atroz debemos mirar a películas como, por ejemplo, Cadena perpetua (1994). Allí, encontramos una de las escenas más dramáticas del cine de los noventa: el suicidio de Brooks, el hombre mayor que ha pasado décadas en prisión y que no consigue reinsertarse en un mundo que ya no es el suyo. El único rastro que quedará de Brooks será una frase rasgada en una viga de madera: “Brooks was here” (Brooks estuvo aquí). Tan o más dramático todavía puede considerarse el suicidio de Neil (Robert Sean Leonard, hoy famoso por su papel en la serie House) en El club de los poetas muertos (1989). La frustración juvenil de no poder ver realizados los sueños, la amenaza de la academia militar, el conflicto intergeneracional… todo ello estalla en la trágica muerte de Neil.
Los ejemplos son inacabables. Por ejemplo, el escenario bélico ha sido una tierra fértil para los suicidios. Recordemos el final del recluta patoso en La chaqueta metálica (1987), o el suicidio en plena partida de la ruleta rusa de Nick (Christopher Walken) en El cazador (1978). Cómo olvidar también el terrible final de la teniente Ripley en la tercera entrega de la saga de Alien, O mirando al pasado más reciente, cómo olvidar los enigmáticos suicidios en masa de El incidente de M. Night Shyamalan. Y por último, mirando a nuestro cine, lo más probable es que todos recordéis el final de Mar adentro de Amenábar como uno de los más escalofriantes de la historia del cine español.
¿Cuál de estos momentos recordáis de una forma más vívida? ¿Hay algún otro suicidio cinematográfico que haya marcado a fuego vuestra memoria cinéfila?