ESPECIAL OSCAR 2009
Dice el dicho que la historia la escriben los vencedores. Sin embargo, no cabe duda de que, en muchos casos, es igual de revelador tomar en consideración la perspectiva de los olvidados, aquellos que, quizás de forma injusta, conforman el relato oculto de la contienda. Y como de lo que hablamos es de Oscars, se trata de echar un ojo sobre aquellos personajes y películas a los que se les ha negado el acceso al panteón de la gloria académica según Hollywood. Se trata de una larga historia de fracasos, frustraciones y olvidos, pero nos gustaría empezar mirando al presente y observando en detalles cuáles podrían considerarse los grandes olvidados de los Oscar 2009. Una lista protagonizada por cuatro nombres/títulos: Clint Eastwood, El caballero oscuro, Wall-E y Revolutionary Road. Aunque, en realidad, las tres películas de la lista cuentan con nominaciones (igual que El intercambio) de Eastwood, todas ellas aspiraban a mucho más en el reparto de nominaciones.
Analicemos los casos de forma separada. En primer lugar, deberíamos hablar de El caballero oscuro, la gran esperanza de los estudios de Hollywood a la hora de colocar una gran producción en la carrera de los Oscar. Y no sólo eso. Desde su estreno, la película no ha hecho más que recoger elogios por parte de la mayoría de sectores de la crítica, algo realmente excepcional cuando nos referimos a la película más taquillera de la temporada. Para muchos, el tratamiento (oscuro, perturbador y filosófico) de la figura de Batman y sus enemigos que perfiló Christopher Nolan merecía haberse hecho un lugar entre los nominados a las categorías importantes de los Oscar, sin embargo, al película se ha tenido que confirmar con el reconocimiento de la academia a su factura técnica y al trabajo de Heath Ledger en la piel del Joker (en total, 8 nominaciones).
Luego tenemos Wall-E, película que muchos esperaban que pudiera encaramarse entre las películas de acción real y conseguir una nominación al Oscar a la mejor película. De hecho, hace ya muchos años, que los amantes del cine de animación reclaman que la academia preste mayor atención a las producciones animadas. De hecho, cuando en 1992, La bella y la bestia de Disney se alzó con una nominación a la mejor película, muchos proclamaron que se abría una nueva era para el cine de dibujos. Sin embargo, aquello parece haber quedado como un hito olvidado. La categoría mayor parece vedada para el cine de animación incluso cuando una película (como Wall-E) es reconocida como la mejor del año por multitud de críticos y se habla de Pixar como una de las grandes factorías creativas de la meca del cine. De momento, a lo máximo que parecen aspirar estas películas es al premio en su categoría (filme de animación) y, como mucho, al reconocimiento de su guión (una de las 6 nominaciones de Wall-E es la de Mejor guión original).
Y luego tenemos el caso de Revolutionary Road, una película que llevaba años entre la lista de favoritas entre los expertos en pronosticar los ganadores de los Oscar. Sin embargo, a pesar de su aire glamoroso y esa fachada de “película importante”, el filme protagonizado por Kate Winslet y Leonardo DiCaprio se ha quedado sin las ansiadas nominaciones para el mejor director (Sam Mendes) y película. Luego tenemos también el caso de Clint Eastwood, que en principio aspiraba a todo con no una, sino dos películas: El intercambio y Gran Torino. Sin embargo, el veterano más respetado de Hollywood se ha quedado sin nominaciones este año. Algo que también han sufrido dos músicos que todo el mundo esperaba que pudiesen dar color a la gala de este año: Bruce Springsteen y Miley Cirus (conocida por su papel de Hannah Montana). Sus canciones para The Wrestler y Bolt se quedaron finalmente en la estacada.
Estos son los olvidados de este año, sin embargo, echando la vista atrás, nos encontramos con casos bastante más dramáticos. Por ejemplo, el de Alfred Hitchcock, el genio del suspense, que fue nominado en cinco ocasiones al mejor director (por Rebeca, Naufragos, Recuerda, La ventana indiscreta y Psicosis, ahí es nada) pero que tuvo que terminarse conformando con un premio de honor. O Charles Chaplin, que nunca ganó premios por su trabajo como director o actor, la Academia tuvo que inventarse dos premios honoríficos: uno por su genio y versatilidad al actuar, escribir, dirigir y producir El circo (1928); y el segundo por contribuir a hacer del cine la más emblemática forma artística del siglo XX. Otro grande como Orson Welles, antes de recibir el correspondiente premio honorífico, se tuvo que conformar sólo con una distinción al mejor guión de su primera película, Ciudadano Kane. Otro monstruo del cine, como Stanley Kubrick, estuvo 13 veces nominado, y sólo consiguió el reconocimiento por los efectos especiales de 2001: una odisea del espacio, ¡bochornoso!
Por su parte, Cary Grant, uno de los mejores actores de la historia y una estrella inolvidable de la etapa más célebre del Hollywood clásico, nunca vio reconocido su trabajo con un Oscar, hasta la llegada del honorífico, claro, por su "maestría única en el arte de la interpretación cinematográfica". Otros míticos actores sólo recompensados por la estatuilla honorífica han sido Kirk Douglas, Deborah Kerr, Gene Kelly o Greta Garbo, además de directores como Ernst Lubitsch o Howard Hawks.
Aunque puestos a repasar récords, hay que señalar que los que se llevan la palma son los actores Peter O’Toole, nominado 8 veces (Lawrence de Arabia, El león en invierno...), siempre perdedor, Richard Burton, vencido en 7 ocasiones (La túnica sagrada, ¿Quién teme a Virginia Wolf?...) y la mítica secundaria de lujo Thelma Ritter, ninguneada en 6 ocasiones (Eva al desnudo, El hombre de alcatraz...). Y, por último, en el apartado de las películas con récords negativos, encontraremos El color púrpura de Steven Spielberg como la primera del ranking, con 0 de 11 estatuillas en la ceremonia de 1986, a la que siguen Paso decisivo de Herbert Ross, con otros 0 de 11 y Gangs of New York de Scorsese, con 10 nominaciones sin Oscar. En resumen: la historia trágica de los Oscar.