Sólo hace unos días, a propósito del estreno de Valkiria en España, proponíamos desde este mismo blog una revisión de la carrera y el caché actual de Tom Cruise. Nos preguntábamos si Cruise seguía siendo un héroe o se había convertido en un villano. Nuestra crítica a Cruise se apoyaba en una idea clara y concisa: “Hace ya tiempo que más que un actor, Cruise se ha convertido en un bufón ansioso por recuperar la lustrosa imagen de otros tiempos”. Una reflexión que, a día de hoy, suena a profética. Y es que, a través de varios portales de noticias latinoamericanos, nos hemos enterado de la nueva metida de pata del actor: estando de gira por Brasil, el actor se debió pensar que estaba en Argentina, y además de proclamar su amor por el tango, despachó algunas respuestas en castellano. Como si en su visita a nuestro país, a Cruise se le hubiese ocurrido alabar la Pizza y hablar en italiano. Vaya figura.
Al parecer, los fans brasileños del actor han montado en cólera tras el traspiés de la super-estrella hollywoodiense. Entrando más en detalle, cabe apuntar que Cruise se encontraba en una visita de cinco días al país latinoamericano para promocionar Valkiria, y que, en una entrevista, señaló que el baile original brasileño era el tango. Pero eso no fue todo pues Cruise se expresó en varios pasajes de su visita en castellano y no en portugués, confundiendo el idioma y los bailes típicos del país de la samba. “Me encanta Brasil, soy un amante de esta tierra. Lo mejor es el tango”, y se quedó tan a gusto. Además, haciéndose el simpático, Cruise se atrevió a agradecer la atención de la prensa con un “¡Gracias!” en castellano, muy lejano al “obrigado” de rigor cuando uno está en Brasil.
En general, la prensa brasileña ha atribuido el error a la ignorancia del actor sobre la geografía sudamericana, así como a los constantes cambios de horario que ha experimentado en su gira de promoción de la película por diversos países (y continentes). En este sentido, puede llegar a comprenderse el despiste del actor, aunque, en todo caso, Cruise debería plantearse contratar a un buen asesor que le mantuviese al corriente de qué suelo pisa, y de las costumbres del lugar. Queda claro que su sentido de la improvisación no está demasiado afinado.
Así, sumamos una metedura de pata más en el historial del actor. Una ya larga lista de nefastas apariciones públicas, que tuvo su cénit en el año 2005, cuando el actor inició su noviazgo con Katie Holmes. La más sonada de todas sus embarazosas performance, la ofreció en el programa de Oprah Winfrey, en lo que algunos se han atrevido a llamar un ataque de “hiperkinesia romántica”. Allí, Cruise, para demostrar su amor por Katie Holmes, se hincó de rodillas, apretó el puño, golpeó al suelo, alzó los brazos, saltó como una rana sobre el sofá donde lo estaban entrevistando, e incluso quiso aplicarle una llave de judo (o así lo parecía) a la avergonzada Oprah. Todo, acompañado de aullidos y carcajadas sin razón.
De momento, parece que Tom se ha tranquilizado un poquito. Al menos, ahora hablamos de meteduras de pata propias de un actor, no de un saltimbanqui.