Especial los Oscar 2009
En uno de sus maravillosos artículos de la serie Cinematical Seven, la web especializada en temas cinematográficos nos plantea las siete sorpresas que animarían la gala de los Oscar de este año. Lo cierto es que, ante la avalancha de diferentes premiaciones y la cantidad de análisis que se realizan sobre los premios de la Academia de Hollywood, uno tiene la impresión de que no existe margen alguno para la sorpresa en la velada más esperada de la temporada. Sin embargo, aunque sólo sea en nuestra imaginación, os presentamos aquí unas cuantas sorpresas que añadirían un poco de color a los Oscar.
1. La ceremonia dura tres horas, o incluso menos. Parece una utopía. Los espectadores de la gala estamos condenados a permanecer delante del televisor durante un tiempo que casi siempre se hace eterno. La ceremonia más corta desde 1996 fue la de 2005 (la de Million Dollar Baby), que duró 3 horas y 14 minutos. Y tampoco es que estemos pidiendo una simple lectura de premiados. Nos gusta el espectáculo, pero mejor si es ajustado al sentido común. Si los de Hollywood insisten en que sus películas duren como mucho dos horas, ¿por qué someternos a estas galas-tostones descomunales? Por el momento, nos aferramos a una pequeña señal para el optimismo. Para algunos, que le pidieran a Peter Gabriel que interpretara su canción en 65 segundos puede ser una herejía. El propio Gabriel así lo ha considerado y ha declinado la invitación. ¿Será la primera señal de nuevos tiempos (más cortos) para la Academia?
2. Anne Hathaway gana el premio a la Mejor Actriz. Todo apunta a que Kate Winslet romperá su maldición con los Oscar y se llevará el premio por una interpretación que es claramente secundaria. Que Hathaway se llevara el gato al agua sería un auténtico soplo de aire fresco. Su interpretación parece la menos premiable de todas las nominadas, sin embargo en ella converge talento, frescura, dramatismo e instinto. Y además, la película es una producción casi marginal que dignifica ese, en ocasiones, temible concepto que denominamos “independencia”.
3. Hugh Jackman resulta ser la mitad de entretenido que Ellen DeGeneres. La apuesta por Jackman apunta claramente a un cambio de estrategia. Menos chistes sofisticados e ingeniosos y más entertainment. Menos política y más diversión. En 2007, Ellen DeGeneres dio una lección sobre como presentar la gala con talento y elegancia, con ironía y chispa. Habrá que ver cómo se desenvuelve Jackman. ¿Será el chico algo más que una cara bonita?
4. No más montajes con imágenes. Vale, es obligatoria presentar el clip con los fallecidos durante el último año. Pero no más, por favor. Este punto es, de hecho, un corolario del apartado número 1. Y es que si la academia quiere recuperar a los espectadores perdidos, tendrá que ponerse las pilas.
5. Josh Brolin gana el premio al Mejor Actor Secundario. Sí, todo el mundo espera el gran momento de la velada, cuando Heath Ledger recibirá el Oscar póstumo por el papel del Joker. Es innegable que el trabajo de Ledger en la película de Christopher Nolan es admirable, ¿pero seguro que es el mejor del año? ¿Hasta qué punto ha influido en todo esto el “factor póstumo”? En definitiva, todo parece demasiado previsible y morboso. ¿Y si ganase el mejor? Entonces el premio debería ser para Josh Brolin por su papel en Mi nombre es Harvey Milk.
6. Bruce Springsteen irrumpe en escena y se pone a tocar la canción The Wrestler. Esta es, sin lugar a dudas, las más delirante, improbable y deseable de las sorpresas presentadas por Cinematical. Disfrutaríamos así del energético directo del Boss, se animaría la gala y se rectificaría una de las grandes injusticias de este año: la no-nominación a la canción de Springsteen.
7. No más batallas entre los ganadores y la orquesta. Aun está por llegar el día en que los directores de la gala encuentren un modo decente de limitar el tiempo para los discursos de agradecimiento. El que se utiliza actualmente (que la banda empiece a tocar en cuanto se llega al tiempo límite) es uno de los más desagradables que podríamos imaginar. La primera vez que un premiado obliga al director de la orquesta a parar, puede resultar gracioso. Cuando ya van más de diez veces, la cosa empieza a ser bochornosa.