Hace pocas semanas, uno de los templos del cine norteamericano, el Lincoln Center de Nueva York, dedicaba su gala anual a homenajear la vida y obra de Tom Hanks, uno de los más eminentes actores de Hollywood. La fiesta se convirtió en un auténtico desfile de estrellas y pesos pesados de la industria. Y es que con dos Oscars bajo el brazo (por sus papeles en Forrest Gump y Philadelphia) y cinco nominaciones en total, Hanks es toda una institución en el panorama fílmico norteamericano. Ahora, además, podemos verle metido de nuevo en la piel de Robert Langdon en Ángeles y demonios (secuela de El código Da Vinci), donde el experto en religión de la Universidad de Harvard descubre evidencias del resurgir de una ancestral hermandad secreta conocida como los Illuminati, la más poderosa organización clandestina de la historia. Al darse cuenta de que el reloj de una imparable bomba de los Illuminati está en marcha, vuela inmediatamente a Roma, donde aúna fuerzas con Vittoria Vetra (Ayelet Zurer), una hermosa y enigmática científica italiana. Embarcados en una trepidante cacería a través de criptas selladas, peligrosas catacumbas y catedrales desiertas, Langdon y Vetra seguirán el rastro de 400 años de símbolos ancestrales que señalan la única esperanza de supervivencia para el Vaticano.
Todo el mundo parece reverenciarse ante la figura de Hanks, ¿pero es realmente tan prodigioso su talento interpretativo? ¿Estamos ante uno de los grandes actores del Hollywood contemporáneo o simplemente ante un actor que ha sabido sacar partido de su limitado registro actoral? ¿Tom Hanks, un actor brillante o mediocre?
A FAVOR. ¿Qué define a un buen actor? ¿Su versatilidad, presencia, intensidad, instinto, credibilidad, constancia, buen olfato, criterio…? Pues bien, Tom Hanks posee todas esas cualidades y muchas más. En definitiva, estamos probablemente ante uno de los pocos actores que podrían haber triunfado en el marco del viejo Star System de Hollywood. Uno de los pocos que podría haberse codeado con los Brando, Dean, Wayne, Stwart o Grant… Puede que si nos remontamos a los orígenes de la carrera de Hanks alguien tenga la tentación de desacreditar el aire adolescente y frívolo de sus primeros papeles, como el de Big, sin embargo, incluso entonces, su aparente dejadez no hacía más que esconder el sensible retrato de la inseguridad juvenil. Luego, sobre todo a partir de Philadelphia, llegó la etapa de oro en la carrera del actor, que dura hasta nuestros días. Repasar sus trabajos es rendirse ante la evidencia de la maestría. Nadie como él nos ha emocionado con mayor intensidad (en Salvar al soldado Ryan o Camino a la perdición), nos ha hecho reír y llorar de forma más desatada (Forrest Gump, Náufrago) y nos ha permitido identificarnos con mayor facilidad (Apollo 13, La milla verde). Hanks es el actor al que todos adoramos, porque podemos reflejarnos en él y eso nos gusta y al mismo tiempo nos da miedo. Una cualidad sólo al abasto de los grandes.
EN CONTRA. Tom Hanks, uno de los mayores fraudes del cine de las últimas décadas. Poseedor de uno de los Oscar más deleznables de la historia (el que consiguió por su absurdo y facilón papel de Forrest Gump), Hanks está en el trono de Hollywood porque ha sabido jugar como nadie las pocas cartas que posee: el oportunismo, una expresión neutra que puede querer decir muchas cosas, pero que no dice nada, y el olfato necesario para cazar todo éxito de taquilla que se le cruza. Y es que repasando las películas protagonizadas por Hanks es fácil encontrar los valores más comunes y despreciables del cine norteamericano: la ñoñería, el sentimentalismo, la falta de toda crítica social, la comodidad de los finales felices… Y así, una película tras otra, cosechando millones y extendiendo hasta el infinito su perenne sonrisa socarrona y sus aires de hombre común. La historia de su carrera se remata además con una de las peores películas de los últimos años: El código Da Vinci. Probablemente le veremos protagonizando muchas más películas de éxito, pero desde aquí renunciamos a continuar siguiéndole la pista.
VÍDEO: Entrevista con Tom Hanks sobre 'Ángeles y Demonios'