Los que sigan este blog con cierta asiduidad serán buenos conocedores de nuestro odio visceral hacia todo aquello que huela a secuela, precuela o remake. En nuestra humilde opinión, se trata del síntoma más palpable de la debacle creativa en la que se halla sumido el Hollywood contemporáneo, falto de ideas y de todo atisbo de originalidad. Con estos antecedentes quizás podáis comprender nuestro profundo disgusto ante el TOP 50 publicado por la revista británica Empire con las supuestas mejores secuelas de la historia del cine. En el dossier, se loan las virtudes de estas secuelas, supuestas variaciones, incluso mejoras, del original. Sin embargo, nosotros nos enrocamos en la vieja creencia de que “segundas partes nunca fueron buenas” y ofrecemos nuestros argumentos en contra de nueve de estas funestas secuelas.
Desperado (1995). Situada en el puesto número 20 de la lista de Empire, esta película dirigida por el sobrevalorado Robert Rodríguez se erige como el primer y claro ejemplo de un tipo de secuelas cuyo brillo surge de un único hecho constatable: la imposibilidad de “empeorar” el original. En este caso, el referente original era El mariachi, película que Rodríguez consiguió sacar adelante con cuatro duros y que luego logró una importante repercusión mundial gracias al éxito de su paso por Sundance. En realidad, tanto El mariachi como Desperado son banales entretenimientos con poco trasfondo y mucho efectismo. Puede que Desperado luzca más gracias a las presencias de Antonio Banderas y, sobre todo, de una despampanante Salma Hayek, pero en el fondo comparte el espíritu de serie B de culto de El mariachi.
Regreso al futuro II (1989). La nº23 de Empire nos lleva hasta una de las secuelas más erráticas y caóticas de la historia del cine. Hay que reconocer que Robert Zemeckis supo convertir la primera parte de la saga en una equilibrada combinación de teen movie y película de ciencia-ficción. Sin embargo, la segunda parte se le fue de las manos, entre mil y un viajes en el tiempo y con Michael J. Fox interpretando a innumerables personajes (una fórmula que después ha patentado, patéticamente, Eddie Murphy). Es legendaria, la escena en que Doc (Christopher Lloyd) intenta explicarle a Marty qué demonios está pasando delante de una pizarra en la que va garabateando el enrevesado juego temporal. Es totalmente incomprensible.
Jungla de cristal. La venganza (1995). Hollywood ya estaba metido de lleno en su carrera suicida por la maximización de beneficios. Era hora de empezar a exprimir sagas más allá de lo recomendable, y claro, John McClane fue una de las primeras víctimas. Metido de lleno en su batalla contra la alopecia, Bruce Willis protagonizó esta tercera parte de la Jungla de Cristal acompañado por el siempre resultón Samuel L. Jackson. Los productores pensaron que podrían reinventar (en este caso un eufemismo de copiar) las buddy movies (pelis de colegas) al estilo Arma Letal. El resultado es un chasco mayúsculo carente de originalidad cuyo máximo interés es ver a Jeremy Irons teñido de rubio y metido en la piel del gran villano.
Shrek 2 (2004). Casi diez años más tarde, la fórmula de las secuelas y los remakes ya se ha impuesto como la norma en la industria norteamericana del cine. Los pequeños destellos de originalidad que sobreviven (como lo fue la primera parte de Shrek, con su irreverente aproximación a los cuentos infantiles clásicos) son rápidamente vampirizados por las productoras y reconvertidos en modelos para la construcción de objetos clónicos, a ser posible con el mismo título y en forma de saga (o franquicia, como les gusta llamarlo a ellos). ¿Hace falta decir más?
El caballero oscuro (2008). Hay secuelas que son recibidas como una excepción a la norma. Público y crítica celebraron la segunda película de Chistopher Nolan al mando de la saga de Batman como una joya contemporánea. Sin embargo, lo que nadie pareció advertir fue la cargante solemnidad de la película, empeñada en instaurarse como el gran tratado filosófico sobre la convivencia del orden y el caos en el seno del alma humana. A algunos les pareció un paso adelante en el universo de los superhéroes. A nosotros nos parece un modo de traicionar el verdadero espíritu (lúdico y pulp) del cómic.
Batman Returns (1992). La nº 13 de Empire nos lleva hasta el intento de Tim Burton por darle un poco de vidilla a su recreación del universo de Batman. Con la primera parte, de 1989, Burton rompió taquillas y de paso fabricó un personaje inolvidable: el Joker de Jack Nicholson. Sin embargo, el director pensó que añadiendo más enemigos podría darle más color y vigor al invento. Por eso emparejó al Pingüino (Danny DeVito) y a Catwoman (Michelle Pfeiffer) en la lucha contra el hombre murciélago. El resultado fue un invento excesivo de proporciones kitsch, bastante deshilvanado, cansino y definitivamente olvidable.
Aliens (1986). Esta es la película elegida por Empire como la mejor secuela de la historia del cine, por encima incluso de El padrino II o El imperio contraataca. Se trata de Aliens de James Cameron, película en la que el director de Terminator y Titanic decidió reconvertir la propuesta minimalista y original de Ridley Scott (la primera parte era en el fondo la aplicación del esquema de la "película con casa encantada" en un contexto espacial) en un festival de tiros y espectaculares secuencias de acción. Este maximalismo encaja a la perfección con el espíritu megalómano de Cameron, que decidió cambiar el suspense por la acción, la sutilidad por la pirotecnia. Un signo de los tiempos presentes.
Terroríficamente muertos (1987). Después de reinventar el género de terror a golpe ingenio y esperpento con Posesión infernal (1981), Sam Raimi decidió dejar claro que lo suyo también era exprimir al máximo sus limitadas ideas. Por eso decidió realizar esta secuela-remake en la que el mítico personaje de Ash (Bruce Campbell) regresaba al bosque maldito en el que ya había perdido a varios amigos a manos de una presencia maligna. La cuestión es que la película no es ni mejor ni peor que la original, es una suerte de variación, por no decir calco. La tercera parte de la saga, El ejército de las tinieblas (1992) tenía al menos un planteamiento diferente y un punto deliberadamente satírico.
Indiana Jones y el templo maldito (1984). Situada en el puesto 14 por los redactores de Empire, tenemos a la que es oficialmente una de las peores secuelas del cine (antes de que llegara la todavía peor Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal). De hecho, es una película tan mediocre que no parece dirigida por Steven Spielberg, que para la ocasión se puso el mono de diseñador de parque de atracciones y montó unos cuantos números de feria. La película es mucho peor que En busca del arca perdida y tiene su máximo atractivo en una escena en la que se ridiculizan las costumbres culinarias indias.