A lo largo de su historia, Hollywood ha patentado un sinfín de estrategias para atraer al gran público. Una de las más viejas apunta directamente a los instintos básicos del espectador medio: ver a sus adoradas estrellas en paños menores. Así, no es descabellado imaginar a un equipo de guionistas preguntándose “¿y cómo nos lo montamos para desnudar a X?” (cambiar X por el nombre de cualquier actor o actriz situado en el Top 100 de los hombres/mujeres más sexys del planeta). Las excusas son incontables y, más o menos originales o verosímiles, casi siempre son efectivas. Para demostrarlo, presentamos aquí, de la mano del estupendo equipo de redacción de la revista británica Empire, 10 maneras de desnudar a las estrellas.
1) Utilizar su ropa como vendaje (Taylor Lautner en Luna Nueva). Hipótesis: uno de los actores más atractivos del fenómeno juvenil del momento (la saga Crepúsculo) ha desarrollado unos abdominales dignos de aparecer en pantalla. Exhibirlos ofrece una garantía de aullidos entre las devotas fans adolescentes. Solución: hacer que la protagonista tenga un accidente de moto. Así, el joven actor podrá quitarse la camiseta para ofrecer a la heroína un (inútil) vendaje para su herida. ¿Básico? Sí, muy básico; pero de indudablemente efectivo.
2) Para salvarse de morir electrocutada (Saffron Burrow en Deep Blue Sea). Con el tiempo, esta película, protagonizada por unos tiburones del tamaño de un camión, se ha convertido en un objeto de culto de la serie B. Entre los muchos giros inverosímiles de la trama, encontramos una jugarreta maestra destinada a dejar en paños menores a la atractiva Saffron Burrow: ante la imposibilidad de acabar con el gran tiburón por otros medios, la científico decide electrocutar al escuálido. ¿Y qué mejor manera de protegerse que refugiándose encima de su traje de neopreno? Sin comentarios.
3) Como elemento folclórico o cultural (Gerard Butler en 300). Lo cierto es que si llevasen armadura y faldas cortas, no habría manera de distinguir a los Espartanos de 300 de los guerreros griegos de Troya. Además, batallar prácticamente desnudos facilita la exhibición de la musculatura de los audaces luchadores (además de su conversión en iconos gay). Los fanáticos de la película pueden llegar a argumentar que la ausencia de ropa reduce el riesgo de enredar el arma en los flecos del vestuario. Aunque lo cierto es que la lógica no deja de indicarnos que una pequeña armadura no les hubiera ido mal a estos Espartanos.
4) Utilizar la ropa como arma (Jason Statham en Transporter). Dado que el bueno de Statham domina un amplio espectro de artes marciales, se le da por sentada la habilidad en el uso de un sinfín de armas. Lo que no descubrimos hasta su aparición en Transporter, era que una simple camiseta podía convertirse en una arma blanca (y de paso, en un medio para que el actor luciera palmito).
5) Para demostrar que “las chicas somos así” (Jessica Biel en Yo os declaro marido y marido). No falla. En toda película en la que un hombre se hace pasar por mujer o por gay (de Con faldas y a lo loco a Tootsie), en un momento u otro, el protagonista se descubre rodeado de espectaculares féminas muy ligeritas de ropa. El caso más espectacular es el de Jessica Biel en la reciente Yo os declaro marido y marido. ¿Quién no vendería su alma por ser Adam Sandler en esta magnífica sátira acerca de los prejuicios homófobos de la sociedad actual?
6) Como preparación para la hibernación (Sigourney Weaver en Alien). Nuestra intuición nos sugiere que en el fresquito del espacio exterior lo más recomendable sería arroparse con unas buenas capas de ropa gruesa. Sin embargo, Ellen Ripley nos revela nuestra ignorancia cuando se queda en ropa interior mientras se prepara para el híper-sueño que debe llevarla de vuelta a casa. El problema, como bien sabe todo buen cinéfilo, es que un bicho extraterrestre poco amigable ha quedado atrapado en el interior de la nave. El resto es parte de la gran historia de la ciencia ficción.
7) Como preparación para un viaje en el tiempo (Arnold Schwarzenegger en la saga Terminator). He aquí otra pequeña lección de física-ficción. Teoría: la materia no orgánica no puede viajar en el tiempo. Objetivo: mostrar las cachas del más cachas de los forzudos del cine de las últimas décadas, el gran Arnold Schwarzenegger. Aunque claro, por una sencilla regla de tres, la misma teoría nos ha permitido ver en paños menores a los otros Terminators de la mítica saga: Michael Biehn, Robert Patrick y, sobre todo, Kristianna Loken.
8) Para facilitar la transformación en hombre lobo (David Naughton en Un hombre lobo Americano en Londres). Cuando de lo que hablamos es de una transformación corpórea radical, lo más recomendable es eliminar cualquier tipo de ropa de la ecuación. Ni la más resistente pieza de lycra podría resistir tal nivel de convulsiones y cambios de forma. ¿La excepción que confirma la regla? El increíble Hulk, claro. Esos pantaloncitos azules son el elemento más mágico que ha parido la factoría Marvel.
9) Para producir arte (Kate Winslet en Titanic). Un viejo truco. Estrategia: engatusar a una fémina con un buen discurso sobre la belleza artística de la mujer sin adornos. Segundo paso: convencer a la modelo de que la única forma de capturar su pureza es retratarla desnuda (un joya al cuello es el límite en la vestimenta). Anotación: Una cierta habilidad artística es recomendable, pero no estrictamente necesaria. Si el plan sale a la perfección, lo más probable es que la modelo no llegue nunca a fijarse en la “obra de arte” en cuestión.
10) Para demostrar que eres Hugh Jackman (Hugh Jackman en cualquiera de sus películas). La norma es simple: sea la película que sea, venga al caso o no, el bueno de Hugh va a terminar sacándose la camiseta y mostrará sus espectaculares pectorales y abdominales. A veces tiene su lógica, como en la saga de los X-Men, cuando Lobezno debe ser operado, o en Australia, cuando su personaje debe darse un necesario baño. Sin embargo, ¿eran necesarias las muestras de hombría de Swordfish o Van Helsing? Para nada. Y por cierto, esta misma regla se puede aplicar al caso de Matthew McConaughey, otro abonado al exhibicionismo cinematográfico.